blogeditor · 9 de noviembre de 2022
La selección de candidatos y candidatas en México tiene una mala fama que no ha sido mal ganada. Para nadie es extraño que las candidaturas las decidan las dirigencias, con negociaciones que solamente ellas conocen y con términos que tal vez solamente a ellos les beneficien; se excluyen a militantes y simpatizantes a cambio de poder nombrar candidaturas que puede que no ganen, pero que les garantizan control. Las designaciones de amistades, familiares y personas que tal vez no conozcan mucho al electorado, pero sí conocen a las personas adecuadas en los partidos, son prácticamente el pan de cada día en cada proceso electoral.
Si queremos contar con una democracia plena, que sea realmente un estilo de vida, no podemos seguir en la lógica de votar por candidatos y candidatas que han sido seleccionadas de manera antidemocrática. Al hacerlo, permitimos que nuestra clase política, actual y en desarrollo, se socialice y eduque pensando que la democracia tiene que ser apariencia sólo en la plaza o frente a las cámaras, para después llegar a acuerdos en contra de los principios partidistas y de la militancia.
Las elecciones primarias son el mejor antídoto para ello. Trasladar a la gente la selección de las candidaturas a las dirigencias partidistas permite democratizar realmente a los partidos políticos. El poder enfrentar a las y los posibles candidatos de un partido o coalición en un proceso interno es el primer paso para establecer una real cultura democrática, que ponga la toma de decisiones en la gente y no en el designio de unos cuantos.
Las elecciones primarias permiten movilizar a los militantes y simpatizantes de los partidos que pudieran estar inactivos o que, en caso de pertenecer a una coalición, no tienen incentivos para participar si saben que la candidatura está comprometida para un partido en específico. Ayudan a incentivar el debate nacional sobre las propuestas y los temas más urgentes ya que se tiene que convencer a la gente con proyectos y propuestas, mientras que a las dirigencias se les convence solamente con acuerdos e intercambios. Además, contribuyen a establecer un piso parejo entre las personas que desean competir: pocas cosas tan mal planeadas y simples como asignarle la candidatura de una coalición al partido que tiene mayor intención en el presente; eso implica entender la votación como algo que no cambia y perpetúa las desigualdades del hoy en el mañana.
Las elecciones primarias son tan benéficas y necesarias que se abre la posibilidad de tenerlas con los procesos de “precampañas” reconocidos en la Constitución, con reglas, tiempos y hasta espacio gratuito en radio y televisión para los partidos. Todos los partidos las utilizan todos los años con una de las formas más absurdas del sistema político mexicano, precampañas de candidaturas únicas donde toda la población escucha la propaganda de sus candidatos únicos y cierran los spots con una leyenda que hasta parece chiste: “Mensaje dirigido a los miembros de la asamblea electiva de X partido”. De nuevo, es un actuar que muestra querer tener los beneficios de los mecanismos democráticos sin comprometerse a ellos realmente.
Tampoco son una novedad en México. En 2012 el PAN eligió a Josefina Vázquez Mota como su candidata presidencial compitiendo con Santiago Creel y Ernesto Cordero. El proceso fue cerrado y solamente pudo votar la militancia panista, pero sí ofrecieron por primera vez ver a aspirantes a la presidencia debatir y confrontarse, tratando de ganar la elección en las urnas y no en la sala de juntas. Otro ejemplo fue la elección a la candidatura del PRD para la gubernatura de Michoacán del 2011, en donde compitieron alrededor de siete aspirantes con una elección abierta a toda la ciudadanía organizada por el Instituto Electoral de Michoacán.
Las excusas que han puesto los partidos para llevar a cabo elecciones primarias en el 2024 tienen un talante profundamente autoritario por detrás, miedo a la participación de la gente y, sobre todo, la renuencia a ceder el poder de designar quién aparecerá en la boleta. Se pueden poner candados y seguridad para que no hayan trampas en ella, se puede tener un debate de manera incluyente que no divida y claro que se puede impulsar un gran proyecto que muestre que la democracia está impregnada en el ADN de la sociedad mexicana.
* José Antonio Cárdenas Rodríguez (@T_Cardenas_) es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics. Campeón Nacional de Debate Político y militante del PRD.