blogeditor · 16 de diciembre de 2021
Según la encuesta publicada por Grupo Reforma el pasado 02 de diciembre, al menos dos partidos políticos (Morena y MC) y una coalición (PRI-PAN-PRD) cuentan con más de una candidatura competitiva a la presidencia de la república rumbo a 2024. Al elegir el proceso que seguirán para tomar la decisión final de su candidatura, las distintas fuerzas políticas que competirán en las próximas elecciones presidenciales tendrán una oportunidad histórica ante una ciudadanía que ha demostrado estar harta de “la forma tradicional de hacer política”. En este artículo argumentamos que, según la evidencia disponible para la región, de utilizar elecciones primarias como el método de selección, los partidos y coaliciones podrían ganar credibilidad y legitimidad ante los electores.
A partir del análisis del Índice de Democracia Interna (2018, 2012, 2005 y 1999) en el que los 9 partidos actuales obtuvieron un índice negativo de -.33 (-⅓), observamos que hay un grave déficit de democracia interna en todos los partidos del país. Los potenciales beneficios en credibilidad y legitimidad expuestos en la Parte I de este texto apuntan a que una posible solución sería introducir elecciones primarias.
¿Qué tipo de elecciones primarias le convienen al país? Freidenberg provee luz a esta respuesta al hacer una revisión de los procesos de los partidos más relevantes de América Latina. La autora encuentra que unas elecciones internas no obligatorias, simultáneas -todos los partidos el mismo día- y cerradas a militantes tienen el mayor potencial de generar beneficios democráticos. Además, estas elecciones deberán ser supervisadas, financiadas y organizadas por la autoridad electoral, en este caso el Instituto Nacional Electoral (INE), y tener un efecto vinculante. Para ello, deben impulsarse las reformas normativas y reglamentarias que faculten al Instituto. En caso de que esto no sea posible y se mantenga la libertad interna en los métodos de selección para cada partido político, éstos deben contar con altos niveles de institucionalización, promoción constante de procesos democráticos internos, formación permanente de militantes, procesos de resolución de disputas internos y reglas formales y tácitas para respetar resultados adversos.
Las convenciones (partidistas) siguen siendo hasta hoy el método de selección de candidaturas más utilizado por los partidos latinoamericanos. De acuerdo con Freidenberg, de 250 elecciones presidenciales analizadas de 1978 a 2014 en la región, este método ha sido usado en el 43% de las elecciones presidenciales. Sin embargo, las elecciones internas son cada vez más comunes. Sumando los métodos de internas abiertas -a toda la ciudadanía- y cerradas -previstas sólo para militantes-, también han sido utilizados en conjunto en un 43% de las elecciones presidenciales.
Según Atria (2005) los países de la región pueden clasificarse en tres categorías según su aplicación de elecciones primarias: 1) las que contemplan el mecanismo en su legislación (Bolivia, Costa Rica, Honduras, Panamá, Paraguay y Uruguay); 2) las que no lo tienen en su legislación, pero (a veces) se ejecutan en la práctica (Argentina, Colombia, Chile, México, Nicaragua y República Dominicana), y 3) los que no las tienen en ninguna de las dos (Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Venezuela).
¿Por qué comenzaron a proliferar las elecciones internas en la región? Freidenberg explica que al menos por 7 razones: 1) producir legitimidad, 2) producir decisiones que generen consenso entre las facciones, 3) efecto contagio -aumentan los incentivos de los partidos para no parecer menos transparentes y democráticos ante la opinión pública que otros-, 4) llamar la atención ante la opinión pública, 5) satisfacer presiones internacionales de reforma electoral, 6) presiones de rivales internos y/o 7) controlar la organización. Este último punto se refiere a la capacidad de los liderazgos partidistas para convencer a las bases, a pesar de un posicionamiento adverso ante la opinión pública, pues perciben que una elección interna como proceso de selección los llevará a ganar y, por lo tanto, tendrán mayores incentivos a realizarlas.
Esa última razón apunta a que hay algunas desventajas de instaurar elecciones internas como mecanismo de selección. El mismo artículo menciona al menos 3 retos que destacamos: 1) refuerzan a las élites que controlan el partido, 2) debilitan a las organizaciones al exponer conflictos internos e incrementar gasto de campaña, 3) elecciones internas realizadas por el partido en el poder desbalancean la competencia.
Fuera de la última que se cumple sólo para un partido por proceso, creemos que las primeras dos desventajas pueden ser menguadas mediante procesos sólidos de formación política, transparencia e institucionalización de los procesos partidistas. En suma, también creemos que los potenciales beneficios democráticos son más que los potenciales costos y retos.
En México, sólo el PAN (2005, 2012) y el PRI (1999 y 2005) han utilizado elecciones primarias como método de selección de sus candidaturas presidenciales. Aunque en los casos del PRI no se considera que fueron competitivas. Para el caso de 2018, nos propusimos hacer una primera aproximación a partir de la metodología de Freidenberg y Dusek para tener un punto de referencia más actualizado (en el anexo metodológico podrán encontrar las fuentes y las variables a detalle que utilizamos para construir el IDI 2018, así como los resultados para cada partido).
Un primer vistazo a los estatutos de los partidos nos muestra que la mayoría cuenta con más de un órgano responsable de la selección de candidaturas. Comúnmente, cuando son al menos 3 órganos, un órgano se encarga de redactar y aprobar las reglas, otro órgano de recibir y procesar las solicitudes y finalmente otro de tomar las decisiones finales. También vemos que varios partidos (PAN y Morena) contaban con métodos de selección habilitados (internas cerradas y encuesta respectivamente) distintos a los tradicionales, pero no fueron utilizados.
Un primer hallazgo del cálculo del IDI (2018) es que los 9 partidos obtuvieron un IDI de -.33 (-⅓), el mismo que tuvieron el PRI y el PRD en las elecciones de 2012. Para el PRI y el PRD significa un estancamiento, mientras que por el contrario, para el PAN es un retroceso (de .58 puntos respecto a 2012 y de .83 respecto a 2005). Los otros 6 partidos no habían sido medidos previamente, así que no podemos establecer si han mejorado o empeorado en el tiempo.
Sobre la primera dimensión de análisis (competencia) ningún partido cumplió la condición necesaria, que haya más de un candidato compitiendo. Por lo tanto, el nivel de incertidumbre del proceso también fue inexistente. Por el contrario, en la segunda dimensión (descentralización) vemos algunas diferencias más marcadas. Mientras que el PRD, el PES y el PT tienen procesos centralizados, MC, Morena, PRI, PVEM y Nueva Alianza muestran un nivel medio de descentralización. Dicha diferencia es consecuencia de que éstos últimos involucran a por lo menos 3 órganos en la decisión de la candidatura presidencial.
Finalmente, destacamos sobre la dimensión de inclusión que ha habido mejoras sustantivas. Siete de los nueve partidos obtienen un puntaje de al menos .8. La principal diferencia con los otros dos partidos (Morena y PAN) es que estos últimos sólo permiten a afiliadxs acceder a la candidatura. Esta diferencia también se observa respecto a procesos anteriores, ya que por la introducción de las coaliciones la mayoría de los partidos modificaron sus estatutos para permitir candidaturas externas.
Creemos que las elecciones primarias son una condición necesaria para profundizar el proceso de transición democrática en nuestro país y menguar el descontento creciente con la democracia y el sistema de partidos. Sin embargo, sabemos que no es una condición suficiente. Cada partido deberá asumir el reto de generar altos niveles de institucionalización y una cultura partidista cooperativa para que alcancen su potencial.