Elecciones primarias en México: urgencia democrática (Parte I)

blogeditor · 10 de diciembre de 2021

Elecciones primarias en México: urgencia democrática (Parte I)

Llevamos semanas en conversaciones con un equipo extraordinario y multidisciplinario sobre los procesos de selección de candidaturas al interior de los partidos políticos y decidimos analizar si las elecciones primarias alinean los incentivos para democratizar los partidos políticos y si amplían o profundizan la participación política de su militancia en los procesos electorales. Dividimos este pequeño análisis en dos partes. Va la primera entrega.

 

La selección de candidaturas para cualquier posición de representación política es una de las funciones más complejas, importantes y que generan mayor rispidez en los partidos políticos. Para empezar, existe un conjunto diverso de reglas formales que definen dicho proceso. En éste participan varios órganos partidistas y pueden coexistir simultáneamente varios métodos de selección. Dichas reglas pueden ser tan rígidas o tan discrecionales al interior de un partido como las reglas de juego democrático que define cada país.

Además de la dimensión formal, existen prácticas informales que muchas veces se sobreponen a las reglas escritas a la hora de tomar decisiones 1. Para hacer aún más complejo el asunto, a partir de la reforma de 2015 se permiten coaliciones entre los partidos políticos. Esto quiere decir que, además del método de selección al interior de los partidos, debe existir un método para determinar la candidatura de cada coalición.

El proceso de selección de candidaturas es relevante porque de él depende la llegada de distintos perfiles a las posiciones de toma de decisiones (desde una regiduría o concejalía, hasta las gubernaturas y la presidencia de la República). De la elección de una persona o un grupo político -y su potencial llegada a un puesto de decisión- se desprenden las políticas públicas o las iniciativas legislativas que impulsarán y que impactarán a millones de personas. Por ello es tan importante problematizar cómo funciona dicho proceso en nuestro sistema electoral. Además, en un contexto donde la insatisfacción con la democracia va en aumento (Latinobarómetro, 2020), el posicionamiento de perfiles a la ciudadanía se vuelve un espacio donde los partidos pueden ganar credibilidad y legitimidad sobre su oferta política (Sarabia Ríos, 2013) y así fortalecer nuestro proceso de transición democrática.

Entre más discrecional sea el proceso de selección de candidaturas y éste quede en manos de un pequeño grupo de poder al interior de cada partido político, hay mayor probabilidad de que lleguen las élites políticas y económicas, y por tanto sus intereses particulares, al gobierno. Por el contrario, entre más democrático sea el proceso de selección e incluya la participación de más personas (y más diversas), se reducen los incentivos (y crecen los costos) de buscar convencer a las dirigencias partidistas para concentrar la labor de convencimiento en cada militancia partidista.

Desde la perspectiva de las personas interesadas en una posición de representación, cuando existe debate público, como en el caso de un método de selección más democrático, ellas se ven obligadas a abrir sus propuestas y a articular políticas públicas o iniciativas con las que deben convencer a un número amplio de personas. Un ejemplo de esos métodos son las elecciones primarias: procesos de selección de candidaturas democráticos que incorporan al mayor número de personas en la decisión sobre quién representará a una fuerza o un partido político en las boletas electorales.

Durante muchos años, métodos como éste han sido ajenos a la mayoría de los partidos latinoamericanos. Tras los procesos de democratización de la década de 1980, la tésis compartida por la mayoría de los partidos de la región era que la democracia interna y el pluralismo no abonan al rédito electoral. Por el contrario, para ganar elecciones se requería disciplina y cohesión interna (Freidenberg, 2007).

Sin embargo, a partir de finales de la década de 1990, la selección de candidaturas por los métodos tradicionales como convenciones, negociación o decisión de las élites se ha visto asociada con la “forma tradicional de hacer política” y los partidos tradicionales. Por ello, algunos partidos nuevos como el Movimiento al Socialismo (1997) en Bolivia, Alianza País[1] (1999) en Ecuador y, más recientemente, el mismo MORENA (2014) han buscado disociarse de estas prácticas y presentarse a la ciudadanía utilizando diversos métodos de selección de candidaturas desde primarias abiertas hasta el método de la tómbola. A su vez, partidos tradicionales como el PAN y el PRI adoptaron sus estatutos para incluir elecciones primarias cerradas sin que les obligara la ley (Freidenberg y Dosek, 2016).

¿Qué tan democráticos son los partidos políticos actualmente en México? Y ¿Qué podemos hacer para tener partidos más democráticos? Son preguntas que distintxs autorxs se han hecho y que nos han interesado como equipo. Para intentar aportar algo a la respuesta, hemos recurrido al trabajo y la metodología planteada por Freidenberg y Dosek (2016). En ella se propone que el nivel de democracia interna que tienen los partidos políticos en sus procesos de selección de candidaturas puede observarse “a partir de” tres dimensiones: a) la competitividad del proceso de selección, b) la descentralización del proceso de nominación de la persona candidata y c) la inclusión de distintas personas en la definición de la nominación.

Con estas variables, constituyen el Índice de Democracia Interna (IDI), un índice que va de -1 (lo menos democrático) a +1 (lo más democrático). Esta metodología fue utilizada por lxs autorxs para analizar los procesos de selección de candidaturas (para las elecciones presidenciales) de 1992 a 2012 por parte de los tres partidos más grandes (PRI, PAN y PRD) de la época en nuestro país.

Los principales hallazgos de dicho análisis podrían resumirse así: 1) Ningún partido alcanza un IDI de más de ¼, en ningún punto del periodo; 2) El partido más democrático de los tres partidos tradicionales, en cualquier punto del tiempo, es el PAN. Aunque se encuentra apenas por encima de las condiciones mínimas de democracia; 3) El PRI y el PRD sostienen niveles negativos de IDI (Lo que significa que son parcialmente no democráticos) durante casi todo el periodo.

En una segunda entrega programada para la próxima semana, utilizaremos la metodología de Freidenberg y Dusek para exponer una aproximación a calcular el Índice de Democracia Interna para los 9 partidos que participaron en la elección presidencial de 2018. Derivado de ese análisis, y la revisión de otros, expondremos por qué consideramos que hoy en México a todos los partidos políticos nos urgen elecciones primarias que democraticen la participación política, permita que los partidos sean vehículos de acceso al poder en igualdad de condiciones para todas las personas que desean participar y legitime a sus candidaturas ante el electorado.

 

 

 

1 Ver por ejemplo Helmke y Levittsky, 2003 o Freidenberg y Levitsky, 2007.

2 Llamado Movimiento Mover desde el año 2021.