Jorge Avila · 16 de abril de 2026
Por Gustavo López Montiel
Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey
El domingo 12 de abril se realizó la elección presidencial en Perú y legislativa de primera vuelta, en la que compitieron 35 candidatas y candidatos de la misma cantidad de fuerzas políticas, aunque existen 43 partidos políticos. Además, hubo otras personas que no lograron obtener el registro para contender, lo que refleja no solo la fragmentación política, sino también la configuración regional que caracteriza a la política peruana.
Hasta este momento, el segundo lugar se disputa entre Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez Palomino, quien ha reducido la ventaja del primero en los días iniciales del conteo. En ambos escenarios, Keiko Fujimori tiene la posibilidad de gestionar una alianza electoral ganadora, pero con costos relativamente altos.
Si queda López Aliaga, se generaría un dilema para el antifujimorismo, porque su posición de extrema derecha haría complicado para muchos actores políticos justificar su voto a favor de una postura abiertamente contraria a los intereses del electorado andino, de la costa y del sur, donde ni Keiko ni López Aliaga tienen incidencia significativa. López Aliaga solo obtuvo el primer lugar en la Región Metropolitana de Lima, pero no logró ni el primer ni el segundo lugar en ninguna otra región, lo que reduce su potencial electoral en la segunda vuelta.
En el caso de Sánchez Palomino hay un mayor dilema en términos políticos y morales por los escándalos de corrupciónque lo persiguen, no tanto ideológicos. Participó en el gobierno de Pedro Castillo, quien le dio su apoyo en esta elección, y fue acusado de estar involucrado en el intento de autogolpe. Su involucramiento lo llevó a ser señalado por presuntos sobornos para evitar denuncias por corrupción, además de otras acusaciones similares.
Si bien su posición política puede aglutinar a otras fuerzas, particularmente aquellas antifujimoristas que no son de derecha, la suma de votos no alcanza a superar la capacidad electoral de los partidos de derecha y derecha extrema, que resultaron mejor posicionados que el conjunto de partidos del centro hacia la izquierda. Por ello, tendría que generar acuerdos que limitarían su margen de acción en el gobierno.
El análisis de la votación por regiones muestra una tendencia observada en elecciones anteriores: una división entre Lima, la costa y los Andes. Quienes ganan en Lima registran votaciones reducidas en otras regiones y viceversa. Por ejemplo, López Aliaga no aparece en primero o segundo lugar fuera de Lima, mientras que la votación de Keiko Fujimori es más amplia: obtuvo el segundo lugar en Lima, así como porcentajes superiores al 30% en la costa norte y la selva. Sin embargo, en el sur hubo regiones donde apenas alcanzó el 6%, lo que evidencia una desigualdad territorial en su respaldo.
La estrategia, entonces, no solo se enfoca en las posiciones políticas —no necesariamente ideológicas— que caracterizan a Keiko Fujimori, sino también en las capacidades electorales y en la construcción de alianzas con fuerzas políticas con peso regional. Esto resulta complejo debido a la fragmentación y a la relación de fuerzas, que implican acuerdos que determinarán la viabilidad del gobierno que resulte electo.
Las primeras vueltas se caracterizan porque las y los candidatos adoptan posiciones más radicales para diferenciar su voto, no solo para consolidar su electorado, sino para ganar posiciones legislativas. En esta elección, el partido de Keiko Fujimori obtuvo el segundo lugar en el Senado y el tercero en la Cámara de Diputados, aunque son las fuerzas de derecha las que dominarían en ambas.
La inestabilidad política en Perú, incluso con nuevas disposiciones que buscan reducir la confrontación entre poderes, dificulta proyectar un escenario claro. Sin embargo, un eventual triunfo de Keiko Fujimori podría complicar la normalización de las relaciones México-Perú, pese a la legitimidad electoral. En cambio, un triunfo de cualquiera de los otros candidatos que disputan el segundo lugar abriría la posibilidad de recomponer esas relaciones.