blogeditor · 30 de noviembre de 2020
La experiencia es consistente al paso de los años: la inmensa mayoría de los gobiernos en los órdenes municipal, estatal y federal ha decidido no construir políticas públicas en seguridad que resistan a una simple pregunta: ¿qué funciona para reducir las violencias? En medio de su crecimiento inusitado y prolongado, se ha normalizado hablar de las violencias sin poner en el centro la evidencia, la rendición de cuentas, el aprendizaje y la mejora, en función del impacto de las decisiones.
Si salen las cosas mal, pero también si salen bien, por absurdo e inconcebible que parezca, las políticas de seguridad no varían en función de su impacto, sino de la competencia política y electoral. La primera vez que vi, a inicios de este siglo, que un gobierno municipal entrante desmontaba todo lo logrado por el anterior, a pesar de tener mejoras en la prevalencia (víctimas), la incidencia (delitos denunciados), la percepción de seguridad y la confianza en la policía (todo medido por personas expertas independientes), digamos que se me cayó el mundo encima. No puedo decir que hoy ya no me sorprende, pero es parte regular de mi experiencia profesional.
Apenas hace unos días, conversando con un secretario de seguridad pública de un municipio del norte que viene reduciendo violencias y delitos e incrementando la confianza a la policía, el funcionario me confesó que no tiene garantía alguna de que, una vez que entregue el cargo el próximo año, permanecerá algo de lo logrado.
Otra experiencia inolvidable es aquel municipio que, a punto de completar su certificación de estándares con la metodología del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), el secretario de seguridad pública entrante mejor tiró a la basura el trabajo ya realizado para cumplir con más de cien estándares.
Para tener bien claro de lo que hablamos, digámoslo así: en la inmensa mayoría del país está más o menos disociada la política de seguridad, respecto de su impacto. Caracterizo como un ritual político justamente el momento en que llega una persona a encabezar una secretaría de seguridad pública o ciudadana y toma las primeras decisiones sin reparar en el aprendizaje institucional previo (formal o informal), o bien orientada precisamente a desmontar todo lo hecho antes.
El punto es que en uno o en otro caso las decisiones no pasan por el filtro de la evaluación de impacto, de manera que si quien dejó el cargo hizo algo que en efecto funcionó para reducir las violencias o dejó un saldo de aprendizaje que puede aclarar qué es lo que no funciona, es más o menos irrelevante.
Este es el escenario por el que se abrió paso la intervención militar, llevada al punto en que las fuerzas armadas son hoy la más grande “policía” del país, desde la interpretación del ejecutivo federal en turno. La manipulación política y electoral de las políticas e instituciones de seguridad es el andamiaje de la capitulación civil frente a las violencias. Sin rendición de cuentas sobre su impacto, la gran mayoría de las autoridades civiles se han venido haciendo a un lado para dejar pasar a las instituciones militares.
Ahora, de cara a las elecciones del 2021, ningún partido político representa una propuesta alternativa creíble civil de reducción de las violencias. Los partidos no la han construido y menos lo harán ahora porque eso significa colocarse en contrapunto frente al avance de la militarización de la seguridad y la creciente influencia política militar (militarismo) y jamás correrían el riesgo precisamente electoral de ser así percibidos.
No se malentienda: los resultados están a la vista y la intervención militar en la seguridad tampoco pasa por el filtro de la evaluación de impacto; sin embargo, el capital de legitimidad social que merecen las fuerzas armadas es el recurso político que ha permitido instrumentalizarlas, de una o de otra manera, por todas las fuerzas políticas y por encima de la Constitución misma.
La mesa está puesta, la intervención militar en la seguridad y la fase superior expansiva en su influencia política van en vía libre.