blogeditor · 6 de noviembre de 2012
Estados Unidos vota por su presidente, el Congreso y una parte del Senado como la ha venido haciendo desde 1789. Un largo periplo restringido a varones blancos propietarios en sus orígenes; que incluyó por primera vez a la población afroamericana en las elecciones federales intermedias de 1870 (siete años después de que Lincoln emancipara a los esclavos de la Confederación de estados sureños que se separaron de la Unión Americana y que fueron derrotados tras la Guerra Civil de 1861-65), y que incorporó a las mujeres apenas en 1920.
Estas elecciones son las más caras de la historia de ese país. Un auténtico carnaval no exento de ocurrencias memorables, debates, promesas fallidas, argumentos sofistas, mentiras llanas y saturación en medios de toda especie. Algo a lo que también nos hemos acostumbrado en México: muy a nuestro pesar, y que parece ser un destino ineludible cuando tengamos que emitir sufragios por el sucesor de EPN en no muy lejano 2018.
Anécdotas aparte, llama la atención que el andamiaje electoral norteamericano siga sustentándose en un mecanismo que no necesariamente premia a aquél candidato que obtenga más votos populares, sino al que obtenga más de 270 votos electorales de un total de 538. Cuatro veces en su historia (la última en 2000, cuando la maquinaria de George Bush hijo -que incluía a su hermano Jeb como gobernador de Florida, estado que le dio la victoria con apenas quinientaitantos votos más que su contrincante demócrata Al Gore- operó como en los mejores años del PRI y le arrebató la titularidad del Ejecutivo al ex vicepresidente en la administración de Bill Clinton), el vencedor de la justa ha obtenido menos votos que su rival.
Han sido cincuenta y siete procesos electorales para elegir presidente, en 223 años. Cuarenta y cuatro presidentes, incluyendo al demócrata Barack Obama: uno solo que lo ha sido dos veces no consecutivas (Grover Cleveland, demócrata), otro, el único que no fue electo a cargo en la boleta -como presidente o segundo a bordo- sino nombrado directamente por Richard Nixon después de la renuncia de su vicepresidente Spiro Agnew, y su propia renuncia merced al escándalo Watergate: Gerald Ford, republicano.
Todo indica que el primer presidente afroamericano despachará cuatro años más en la Casa Blanca. Las casillas aún no cierran, pero casi todas las encuentas nacionales y por estado, señalan que Mitt Romney (republicano, primer candidato mormón, que se presenta como tal cincuenta y dos años después de que el católico demócrata John Kennedy doblegara a Richard Nixon en 1960) no alcanzará el ansiado umbral del cincuenta por ciento + uno de sufragios electorales.
Ese honor corresponderá a Obama. Las y los especialistas auguran que podría recibir más de trescientos votos en disputa.
Muchos medios y páginas en Internet destinan espacio a proyecciones de encuestas individuales o múltiples, en esta nación obsesionada por graficar estadísticamente su futuro político. Pocas tan amenas como 270towin, que permite la interacción en su mapa del proceso en curso, y que contiene fotos o radiografías electorales que se remontan a los primeros comicios que ganó George Washington.
Un ejercicio interesante, que me permite vaticinar que Obama prevalecerá con 303 votos electorales, y un dos o tres por ciento más de sufragios que Romney. La Cámara de Representantes se mantendrá con mayoría republicana (correlación que complicará el rumbo del segundo cuatrienio del demócrata), y el Senado conservará una tenue mayoría de su propio partido.
Aquí el Carrusel* que incluye una instantánea de lo que podría ser el resultado final de la actual elección. Pulsa la fecha de tu interés, para que éste se detenga:
http://noasupervias.adigital.info/mapa/
(*) Gracias a Jorge Landa, por la ayuda en su elaboración