blogeditor · 11 de mayo de 2015
(… y de pilón, un Procubridor #ABC con chance de aterrizar en San Lázaro).
Los votantes de Sonora podrían seguir otorgando el beneficio de la duda a tres candidatos impresentables, que tienen estrechos vínculos con las secuelas del incendio de la Guardería ABC, un crimen sin castigo que conmemorará su sexto aniversario, dos días antes de las elecciones intermedias del 7 de junio. En contraparte, tienen a la mano la singular oportunidad de cerrarles el paso a estos solapadores de delincuentes, y así enviar una señal contundente a las cúpulas partidistas mediante la negativa de su voto. Sería un mensaje, tardío pero elocuente, de rechazo a los premios endogámicos a la corrupción e impunidad que son moneda común en México.
El incendio de la Guardería ABC es uno de los capítulos irresueltos más dolorosos de nuestra historia reciente. El presidente Enrique Peña Nieto, que siendo candidato en 2012 se sentó con un grupo de padres de niños muertos y lesionados por la conflagración evitable en Ciudad Obregón, prometió que el tema sería ‘prioritario’ si llegaba él a la Los Pinos. Fue una hueca promesa electorera, como lo ha demostrado la historia desde su toma de posesión.
Las elecciones federales anteriores llevaron al Senado a dos políticos del PRI marcados por el estigma de la Guardería ABC. Ernesto Gándara Camou fue el alcalde de Hermosillo que, junto con su correligionario y ex gobernador Eduardo Bours Castelo (también del tricolor), fungían como autoridades responsables aquel viernes 5 de junio de 2009. En un desplante protagónico, en extremo reprobable, Gándara intentó dar el pésame a algunos padres que velaban a sus hijos acompañado por cámaras y micrófonos oficiales, como si quisiera demostrar a la opinión pública su preocupación fingida y pesar manufacturado. La burda maniobra le valió ser echado de la capilla donde reposaban los restos mortales de Emilia Fraijo Navarro, por órdenes expresas de sus padres.
El desempeño de Gándara Camou como legislador en la Cámara Alta tuvo como propósito proyectarse como eventual candidato a la gubernatura de su entidad, pero Claudia Artemiza Pavlovich Arellano (compañera de fórmula del ex edil hermosillense, apoyada por Manlio Fabio Beltrones y votada como Gándara por una mayoría de electores sonorenses hace casi tres años) prevaleció en la recta final.

De nada valieron los reclamos y objeciones de padres agraviados y aquellos sectores de la sociedad civil que estaban familiarizados con la trayectoria de Pavlovich, y sabían que el 12 de agosto de 2009 (apenas nueve semanas después del incendio, que como se sabe cobró las vidas de 49 bebés y produjo lesiones graves de decenas más), la entonces legisladora local del PRI en el Congreso de Sonora había firmado para el juez que llevaba la causa, dos cartas de recomendación que avalaban la ‘honorabilidad’ de Gildardo Urquides Serrano y su cuñada Sandra Téllez Nieves, dos dueños de la estancia infantil.

Los documentos de referencia formaban parte de un paquete más grande que incluía las rúbricas de Carlos Quintero Arce, arzobispo primado de Hermosillo; el presidente de la Canaco de Sonora, el de Canacintra, Coparmex y la Cruz Roja junto con académicos, voces protagónicas de la beneficencia y altos jerarcas del comercio y la industria. Un Who’s Who de la elite que apoyó, como un solo cuerpo, a los socios que habían creado las condiciones –junto con autoridades permisivas de los tres niveles de gobierno- para una tragedia de estas dimensiones y vergüenza nacional.
‘… no tengo inconveniente en recomendarlo de la manera más amplia ya que en mi concepto su desenvolvimiento en nuestra comunidad ha sido siempre con honorabilidad. Atentamente, Lic. Claudia Pavlovich Arellano’.
La segunda carta, a favor de Sandra Lucía Téllez Nieves. ‘ … la suscrita no tiene inconveniente en extender la presente carta recomendandando de la manera más amplia…’
Lo que hubiese representado el fin de su carrera política en cualquier otro país, sirvió (porque vivimos en un país donde favores de esta naturaleza a las castas que mandan) para abrirle las puertas en cambio a Pavlovich de la presidencia del PRI estatal. El evidente apoyo de las cúpulas que defendieron a Urquides y Téllez (y José Antonio Salido Suárez, y su esposa Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, parienta de Margarita Zavala, esposa del entonces presidente Felipe Calderón) a capa y espada, facilitaron la postulación de Pavlovich para el Senado en 2012.
¿Qué niveles ha alcanzado este apuntalamiento, aprovechado por Pavlovich para acelerar su carrera posible hacia la gubernatura? Las intromisiones del clan que rige los destinos del feudo sonorense, permitió que Urquides y Gómez del Campo fueran ambos absueltos por un Poder Judicial que -tengan por seguro- intentará hacer lo mismo con Téllez y Salido.
La memoria colectiva es corta y veleidosa. Pocas personas quisieron acordarse del papel que jugó Pavlovich en este escándalo. Su deficiente trabajo como senadora tampoco obstó para que no obtuviera la ansiada candidatura, y aquí nos encontramos ahora: menudo trance, cuando falta menos de un mes para los comicios intermedios y ella tiene serias posibilidades de desbancar al corrupto y embustero Guillermo Padrés de la gubernatura que ganó el abanderado del PAN en virtud del repudio popular contra el PRI por la catástrofe de la Guardería ABC.
[contextly_sidebar id=”jL6lQqJHTnZ691ub2BqPDaRmTmNUD9Ot”]La competencia entre la priísta y Javier Gándara Magaña (primo hermano de su antecesor en la presidencia municipal hermosillense, pero panista como su promotor Padrés, burdo alcalde que ordenó la golpiza por parte de su policía y detención de padres del Movimiento Cinco de Junio, de quien nos ocuparemos en este mismo espacio la próxima semana), se ha convertido en guerra de lodo con múltiples acusaciones cruzadas, casi ninguna que tenga que ver, por cierto, con la Guardería ABC. Como si la muerte y lesiones de niños indefensos se borraran tan fácilmente de la memoria, y lo único que importase fueran temas y anécdotas ajenas al oprobioso papel jugado por Pavlovich, Gándara Magaña y un funesto personaje que configura la trifecta del horror: el encubridor antonomásico desde la procuraduría estatal de Sonora, Abel Murrieta Gutiérrez. Cuadro arquetípico del PRI que dobleteó como responsable del despacho bajo las órdenes de Guillermo Padrés, y fungió como legislador del estado hasta su inclusión en las listas para llegar a San Lázaro, de quien pronto platicaremos con más detenimiento.
Pavlovich balbucea, vía comunicados y gacetillas, que se sumó a puntos de acuerdo solicitando justicia para las familias agraviadas, desde el Congreso estatal. Se ha reunido con grupos previamente seleccionados de papás y mamás. Le será imposible sacudirse el lastre que representa haber apoyado inopinadmente a Gildardo Urquides y Sandra Téllez, cuando la sociedad mexicana aún mantenía fresco el recuerdo vivo de las 25 niñas y 24 niños que no debieron morir a causa de la negligencia criminal y voracidad ilimitada de empresarios y políticos comparsa.
Será una elección, la del gobierno de Sonora, entre dos candidatos tóxicos: en la esquina del PRI, Pavlovich la Porrista Oficial de los dueños de la Guardería ABC ante la autoridad judicial. En el otro, Gándara Magaña: Porro panista que mandó golpear y arrestar a padres de niños muertos y heridos en la Guardería ABC, y que se encontraban defendiendo sus derechos a unos días de la Marcha del Tercer Aniversario de la tragedia.

Para redondear la reprobable faena, se presenta Murrieta como opción en las boletas para la Cámara de Diputados: uno de los principales artífices del adefesio legal del que se han colgado todos los responsables directos e indirectos del incendio, para librar la efectiva acción de la justicia, hasta ahora utópica en nuestro país.

El último escollo antes de que la candidata del PRI se salga con la suya es precisamente la elección federal. Los votantes sonorenses tienen en sus manos la oportunidad de interrumpir el ascenso de alguien que debería enfrentar este proceso, como mínimo, desde la comodidad relativa de su casa y la reflexión profunda del rol que ella ha jugado, de la mano de los dos candidatos que mencionaremos en Entropistas futuras, en el entramado criminal que la tiene en la antesala del Palacio de Gobierno en la capital de Sonora. Aún es tiempo, a pesar de las circunstancias, de generar una cultura de la ética en el servicio público que pase por el castigo en las urnas, hasta ahora casi inexistente en México. Para llegar a ese estamento y modificar el esquema de incentivos perversos que dependen de la dejadez popular, tendremos que usar las herramientas que nos ofrecen las redes sociales.
O cuando menos, seguirlo intentando. La cuenta @alconsumidor en Twitter hará Pases de Lista diarios, hasta el 7 de junio, con los rostros y nombres de cuarenta y nueve niños fallecidos por el incendio en la Guardería ABC, con copia para @claudiapavlovic, @abelmurrietag y @javiergandaram. Será un recordatorio del involucramiento y complicidad de estos tres candidatos, que en otras latititudes serían totalmente inelegibles, y una forma de reiterar que la #JusticiaABC permanece ausente a casi seis años de distancia.