blogeditor · 8 de junio de 2015
Parece que triunfó ayer la democracia televisiva y entrecomillada; enclenque y simuladora. Con canchas de juego desniveladas para la sociedad civil, y evidentes asimetrías o groseras desigualdades.
Todo cambió para seguir igual, con una última y descarada infracción. La picaresca política del Verde: los tuits de famosos (cuya autoría simultánea fue negada terminantemente por su presidente, Arturo Escobar), la publicidad desmedida y a destiempo; el arranque prematuro de campaña aunado al torrente de cineminutos, papel para envolver tortillas, mochilas, multas e interminables rounds de sombra y ayudaditas en el INE y el Tribunal Electoral sólo sirvieron para fortalecer la marca, y –tal vez- convencer a algunos despistados (previa entrega de accesorios múltiples) de que se estaba sufragando por un ‘cambio’.
Ganó un independiente, recién emancipado pero con 33 años de militancia previa en el PRI. La campaña del Bronco Jaime Rodríguez Calderón representó una forma novedosa de hacer política en redes; habrá que esperar si su desempeño lo alcanza a proyectar como opción viable, sin que cuente con amarres partidistas o representación legislativa. Tal vez sea una versión neoleonesa de los Cisnes Negros en la tipología de Nassim Nicholas Taleb (‘un evento extraño que están fuera del ámbito de las expectativas normales de la historia, y que es racionalizado retrospectivamente’). Será interesante verlo interactuar con las demás fracciones políticas. De su relación con el empresariado –harto de las corruptelas del malandrín Rogelio Medina y su padre- va a depender su supervivencia sexenal.
Se dirá, este ocho de junio (o durante el resto de la semana que inicia, hasta que la noticia se agote y vaya siendo relegada a las páginas internas de diarios o columnas inferiores de portales como éste), que México ha vuelto a pasar la prueba del ácido. Que Enrique Peña Nieto confirma otra vez su ‘profunda vocación democrática’ (contradicha un día sí y otro también, por las numerosas fechorías y puntos oscuros de él y su gabinete). Lo seguro es que el mexiquense y su equipo tendrá el control de la Cámara de Diputados durante la segunda mitad de su sexenio. Los avances verdes, y la disposición de Nuevo Alianza para sumar fuerzas con esta coalición garantizará fortalezas que no se traducen, necesariamente, en la resolución de problemas apremiantes.
[contextly_sidebar id=”5CtVK02BMLV9oIg4ySKYfyOXZBTjTo07″]Las elecciones intermedias son un punto de arranque y trampolín que han servido al PRI para aprender de sus errores. La pérdida parcial de las riendas en 1997, seis años después de los comicios que representaron el desquite salinista de la debacle de 1988, orillaron a que en 2003 el PRI extinguiera cualquier resabio del foxismo que imaginara un país sin el invencible partido tricolor. 2009 fue la apoteosis del peñismo fuera de su área inmediata de influencia, y el lanzamiento oficial de su candidatura desde el nombramiento de sus allegados en comisiones cruciales. La imposición de cuadros mexiquenses en puestos de decisión que iban a hacer mucho más fácil su ungimiento oficial dos años después.
El caso específico de Sonora me es particularmente doloroso, por lo que representa un eventual triunfo de Claudia Pavlovich Arellano a la causa de los papás y mamás de la Guardería ABC, pues -como se ha repetido en éste y otros espacios hasta el hartazgo- la abanderada del PRI y representante del beltronismo en la entidad recomendó ampliamente a dos dueños de la estancia infantil donde murieron cuarenta y nueve niños y docenas más sufren lesiones graves por el resto de sus vidas. Un evento que seis años después, sigue impulsando carreras políticas o exonerando a personajes directamente responsables del siniestro o sus secuelas. Personajes como el el ex #procubridor estatal y diputado local Abel Murrieta, alfil del boursismo en pugna interna con Beltrones, quien disfrutará su exilio dorado en San Lázaro sin demasiados contratiempos.
Lo importante es que el PRI ya sabe cuál es la ruta para refrendar la presidencia: proteger su 30 por ciento de los votos (su piso natural), y reforzar a sus compañeros de viaje: principalmente, el PVEM donde milita su yerno Pablo Escudero Morales.
¿Será Beltrones, beneficiario directo de esta estrategia en 2018? ¿Le interesará, en su fuero interno, contender por la presidencia? Por lo pronto, parece haber agotado todas las tareas políticas que se había propuesto ocupar, y sólo le queda asaltar figurativamente Los Pinos desde la conciencia de su ajenidad, o la presidencia del Revolucionario Institucional. En su contra, militan varios factores. El factor norteamericano, que lo acusa de diversos delitos y cercanías con el crimen organizado durante su gestión como gobernador de Sonora podría dar al traste con sus aspiraciones. No se perfila un posible candidato demasiado diferente a Peña Nieto, pero si se impone la ley del péndulo que rigió ese instituto político a lo largo de varias administraciones, a Beltrones podría considerársele un aventajado.
Por otro lado y como ya se esperaba para desgracia nacional y no sólo de Sonora, Abel Murrieta Gutiérrez: ex #procubridorABC durante las gestiones del gobernador Bachoco y Guillermo Padrés, alfil del grupo político de Cajeme y candidato de la familia Bours, Murrieta tiene escriturada una curul en la Cámara de Diputados.
Claudia Pavlovich, a quien Beltrones apoyó para que obtuviera el pase tricolor a la gubernatura, será –si no sucede algo extraordinario- la próxima gobernadora del estado. Fue tal el desbarajuste por Guillermo Padrés, titular del poder ejecutivo en el que la sociedad depositó su confianza tras el incendio de la Guardería ABC, que su protegido Javier Gándara cedió la plaza en uno de los procesos comiciales más sucios de los que se tienen noticia.
Las cifras son preliminares a la hora de escribir estas líneas. En cualquier caso, los comicios del siete de junio reafirman nuestra condición de país de grotesquerías, con procesos caros e ineficientes y una participación menor al cincuenta por ciento, excluyente en exceso, y con amplísimos sectores que no son parte de las decisiones y propuestas que les atañen.
Triunfó de nueva cuenta el agandalle, la corrupción y la impunidad. Es de esperarse que el entendimiento entre las oposiciones paraestatales se reafirmará en el futuro previsible. Para el PRD, el enemigo a vencer, tanto en el DF como en resto del país, no será el PRI de Peña, Osorio, Videgaray y quien surja de la probable restructuración del gabinete. Se declarará, en tiempo récord, una guerra fratricida de la izquierda en el DF y sus áreas de influencia. Como Graco Ramírez en Morelos, el peñista Silvano Aureoles atizará el conflicto presumiendo su cercanía con el presidente, calcando sus propuestas.
Arrancaremos el ocaso del devaluado peñismo, sumidos en demostraciones de gatopardismo disfuncional.