Redacción Animal Político · 5 de marzo de 2024
Una boleta con tres opciones reduce cualquier discusión a por cual de las tres tachar. Sin duda, a los ojos de cualquiera, en estos meses dicha reducción es inevitable. Y reforzar ese dilema es el trabajo esencial de los partisanos y los spin-doctors (propagandistas) de los tres polos electorales. Este texto es para apelar a otros ciudadanos rumbo a la elección presidencial: los que somos activos en la discusión sobre los problemas públicos. Tanto los que simpatizan con alguna fuerza electoral cuanto los que no lo hacemos.
El derecho a la deliberación pública es esencial para el buen gobierno. La discusión pública no solo debe concernir a quienes son partisanos. Es un ejercicio vital de la democracia: tenemos que debatir y cuestionar qué hacen los gobiernos. No importando quienes ganen, los problemas públicos seguirán ahí. Y si algo han probado los últimos años de gobierno es que los problemas se están agudizando, y las mejoras en el gran esquema del país han sido marginales (aunque pueden diferir de mi argumento).
Mi juicio sobre la realidad social del país no está en función del polo electoral, sino de mi parámetro ético sobre cómo atenderla. Creo que es urgente reiterar una y otra vez de quienes no evalúan la realidad desde un ángulo no partidista que no aceptamos ser encajonados en algún “equipo”. Se que es una estrategia porque es electoralmente incómodo validar nuestros argumentos. Pero creo que tenemos que hacerles todavía más incómodo gobernar hasta que den resultados. En los últimos cinco años he visto a muchos desalentados por la retórica de la polarización. Sacudámonos de esa dinámica. Nuestro rol es incomodar.
A diferencia de los simpatizantes de la actual coalición gobernante, creo que el cambio que ha desplegado el gobierno ha sido marginal, los costos de otras políticas son graves para el país (en particular el apoyo a Pemex, el Ejército y la austeridad), y por más que su argumento es que no son los otros, su agenda no es ni ambiciosa ni suficiente sin una reforma fiscal.
A diferencia de los opositores del gobierno, no puedo leer su retórica hiperbólica o su agenda como una solución. Ya gobernaron por décadas y no han demostrado en los hechos que han aprendido de sus errores de gobierno. Tanto así que el actual gobierno descansa sobre el edificio de políticas que ellos construyeron.
Discúlpeme el lector que simpatice con cualquiera de estos dos polos, pero yo veo una continuación anodina del estatus quo con mejoras marginales. Peor aún, veo complicidad de ambos lados con la clase empresarial mexicana que se niega a contribuir a nuestra sociedad.
Explícitamente lo escribo: yo tengo un lado en esta discusión. Ese polo está abajo y a la izquierda. Yo simpatizo con quienes no tienen un logotipo en la boleta y que demandarán acción a quienes están en la boleta. Estoy con las víctimas de la guerra contra las drogas; con los movimientos indígenas; con los periodistas amedrentados; con las futuras generaciones de la infancia que vivirá los efectos más horribles del cambio climático al que Pemex contribuye; estoy con todos los afectados más pobres de la política de austeridad, y con el movimiento feminista. Quienes estamos de este lado de la discusión tenemos el derecho de cuestionar a los polos electorales. Tenemos el derecho a deliberar.
Sé que hay gente honesta y bien intencionada en las filas de sus organizaciones partidistas. A muchos les respeto y admiro. Me apena que su presencia ahí no me disuada de apoyarles en el proyecto partidista que apoyan. Les deseo éxito. Sus triunfos lo serán para el país. No soy de los que creen que el partidismo no funciona. Más bien, no creo en las élites y sus políticas realmente existentes en la actualidad. Al final, la responsabilidad de lo que suceda recae enteramente en las personas que son votadas, y a esas personas hay que pedirles que rindan cuentas.
Que unos sean electos no implica un cierre de la discusión, sino una asignación de la responsabilidad pública a personas concretas. La vida pública no se reduce a la elección, aunque la elección sea relevante. Este sexenio se trató al gobierno como una agencia de publicidad electoral. Me resisto a pensar que pasaremos seis años más en campaña. Sea quien sea electa a la presidencia, se tiene que atender las crisis de finanzas públicas, climática, demográfica, migratoria y de violencia que se vive en México. Que ganen más votos no implica que se acabó su responsabilidad. Al contrario, significa que son más responsables.
La infantilización tribal de la política mexicana es abrumadora. Si algo demostraron los polos electorales en este periodo inter-campañas es que no sólo son inhábiles de tener un dialogo maduro entre adultos, sino que son capaces de cruzar barreras de civilidad de manera lenta y progresiva. No tengo particular interés en quién está arriba en las encuestas mientras se comporten así. En un país con tantos problemas y dolor, es justo que demandemos que se comporten como adultos responsables. En lugar de que algunos en las élites de los polos electorales cuestionen a los que no estamos con ellos, nosotros debemos cambiar el orden de las cosas: ellos están compitiendo para servir, no serviles.
Las decisiones y votos de los tres polos políticos sentaron las bases de estos problemas. Tenemos derecho a saber si mantendrán la guerra contra las drogas y sus sangrientas consecuencias; tenemos derecho a saber si seguirán sin cobrarle impuestos a los más ricos para mantener la sostenibilidad financiera del gobierno federal; tenemos derecho a cuestionar que estamos pagando más dinero en deuda de Pemex que en servicios públicos; tenemos derecho a cuestionar que la austeridad afectó la calidad del servicio de salud; tenemos derecho a demandar que, más allá de la disputa nacionalista por la energía, contribuyamos al imperativo moral de salvar al planeta de la energía fósil; tenemos derecho a resistir que el Ejército activamente erosione el orden civil; tenemos derecho a cuestionar que el Estado se está convirtiendo en un cajero automático; tenemos derecho a pedir por la protección a los periodistas, a los activistas ambientales y de derechos humanos, y tenemos derecho a demandar la búsqueda urgente de las personas desaparecidas en México. Hoy por hoy, nuestro derecho a discutir no parece caber en el actual tribalismo electoral, pero sí debe caber en el discurso público.