Elecciones 2027: cuando la verdad se pierda en el scroll

Joel Aguirre · 3 de septiembre de 2026

Elecciones 2027: cuando la verdad se pierda en el scroll

Rumbo a las campañas electorales de 2027 existe un gran riesgo que se va a convertir en una de las principales amenazas de este proceso democrático: que nos mientan; un audio clonado, un video falso, una fake news o una serie de cuentas reales o ficticias que cambien el sentido de la conversación digital. Sin embargo, lo más triste de esto es que el riesgo mayor no es la mentira: es que la verdad dejó de importarnos.

Byung-Chul Han le puso nombre a esta vorágine de información: infocracia. El poder informacional no gobierna por censura, gobierna por saturación. No oculta: inunda. No prohíbe el dato, lo multiplica hasta volverlo irrelevante. Donde el viejo poder necesitaba silenciar, el nuevo solo necesita que hablemos todos, todo el tiempo, al mismo tiempo. Y ante esta situación la relevancia entre lo verdadero y lo falso pasa a segundo término, existe un mundo de información tan grande que basta con un scroll para que el siguiente contenido nos entretenga o no. He ahí la cuestión.

Los números mexicanos describen esa saturación con precisión incómoda. La ENDUTIH 2025 del INEGI contabiliza 103.2 millones de usuarios de teléfono celular, y 97.3 % de quienes usan internet se conectan desde un smartphone. La Asociación Mexicana de Internet calcula seis horas diarias de conexión promedio, una jornada laboral completa, y casi la cuarta parte de los usuarios rebasa las nueve. El informe Digital 2026 pone a México en el séptimo sitio mundial en tiempo semanal dedicado a redes y video: más de 25 horas, contra 18 del promedio global. Ese es el país real donde se disputará la próxima elección. No hay plaza pública que pueda competir con eso.

Y hay un detalle de diseño que lo explica casi todo: el scroll infinito. Un feed sin fondo tampoco tiene final, y lo que no termina nunca no obliga a detenerse jamás. Antes el periódico se acababa y el noticiero cerraba: ese final era la señal de que algo debía procesarse. El scroll la eliminó. Han lo dice así: la información no narra, acumula. Cada dato es una detonación breve, sin antes ni después. Y la verdad necesita justo lo que el scroll suprime: tiempo y relato.

Nunca se emitieron tantos mensajes y nunca hubo tan poca comunicación

Hoy todo se comunica en el celular o en un formato que lo imita: el spot se filma vertical, el discurso se diseña para rendir un clip, la conferencia se corta en fragmentos de 30 segundos, y hasta la televisión abierta transmite recuadros verticales dentro de su propia pantalla horizontal. El encuadre no es neutro. En vertical cabe un rostro, no una multitud; cabe una frase, no un argumento; cabe el gesto, nunca el contexto. El formato que manda excluye por diseño lo que permitía entender: aquello que rodea la escena.

De ahí la paradoja del momento: nunca se emitieron tantos mensajes y nunca hubo tan poca comunicación. Comunicar exige un otro que escuche y responda; el scroll no exige a nadie. Cada quien emite hacia un feed que le devuelve más de lo mismo. Algoritmos que no informan, confirman quienes somos y qué queremos. Ruido informativo en volúmenes históricos y, a la vez, espacios públicos donde nadie se encuentra con nadie. Es lo que Han llama enjambre: mucha voz junta, ninguna voz común. No delibera ni exige cuentas. Se dispersa.

Hannah Arendt lo advirtió décadas antes: el sujeto ideal del poder total no es el creyente convencido, sino aquel para quien la distinción entre hecho y ficción ha dejado de existir.

Por eso fallan nuestras defensas. El fact-checking presupone un ciudadano que quiere saber, y resulta inútil frente a quien ya no espera nada de la verdad. Advertir que un video fue fabricado con inteligencia artificial supone que el problema es la duda sobre su origen, cuando el espectador hace rato asumió que todo puede estar fabricado y resolvió no averiguarlo. La saturación terminó cumpliendo la función que antes cumplía la censura: donde todo puede ser falso, nada obliga a nadie.

El votante que debería preocuparnos no es el engañado, es el indiferente. El que ya vio el escándalo, la aclaración y el meme, y concluyó que da lo mismo. No se moviliza, no se indigna, scrollea.

De modo que el reto rumbo a 2027 no es captar la atención. Eso ya sabemos hacerlo, y es barato. El reto es tocar la mente: lograr que algo permanezca cuando el scroll continúe.

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