Redacción Animal Político · 8 de marzo de 2024
A 85 días de la elección presidencial, podemos anticipar que México elegirá a su primera mujer presidenta, un hecho que por sí solo debe celebrarse. Sin embargo, es preciso detenernos un momento en medio del ajetreo del proceso electoral, hacer una reflexión urgente y necesaria sobre la visión y el enfoque de género que las candidatas están abordando en sus propuestas, promesas, comunicación y todo lo relacionado a sus campañas.
Paradójicamente, pareciera que el tema de género vuelve a diluirse, a difuminarse y a cosificarse como ha ocurrido en las elecciones de los últimos años en el país, donde el ser mujer se reduce a vestirse de color rosa o a portar un vestido y donde, tristemente, cualquier error será juzgado bajo la lupa del “ser mujer”.
El territorio político electoral -como muchos otros -, no solamente se encuentra dominado por hombres, fue creado y configurado por hombres, como la economía, la educación, el trabajo y demás componentes construidos sobre los sistemas de cuidados depositados principalmente en las mujeres, lo que impide de inicio, estar en las mismas condiciones que los hombres para ejercer una carrera política.
Si a esto se suma que, en su mayoría, los equipos de campaña se conforman principalmente por hombres (aun siendo una elección presidida por mujeres), vemos a dos candidatas rodeadas de hombres encargados de pensar, proponer, crear, implementar y evaluar propuestas y programas sociales, dentro de ellos programas centrados en mujeres en situaciones vulnerables, encontramos un foco rojo que grita un cambio de dirección.
En este sentido, cómo olvidar la emblemática conferencia sobre la lactancia materna presidida por seis hombres en 2018, la imagen lo dice todo.

Sin duda, los 85 días restantes de campaña serán el mejor medio para conocer e identificar el enfoque de género, la agenda y la proyección de trabajo que cada una de las candidatas podría llegar a implementar en caso de llegar a la presidencia; aún están a tiempo de escuchar, de incluir, y de rodearse de voces de mujeres, de agrupaciones, de comunidades históricamente ignoradas y silenciadas, cuyo silencio ha dañado tanto al país.
Estas elecciones son históricas, pero ¿representan verdaderamente un cambio? Me gustaría ofrecer tres puntos de análisis para responder lo anterior, empezando por el dominio masculino en la política mexicana, cómo los presidenciables han interiorizado estos códigos y, finalmente, el género como “moneda de cambio”, vacía de significado y llena de distancia político-social entre el Estado y las mujeres.
1. Raíces del poder: la hegemonía masculina en la estructura política de México
Es fácil pensar que en una elección protagonizada por dos mujeres la lógica sería distinta. Sin embargo, las candidatas y el candidato están demostrando que, para insertarse en la política y luego contender por la presidencia, debieron interiorizar las reglas masculinas en el juego político.
Las prácticas que perpetúan liderazgos masculinos predominantes en equipos de campaña, violencia y hostilidad de género, cuotas fantasma en curules del congreso, estereotipos en comunicación y discursos, replican lo que tantas luchas sociales han tratado de evitar: una representación errónea de las mujeres en la política.
2. Entre la aspiración y la adaptación: la dinámica de género en la carrera presidencial
Esto no quiere decir que las mujeres, por ser mujeres, no ejerzan violencia. La violencia no responde a un género en particular. Sin embargo, si en la lógica de hacer política, permanecen los mismos códigos estructurales (y violentos), entonces parece un discurso engañoso e incluso ingenuo pensar que por ser mujeres esta lógica está cambiando (o ya cambió).
Actualmente, lo veo reflejado en las propuestas de seguridad de los 3 candidatos:

De momento los tres candidatos, proponen desde el desconocimiento y la irresponsabilidad, es decir, desde el viejo modelo político en donde las ideas son huecas y lejanas de las diversas realidades mexicanas. Sean candidatos hombres o mujeres, nos enfrentamos a un populismo electoral que rebasa la mera elección presidencial por género y eso debería preocuparnos.
3. Monedas de cambio: la desconexión de género en la brecha político-social
México está por tener a su primera presidenta en la historia en el momento donde la distancia social y política entre el Estado y sus mujeres es enorme. La elección no debe ocultar las profundas deudas del Estado hacia los derechos de las mujeres por lo que centrarse únicamente en el género de los candidatos podría simplificar el debate político, desviando la atención de propuestas y compromisos reales.
El verdadero reto para el electorado mexicano es elevar el nivel del debate. No basta con celebrar la posibilidad de tener una presidenta; es imperante exigir y evaluar el compromiso real de las y el candidato con las problemáticas del país, más allá de su género.
Hoy en día las cifras hablan de que 7 de cada 10 mujeres consideran peligroso el entorno donde viven, desde el acoso callejero hasta casos más graves como la violencia sexual y los feminicidios, desafortunadamente nos enfrentamos a una constante amenaza. Muchos factores influyen, desde la falta de iluminación hasta la impunidad para los agresores, además esto tiene un impacto en el bienestar emocional y psicológico ya que este miedo repercute en nuestras actividades diarias.
A veces el padecerlo desde cerca te puede llevar a considerar que te expusiste demasiado o que el error fue tuyo por provocar, en ningún momento nadie debería decir o considerar un ¡Acostúmbrate, así es esto!, ¡No exageres!, ¡Ya se habían tardado!
Sin embargo, en esta ocasión este tema crucial y prioritario parece pasar de “puntitas” durante las campañas presidenciales, ya que hay propuestas y discursos centrados en otros asuntos y la seguridad una vez más queda en segundo plano, ¿dónde están las soluciones concretas para combatir?, en realidad ¿hay un compromiso por protegernos? No tenemos por qué resignarnos a estas condiciones de vulnerabilidad.
La gravedad de esta situación debe ser tomado como prioridad y al no hacerlo esto refleja una desconexión entre los gobernantes y la realidad que vivimos.
En la actualidad, México se encuentra en una encrucijada en la lucha por erradicar la violencia política de género, un tema complejo que continúa obstaculizando la plena participación de las mujeres en el ámbito político. A pesar de los avances significativos y la creciente conciencia sobre la importancia de la inclusión y la equidad de género en todos los sectores de la sociedad, las mujeres políticas, activistas y funcionarias en México todavía enfrentan grandes barreras que limitan su participación efectiva y segura en la vida pública.
Todo va manifestado en actos dirigidos a limitar o anular los derechos político-electorales de las mujeres, así como su ejercicio efectivo del cargo público. Estos actos pueden incluir desde acoso verbal y hostigamiento hasta incluso agresiones físicas o sexuales, pasando por la marginalización dentro de los propios partidos políticos y la exclusión de los procesos de toma de decisiones.
En nuestro país, este tipo de violencia no sólo se refiere a las desigualdades de género arraigadas en la sociedad, sino también a un entorno político que históricamente ha sido dominado por hombres, donde las mujeres han tenido que luchar arduamente por su lugar. Los casos de violencia política de género en México no son aislados ni desconocidos para el público. Desde candidatas que han sufrido campañas de difamación y violencia verbal hasta funcionarias que enfrentan amenazas de muerte o agresiones físicas.
Es muy notorio que a México le falta mucho enfoque y fortalecimiento en mecanismos que ayuden a bajar el índice de violencia política de género; con esto no sólo me refiero a las candidatas a la presidencia, sino a todas las candidatas que están en elección. Mientras las mujeres sigan enfrentando barreras para participar plenamente en la vida política del país, la democracia mexicana permanecerá incompleta.
Si bien se sabe que los recursos no son infinitos y que dependemos completamente de ellos, ¿por qué la escasez de agua, el aumento de la temperatura, la mala calidad del aire y los desastres naturales no están siendo parte de la agenda 2024?
Pareciera entonces que las soluciones seguirán siendo emergentes y no de fondo, cuando lo que se requiere es trabajar en una estrategia que resuelva los principales daños ahora pero también que construya los cimientos de una vida sostenible a largo plazo.
Sabemos que el cuidado del agua y demás recursos naturales históricamente no han sido del interés de los gobiernos y ha quedado en manos de los activistas y defensores de la naturaleza, de los cuales han sido mayoritariamente mujeres. Podemos decir que esto sigue en la línea de los trabajos de cuidado que no son reconocidos y en los cuales los hombres se involucran muy poco dejando la carga en las mujeres.
Adicional a ello el cambio climático afecta más a las mujeres en condiciones vulnerables pues al dedicarse al cuidado del hogar y al campo, están condicionadas por “un buen tiempo” cuestión que cada vez se vuelve más difícil de mantener, haciendo que pierdan por completo sus fuentes de alimento.
Por lo anterior es de sorprenderse que entre las propuestas de las candidatas no se mencionen acciones en contra del cambio climático, estrategias para garantizar el acceso al agua o que al menos se hable de su postura acerca de la mujer como principal actor en el cual recaen las tareas de cuidado y protección, incluso del territorio.
Finalmente, estamos en un momento en el que es fundamental reconocer la importancia de un diálogo democrático genuino. Este proceso electoral marca un hito significativo al presentar dos candidatas mujeres compitiendo por la presidencia, lo cual refleja un avance hacia la igualdad de género en el ámbito político. Sin embargo, esta situación también revela la persistencia de tensiones arraigadas en la sociedad, que pueden socavar el diálogo democrático y promover actitudes paternalistas o misóginas.
Hannah Arendt consideró que los procesos democráticos permitirían a las personas una participación a través de la creación de un espacio público común y el respeto por la diversidad y la pluralidad de opiniones. Es en el contexto de sus lecciones que es importante detectar los riesgos en estas elecciones históricas en México.
Para ambas candidatas, es importante detectar la forma en que diferentes estrategias de protección han sido implementadas. Desde el considerar que no es necesario atacarlas “por ser mujer” hasta el asumir que, por su género, sus políticas de inclusión serán las más vanguardistas.
Esto se puede manifestar a través de discursos y acciones que buscan desacreditar y socavar la autoridad de las mujeres en la política, perpetuando así la desigualdad de género y dificultando el avance hacia una representación política genuinamente inclusiva y equitativa. La persistencia de la misoginia en el ámbito político no solo afecta a las mujeres individualmente, sino que también socava la democracia al restringir la diversidad de voces y perspectivas en la toma de decisiones políticas.
En un contexto global en el cual las fake news son cada vez más comunes (y difíciles de cuidar) crear organismos que permitan monitorear sus acciones será clave para que el discurso y la crítica no caigan en distracciones innecesarias.
Al reconocer y superar los instintos paternalistas o misóginos que pueden influir en la crítica hacia las candidatas mujeres, podemos avanzar hacia un proceso electoral más justo y equitativo, que promueva la igualdad de oportunidades y la representación genuina en la política mexicana.
La próxima elección es un momento histórico, pero su impacto dependerá de nuestra capacidad para mirar más allá del género y exigir un compromiso auténtico contra la desigualdad de género, nivel socioeconómico, de oportunidades… entre otros dolores mexicanos.
* Yolanda Barrita (@Yolanda_Barrita), Carol Chávez (@mini_caracol), Cristina González (@Cris_Glez_90), Sara Alcántara (@aisha_alc), Lizbeth Reyes (@LiziRey) y Cristina Salazar (@CristinaSalazar) son mujeres con experiencia en el área de investigación de mercados y opinión pública. Apasionadas por la política y que continuamente buscan la apertura hacia las mujeres en espacios de toma de decisiones.