blogeditor · 3 de diciembre de 2020
María Mejía está por entrar al primer año de la universidad, tiene 19 años. Vive en la zona conurbada al sur de la Ciudad de México. Terminó la preparatoria pública hace seis meses en la prepa 5, cerca del Estadio Azteca. Decidió tomarse un año para cuidar a su mamá con diabetes en medio de la pandemia. La zona en la que vive es insegura. A diario escucha historias de inseguridad de vecinos que fueros asaltados con violencia y a ella no le gusta salir sola. Le preocupa de más que su mamá salga todos los días y que use el transporte público, por la inseguridad y por el coronavirus. Está muy enojada con el gobierno y con el sector privado porque su mamá, siendo población de riesgo, es obligada a ir todos los días a trabajar como secretaria a una empresa a Santa Fe, al poniente de la Ciudad. La empresa argumenta que es la única persona que puede contestar teléfonos. María cuenta con internet en casa y ha ideado formas de hacerse de ingresos en línea sin mucho éxito. Aplicó a apoyos de “Jovenes Construyendo el Futuro” y no ha recibido respuesta desde julio de este año. Su mamá gana un salario de 8 mil pesos con el que sobreviven ambas. Tan solo de renta pagan 4 mil pesos mensuales. Afortunadamente, no ha perdido el empleo. María votará por primera en 2021.
Carlos Pech es de la comunidad de Abalá, Yucatán. Tiene 21 años. Tiene una hija de 4 años. Terminó la secundaria y no estudió más. El costo de ir y venir todos los días a Mérida a la preparatoria era muy alto y no contaba con el dinero para costearlo. Empezó a trabajar desde los 16 años para mantener a su hija y su esposa. Trabaja en la Hacienda Temozón -del dueño de Banamex-; una hacienda henequenera muy vieja que ahora es hotel. Carlos trabaja de jardinero. Poda los jardines y, cuando hay evento, apoya como mesero para ganar unos pesos más. Es introvertido, pero cuenta con gracia el dato curioso que “a la Hacienda han venido hasta presidentes gringos”. Gana poco menos de 5 mil pesos. No tiene seguridad social, contrato ni prestaciones formales. Cuando alguien de su familia se enferma, van a Mérida. Antes iban al Centro de Salud de Uman que los atendía con el Seguro Popular. Ahora, ya no los atienden y, cuando van, les cobran. Desde la pandemia, en abril, le pidieron que fuera a trabajar solo dos días a la semana y gana ahora sólo 1500 pesos. No ha generado ingresos desde entonces. Está preocupado porque no sabe cómo asegurar la comida diaria para su hija y su esposa. Si alguien se enferma o si surge alguna emergencia familiar, no tienen recursos para solventar nada fuera de la cotidianidad. Un ingreso vital de emergencia le ayudaría a sobrellevar mejor la crisis que enfrenta. Carlos votará por primera vez en 2021.
Karla López vive en Rioverde, San Luis Potosí. Tiene 20 años. Estudia medicina en la Autónoma de San Luis Potosí. Su abuela murió de COVID en el Hospital General de San Luis Potosí a finales de octubre. La llevaron porque en Rioverde no había lugar donde la atendieran y les recomendaron llevarla a San Luis. La internaron y, desde el momento de su llegada, perdieron comunicación con la abuela. Tenía 73 años. Nadie les dio información de dos días. Karla movió cielo, mar y tierra, hasta que un profesor de la Universidad la contactó con un médico del hospital que le pasaba información “en corto” al menos dos veces al día. Este doctor le contaba del avance con detalle, mientras informaban de manera oficial una vez al día con palabras escuetas y poca información. Antes de morir, la abuela hacia la broma: “si el presidente y el tal Gatell andan de gira por todo el país sin tapabocas, a mí que sólo salgo por mis medicinas a la farmacia qué me puede pasar”. A Karla le molestaba profundamente la broma y le pedía que tuviera el máximo cuidado. Hoy, con toda razón, está muy molesta por el pésimo manejo de la pandemia por el presidente y su gobierno. Karla votará por primera vez en 2021.
En 2021 podrán votar por primera vez alrededor de 5 millones jóvenes. En total, la lista nominal cuenta a 13.8 millones de centennials (menores de 24 años) que votarán en las próximas elecciones. Muchos de ellos se han enfrentado en los últimos años a un sistema laboral precarizado, a la desprotección social, a un acceso a servicio de salud limitado y a un sistema educativo que le dio cabida a menos de un 10% de ese total de personas. Esta generación es la que construirá las bases para el México del siglo XXI. Una generación que busca espacios de participación en un sistema político cerrado, en un gobierno con poca capacidad de comunicar e interconectar las necesidades de este sector con políticas públicas que den salida a los problemas cotidianos que enfrentan. Serán ellos quienes abran brecha y construyen el camino. 5 millones de jóvenes votarán por primera vez en 2021.