El virus de las granjas y las granjas del virus

blogeditor · 9 de noviembre de 2020

El virus de las granjas y las granjas del virus

Desde hace tiempo hemos sabido que el hacinamiento de animales en masa, ya sea en megagranjas o en los denominados “mercados húmedos”, aumenta los riesgos de que nuevas enfermedades animales logren transmitirse a los seres humanos. El COVID-19 vino para despabilar a los incrédulos y hacernos una llamada final: la siguiente pandemia será consentida por nuestras omisiones. Y la responsabilidad de México en este escenario global apunta al sureste.

Los estados que componen la Península de Yucatán continúan apostando por un modelo de desarrollo que tiene como uno de sus principales pilares la ganadería industrial. Las megagranjas y megaranchos se han multiplicado a escalas inéditas generando deforestación, contaminación del manto acuífero y despojo de territorios mayas. Por si fuera poco, representan también un riesgo en términos epidemiológicos, tal y como señalaron recientemente en El Universal Lourdes Medina Carrillo de la organización Indignación y Viridiana Lázaro de Greenpeace México. Las dos abogadas, ambas con gran experiencia de trabajo con el impacto de megagranjas en el sureste del país, señalaron que los complejos industriales con miles de cerdos “confinados en espacios reducidos, con exposición respiratoria a altas concentraciones de contaminantes como amoníaco, sulfuro de hidrógeno, etc. provenientes de los desechos que ellos mismos generan, no solo tornan a los animales más susceptibles a las infecciones virales, sino que pueden propiciar las condiciones por las cuales los patógenos pueden evolucionar a tipos más infecciosos y peligrosos”.

No es de extrañarse que en la última semana Dinamarca anunciara medidas para controlar una nueva variante del coronavirus que evolucionó en sus granjas de hurones. A mediados de este 2020, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente emitió su informe “Previniendo la próxima pandemia: Enfermedades zoonóticas y cómo romper la cadena de transmisión”, en el cual advertía el papel que posee la ganadería industrial en la propagación de virus. En dicho documento se advierte que cerca del 75% de las nuevas enfermedades humanas son zoonóticas (es decir, que lograron “saltar” de animales a humanos) y que es en la industrias ganaderas donde se logran propagar con gran facilidad debido a la falta de distanciamiento físico entre los animales.

A pesar de este contexto, las megagranjas han proliferado en la Península de Yucatán con aquiescencia de las autoridades, incluso operando con irregularidades o sin permisos legales en lo absoluto. Así lo evidencian casos como el del megagranja de San Antonio Chel y el de la megagranja de Homún, ambas actualmente clausuradas cautelarmente gracias a juicios de amparo presentados por las comunidades mayas afectadas. En ninguno de los dos casos se tuvo respuesta de las autoridades hasta que intervino el Poder Judicial de la Federación.

Si bien la lucha por el medio ambiente y el territorio indígena ha generado importantes victorias como los casos de San Antonio Chel y Homún, no todos los casos cuentan con las condiciones y/o las posibilidades para emprender una batalla legal. Los gobiernos de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, así como el gobierno federal, se han negado a pronunciarse sobre las medidas que adoptarán para prevenir, erradicar y mitigar las afectaciones que está generando este tipo de industria. Sobre todo ahora que a la alarmante lista de consecuencias se suma el riesgo de generar caldos de cultivo para nuevas enfermedades.

@kalycho