El viaje aún no termina

blogeditor · 2 de marzo de 2021

El viaje aún no termina

Cuando se realiza algún trámite en nuestro país regularmente se suele pensar en los requisitos e implícitamente viene consigo el tiempo que va a llevar realizarlo porque “la burocracia en México es terrible”. El término burocracia es poco entendido, despreciado o confundido. En algunas ocasiones se sobre entiende solamente como aquello que tiene que ver con el aparato estatal, con el gobierno. Pero hablar de burocracia es hablar de todo y nada a la vez; es pasar del estudio del aparato gubernamental: los múltiples institutos, secretarías y organismos que brindan atención de lunes a viernes; es hablar de procedimientos, reglamentos y teoría organizacional que permite el funcionamiento de la Administración Pública, pero también es hablar de largos y tediosos trámites, del característico trato frío e indiferente del personal que se encuentra atendiendo al otro lado de la ventanilla. Si en conjunto no funciona de una manera eficiente, se entiende que la administración pública es ineficiente, insuficiente o que las instituciones no son útiles.

Hablar de burocracia en la migración es tener que enfrentarse por un lado a un gobierno con reglas y procedimientos diferentes al país de origen, pero también a las personas cuya cultura, idioma y trato también es diferente. Se piensa que después de haber cruzado miles de kilómetros en uno o más países, gastarse lo ahorros de toda una vida en cuotas formales o ilegales, lidiar con la violencia generalizada, el crimen organizado y la xenofobia son las barreras que hay que atravesar para poder iniciar una nueva vida en otro país; sin embargo, el viaje aún no termina. En México deben enfrentarse a un nuevo adversario: el Instituto Nacional de Migración, quien es el encargado de llevar a cabo el cumplimiento de la ley mexicana para lograr una migración segura, ordenada y regular con estricto apego a proteger los derechos humanos. Esto por lo menos forma parte del discurso político e institucional que vemos hoy en día, pero ¿qué representa realmente esta autoridad para las personas migrantes y sujetas a protección internacional?

El sistema se ve lleno de reglas estrictas y no justificadas como el completo rechazo de todo tipo de documento de identidad que no sea el pasaporte, procedimientos mal diseñados que suelen pedir imposibles o que carecen de sentido, por ejemplo: la estudiante universitaria que deberá acreditar una solvencia económica de al menos 20,000 salarios mínimos en el último año para poder permanecer en el país después de haber finalizado sus estudios, en un país donde la precariedad laboral impera. Exceso de papeleo y tiempo para esperar una respuesta que no parecer llegar. Todo esto se traduce en más barreras que cruzar, beneficios y oportunidades perdidas para todo aquel que inicia una vida o lo intenta en un país que no es el suyo. Estos obstáculos burocráticos llevan a una perspectiva negativa sobre las instituciones y sobre el trato que se la da a las personas.

La burocracia siempre ha existido, aunque el concepto viene con el surgimiento del Estado, por lo que no es un enemigo al que hay que eliminar, sino que se debe fortalecer y esclarecer institucionalmente, pues su razón de existir es mejorar la funcionalidad del aparato estatal con orden, reglas y servir a la sociedad civil. Debe de haber una concordancia entre los valores y objetivos institucionales y el personal que trabaja dentro del gobierno. Por lo tanto, se debe trabajar en equipo con las instituciones gubernamentales para poder garantizar la protección de las personas migrantes, que se les dé un trato humano y empático con el fin de mejorar las oportunidades de las personas.

En conclusión, el formalismo y el legalismo superficial con el que se maneja el Instituto Nacional de Migración y otros organismos, lejos de garantizar una equidad y participación social, termina por entorpecer el funcionamiento cotidiano de lo que debería ser la administración pública. Y aunque la misión sea la protección de los derechos humanos de las personas migrantes y sujetas a protección internacional, los cuales están firmemente establecidos en la Constitución, eso no significa que puedan disfrutarlos desde un primer momento, pues todavía deberán concluir su viaje en la vía administrativa.

* Jorge Víctor Rosaslanda Peña es encargado de la Clínica Jurídica de @SinFronteras_1.