El Vampiro de la Roma

blogeditor · 6 de noviembre de 2020

“¿Adonis, te gustan los hombres?”.

Luis Zapata, “El vampiro de la colonia Roma”

 

Si a principios -muy principios- de los años ochenta fue José Joaquín Blanco el encargado de firmar por primera vez en la historia de los suplementos culturales del país un texto dedicado a la ciudadanía gay (“Ojos que da pánico soñar”, compilado años después de su publicación original en el periódico Unomásuno por Editorial Era, como parte del libro de crónicas “Función de medianoche”), colocando frente al criterio del lector una arista de la composición social mexicana que la vida cotidiana oficial se había negado a mirar de frente durante décadas (muchas, muchísimas) hoy, que su autor ha fallecido, vale la pena recordar una vez más que el precursor de la novela gay mexicana, con todo lo que de abarcable y complejo puede haber dentro de su concepción, fue Luis Zapata, con la irrupción en la vida cultural nacional de “El vampiro de la colonia Roma”, que comenzó a andar por estos barrios de Dios castísimo y bien portado desde 1979.

Ya antes lo relacionado con “lo gay” -como lo señalaba con recato la maledicencia popular desde que el término arribó a nuestra tierra blanca, verde y colorada-  había tenido sucesivas apariciones en la tradición literaria nacional. León Guillermo Gutiérrez señala, en texto publicado por la Revista de Humanidades del Tec (“El vampiro de la colonia Roma. Función del espacio y el cuerpo en el discurso homoerótico”), que los antecedentes pueden hallarse enclavados durante los años cincuenta del siglo pasado, con la publicación del cuento “Los machos cabríos” de Jorge Ferretis y que durante los sesenta sucesivos relatos firmados por Jorge López Páez, Vicente Melo y Carlos Fuentes (quien ya antes había dibujado un personaje gay al crear al riquillo Gus para dotar de contraste a “La región más transparente”) habían recurrido a la temática homosexual para construir sus respectivas historias. Pero fue hasta que Adonis García habló por primera vez ante la grabadora inflada de preguntas que Luis Zapata le puso enfrente (para con esa larga conversación crear una historia de enorme profundidad, valentía y gracia), que la literatura gay entró de lleno a la contracultura, metiéndose por entre sus bajos fondos clandestinos, donde la academia sencillamente no repara nunca. A sus justísimos 41 años de vida desde la aparición de su primera edición, “El vampiro de la colonia Roma” continúa siendo una historia tan honesta y poderosa como el día de 1979 en que apareció, escandalizando a quienes desde el México de aquel ayer suelen ver la realidad a través de un filtro de purísima blancura que no permite registrar mínima mancha.

Con Luis Zapata desaparece una de las figuras representativas del momento en que el país inició su tránsito lento, lentísimo, a la normalización de las diversidades, pero también se va el ícono responsable de la aparición de un libro emblema, colmado para siempre por la esencia de su personaje libérrimo: un Vampiro más inmortal que todos los vampiros.

@elimonpartido