Redacción Animal Político · 25 de marzo de 2023
En el mes de la mujer, en el que tomamos las calles para pelear por nuestros derechos y para exigir no más feminicidios, no más agresiones y el respeto a la igualdad entre hombres y mujeres, una niña de Oaxaca de 12 años no puede ejercer su derecho a aprender, ese derecho que le da la Constitución, simplemente porque ella eligió vestir uniforme con pantalón en vez de falda.
En una regresión difícil de creer: desde el mes de enero la directora de la escuela, apoyada por algunos padres y madres de familia, así como por maestras y maestros, le impidieron a Paola ingresar a la escuela telesecundaria José Vasconcelos, ubicada en la comunidad de San José Manialtepec, en Oaxaca, con el argumento de que no vestía el uniforme que le corresponde debido a su género.
Esta grave violación es permitida por la escuela que debiera ser quien defendiera y garantizara su derecho a la educación y a aprender; pero, por el contrario, es la misma comunidad escolar quien la ha discriminado, agredido e impedido la entrada a la escuela.
La familia de Paola, principalmente su madre, quien en todo momento ha defendido a su hija y su derecho de elegir libremente cómo vestir, interpuso y obtuvo un amparo para que la niña pueda acudir a la escuela con pantalón, pero ni siquiera esta orden judicial ha logrado que pueda volver a las aulas. El 10 de marzo la escuela cerró sus puertas para impedirle el acceso y el caso será resuelto por una asamblea del pueblo, que son los que tienen la máxima autoridad en la zona. Esta acción es preocupante porque detrás de esa decisión se encuentran personas que se rigen por usos y costumbres y no personas que comprenden la importancia de la equidad de género.
Cuesta aceptar que estas situaciones se sigan presentando cuando se ha avanzado en la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y más aún cuando esta la lucha se hace cada más presente y visible. En Mexicanos Primero consideramos y hemos promovido constantemente que la escuela debe ser ese espacio de igualdad y respeto, y el primer sitio donde se atienda la desigualdad y violencia de género, a fin de crear ambientes seguros y libres de discriminación para niñas y mujeres. Y si en la escuela misma suceden violaciones a derechos como lo que sucede con Paola, ¿qué podemos esperar que pase fuera de ella?
Recordemos que el artículo tercero constitucional dice, entre otras cosas, que toda persona tiene derecho a la educación y que está será “obligatoria, será universal, inclusiva, pública, gratuita y laica. (…) La educación se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva. Tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a todos los derechos, las libertades, la cultura de paz y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia; promoverá la honestidad, los valores y la mejora continua del proceso de enseñanza aprendizaje… El Estado priorizará el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos”.
Y el artículo 146 de la Ley General de Educación subraya que: “La adquisición de uniformes y materiales educativos, así como de actividades extraescolares, no podrá condicionar la prestación del servicio público referido en esta Ley”. Así que, si las mismas leyes señalan que el uso del uniforme no es requisito para ejercer el derecho de una menor a estar en la escuela y aprender, quiere decir que las acciones del personal educativo y familias que impiden a Paola ingresar a la escuela, porque eligió usar pantalón y no falda es, no solo descalificable en términos de respeto, sino también una ilegalidad.
El tema del uso del pantalón siempre ha sido controversial, pero ya tenemos un antecedente de cómo se ha resuelto. Recordemos que, desde 2019, en la Ciudad de México se reglamentó el uso del uniforme neutro, es decir que el uso de falda o pantalón en las escuelas de Educación Básica es de libre elección y en ningún caso podrá restringirse, ya que fomenta un trato equitativo y sin discriminación dentro de planteles educativos. Sin embargo, en muchos otros estados del país sigue habiendo distinción del uniforme, especialmente para las mujeres, sin tomar en cuenta el clima, o la comodidad que el pantalón les da para correr, brincar, jugar, o simplemente respeto a su elección. No podemos seguir insistiendo en que el uniforme tenga género, ya que es un problema que dificulta la seguridad de las estudiantes, así como su propia socialización.
En Mexicanos Primero realizamos una publicación, resultado de una serie de conversatorios con mujeres de las comunidades escolares, que nos ofrece evidencia de lo que sucede en las escuelas, charlas en las que encontramos que, aunque hay esfuerzos y avances en el camino a la igualdad, las escuelas no son espacios 100% libres de discriminación por género. En esta publicación, llamada Escucharnos, Perspectiva de Género en la Escuela (que se puede encontrar en www.mexicanosprimero.org) también se habla justamente de la desigualdad en el uso de los uniformes y en cómo se sienten las niñas cuando son obligadas a usar una prenda que no les es cómoda y les dificulta sus movimientos.
El foco en las escuelas debería estar en que las niñas y adolescentes aprendan y participen plenamente y no en si usan una prenda o la otra, lo cual constituye una decisión personal. Además de que por portar un uniforme específico no van a aprender más o mejor. El aprendizaje no se genera con la ropa que se trae puesta, sino con las herramientas que llevan a las aulas tanto maestras, maestros, niñas, niños y jóvenes.
La exigencia es, por supuesto, que Paola y su familia puedan ejercer un derecho que les pertenece, pero también una mayor atención a los reglamentos sobre uniformes, así como una formación docente desde la perspectiva de género, para ir generando un cambio cultural y sistémico que asegure que ninguna se quede fuera o deba enfrentar barreras mayores por el hecho de ser mujer.