Redacción Animal Político · 9 de julio de 2021
Desde mediados de mayo, la figura de Donald Trump ha vuelto a aparecer en la opinión pública en forma de demandas en su contra, pero también en sucesivos rallys recaudatorios para su causa donde el expresidente ha sido el orador principal.
En el último de ellos celebrado el primer fin de semana de julio en Florida, Trump reafirmó su estampa de líder espiritual de una secta que, siguiendo la estrategia de obstruir, destruir y delirar, tiene cojeando a la otrora famosa y célebre democracia estadunidense que siempre se ha presumido como ejemplo para el mundo.
No es un secreto que mister Donald Trump atesora casi todos los defectos de personalidad necesarios para ingresar en la categoría de gurú: Es narcisista, egoísta, sexista, manipulador, mitómano compulsivo, estafador, misógino, racista, ignorante, rencoroso, envidioso, supremacista blanco y, como tal, impulsor en jefe de muchas de las más disparatadas teorías de la conspiración que ahora tiene patidifuso y enfrentado al pueblo norteamericano.
Como líder ha basado su éxito en muchas falsas premisas como esa de reiterar que él “no es un político”, con lo que pretende justificar sus comportamientos erráticos, esfuerzos polarizantes y dudosos valores morales, tristemente compartidos por casi la mitad de la población norteamericana que en el 2016 lo llevó a la presidencia y ahora busca devolverlo a ese lugar.
A ese sector, cabe aclarar, no parece importarle que algunos de los rumores esparcidos por ellos mismos no soporten el más mínimo análisis, como ese donde los demócratas representan la amenaza de que el “socialismo” o peor aún, el comunismo tome por asalto el gobierno de los Estados Unidos. Otra de esas historias dice que el partido del presidente Joe Biden es dirigido por el mismo Satanás quien desde la deep state comanda a una banda de pedófilos que se comen a los niños en rituales satánicos que no pudo concebir ni el mismísimo Charles Manson. Eso me lo dijo, por cierto, un fanático mexicano del culto que acudió a Washington en febrero pasado a seguir de cerca el juicio político de su líder.
El más reciente de los rumores fue concebido por uno de los soldados de la desinformación trumpiana, don Mike Lindell, conocido como “My Pillow Guy”, un millonario que vende almohadas y colchones, y quien derrama la versión de que los recuentos de la elección presidencial, como el que se lleva a cabo en Maricopa, Arizona, se multiplicarán en otros lugares y al final revertirán el resultado de las votaciones dando el triunfo a Trump quien sería reinstalado en la Casa Blanca en algún día de agosto próximo. Hilarante.
En los mítines de su reaparición, el “El-Dos-veces-enjuiciado-jubilado-de-Florida”, como lo definió la vocera de la mayoría demócrata, Nancy Pelosi, ha reforzado su arrastre popular entre esa amplia capa conservadora. La peor parte, es que la secta tiene agarrado del cuello al Partido Republicano y obliga a sus miembros a repetir cual muñecos de ventrílocuo el argumento de que la elección presidencial del 2020 le fue robada pues Trump “la ganó de calle”.
En medio de esta vorágine de fake news los liderazgos del Partido Republicano, ya aceptaron vender su alma al Diablo Donald, al menos hasta que los resultados de las elecciones intermedias del 2022, les hagan ver que esa era la apuesta correcta, pese a que toda la precampaña deba descansar en la falacia de la elección robada.
“El Partido Republicano no va a ningún lado sin Donald Trump” dijo el senador Lindsay Graham apenas los primeros días de mayo. Otro de los que no dudan en mostrar su adhesión al culto es el líder de la minoría en el senado, Mitch McConnell, quien prometió que su misión “al 100 por ciento es detener el avance del gobierno de Joe Biden” aunque eso signifique afectar a sus propios votantes.
Y es que, en el partido del elefante (¿en la sala?), prefieren ignorar que el actual presidente, o sea Biden, busca restaurar la república, controlando primero al coronavirus pretendiendo vacunar a toda la población, generando empleo después y luchando contra otras potencias del orbe que crecen al doble que la otrora nación más poderosa del mundo. En pocas palabras lo que Biden pretende, por decirlo en términos más coloquiales y mexicanos, es recoger el cochinero dejado por la anterior administración.
Ya no es secreto que las políticas republicanas son dictadas desde el resentimiento de Trump. El más claro ejemplo es el intento republicano de reformar las leyes electorales en al menos 48 estados, con la intención de restringir el voto de minorías afroamericanas y latinas. Otro de los deseos del líder de la ultraderecha es obstruir cualquier avance del gobierno de Biden, pero su orden más delirante es la de seguir empujando teorías conspiranoicas creadas por ideólogos como Stephen Miller, y replicadas por Fox News. Para no ir muy lejos, esta semana desinformaron en ese canal sobre los esfuerzos de vacunar a todos los ciudadanos, que tiene a muchos estados pro-trumpistas con bajos niveles de inoculación, a las puertas de una nueva ola de contagios por la variante Delta del COVID.
Aunque los Estados Unidos tienen una rica tradición en sectas, los manuales reclaman que dirigir una no es tarea sencilla pues demanda la atención completa del gurú a cargo. Por lo mismo se debe reconocer lo hecho por Trump, quien divide su tiempo entre los campos de golf y los escritorios donde se dirimen las demandas penales y civiles en su contra. A ratos, se da tiempo de impulsar su culto en detrimento de las instituciones democráticas las cuales, por cierto, juró defender.
¡No cualquiera!