blogeditor · 12 de agosto de 2019
Un reciente análisis del diario USA TODAY destaca que, a partir de su toma de posesión en enero del 2017, Donald Drumpf ha utilizado vocablos tan combustibles para su base electoral como invasión y asesino más de quinientas veces, cifra resultado de un estudio semántico de sus parrafientas alocuciones en un total de sesenta y cuatro mítines políticos a todo lo largo y ancho del país que desgobierna. Un arqueo de su época prepresidencial seguro arrojaría cifras aún más escandalosas.
Trump ya tuiteaba el término ‘invasión’ para describir la migración sin documentos desde el mes de agosto en 2015, cuando citó directamente a uno de sus seguidores que exigía ‘un alto a la invasión’. Pero su uso fue objeto de escrutinio adicional tras la queja del perpetrador del ataque a la sinagoga ‘Árbol de la Vida’ en la ciudad de Pittsburgh, sobre las y los ‘invasores’.
Aún así, Trump siguió machando el término en Twitter y en sus mítines, o alguna variación del mismo. Utilizó esa palabra cuatro veces en dos rallys el 4 de noviembre, cuando faltaban dos días para la elección intermedia de 2018 […]
Volvió a usar el término en un mitin en Iowa en marzo, aclarando a sus seguidores que el país ‘enfrentaba a un millón de ‘ilegales’ precipitándose hacia nuestras fronteras. Es una invasión’…
… así el cierre con punch, del demagogo y presidente.
El conteo discursivo de Trump de acuerdo al periódico, era el que sigue.
Extraño o extranjero (Alien, en su acepción acendradamente peyorativa, se entiende): 213
Animal: 34
Criminal: 189
Asesino: 32
Depredador: 31
Lárguense de nuestro país (En inglés: [get …] the hell out of our country): 43
Y hubo tela adicional para confeccionar los andrajos retóricos del deslenguado emperadoide.
Contra la opinión de la gran mayoría de familias afectadas por la enésima masacre uno y dos, con armas semiautomáticas en El Paso y Dayton, Il Duce de Queens decidió acudir a ambas urbes para mostrar sus ‘credenciales’ de estadista entrecomillado.
Aprovechó el viaje para tuitear conspiraciones demenciales -que involucran, según su enfebrecida ‘imaginación’- a los senadores Elizabeth Warren, Bernie Sanders (precandidatos demócratas/progresistas), y Antifa en el atentado de Ohio, por las (aparentes) simpatías del agresor ultimado por la policía en ese lugar.
Y como cuenta con incontables habilitadores, esto publicó en su Twitter Dan Scavino, Jr., vasallo oficial de redes del cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos en su historia.
‘Al presidente lo trataron como una Estrella de Rock en el hospital, así puede observarse en video. Todos amaron ver al gran Presidente [sic]’.

De cuerpo entero el supremacista blanco y Tirano Banderas en su versión norteamericana.
Lo del niño huérfano de la masacre en El Paso será objeto de estudio por parte de especialistas cuando el trumpiato repose en el basurero de la historia.

Con idéntico gesto con el que expresó su ‘simpatía’ por el sector latino degustando un taco bowl en Trump Tower el cinco de mayo de 2016, tras haberlo motejado un año antes como violador y asesino, Trómp se tomó la foto de rigor acompañado de su esposa @flotus.

Pareja Trump-Knavs con el bebé Paul Anchondo, hijo de Jordan y Andre, los padres que murieron protegiéndolo de las balas durante el atentado terrorista en Walmart, cuyo perpetrador viajó en auto desde la ciudad de Dallas para ‘buscar y asesinar mexicanos’. El equipo de la Casa Blanca que acompañaba a Trump solicitó a la familia del niño que éste fuera llevado al hospital (el mismo que ya lo había dado de alta: tenía fracturados dos dedos de una mano), específicamente para participar en la monstruosa e infaltable Oportunidad electoral republicana para la foto.

Por añadidura, Drumpf realizó la semana pasada las siguientes proezas:
* Presumió, en ese mismo hospital de El Paso y en plática grabada con el personal médico, que en un evento político en su honor que tuvo lugar en esa ciudad en febrero la asistencia había sido mucho mayor que el simultáneo del demócrata –precandidato presidencial de su partido, e hijo predilecto– Beto O’Rourke.
* Criticó como ‘cobarde’ (sin que nadie le solicitara su particular opinión) al supremacista y asesino que se entregó a la policía en lugar de morir acribillado en Texas. Lejos de disculparse por su propio discurso incendiario, culpó a los juegos de video, la salud mental u otras causas ajenas a la suya propia.
* Despotricó contra dos funcionarios demócratas en Ohio (la alcaldesa de Dayton Nan Whaley y el senador Sherrod Brown) por haberle ‘faltado el repeto’. Al intentar obtener raja política, el niñete Drumpf confirmó –por si hacía falta- los verdaderos motivos de sus visitas a ambas ciudades norteamericanas: también, los resortes nada ocultos de su biografía.
* Grabó videos propagandísticos y anuncios de campaña, con obligada banda sonora de fondo (sin pensar siquiera en dar relativo consuelo a las familias afectadas, pues carece por completo de empatía; no entiende de esas cosas, ni sabe simularlas) para subirlos ipso facto a su cuenta en Twitter desde los hospitales donde convalecen las víctimas y sus familias (que en la inmensa mayoría de los casos, declinaron participar en el circo trumpense que hubiese significado la visita de la Primera Pareja estadounidense, y su séquito o comitiva, con loas, imágenes y videos de eterno agradecimiento a su infalible persona).
Esto dice la Clínica Mayo sobre el Trastorno de la Personalidad Narcisista, que se ha vuelto condición irrenunciable del trumpismo.
Quien lo padece:
La campaña electoral de Trump ha circulado en 2019 más de 2 mil anuncios en Facebook, alertando de una inexistente ‘invasión’ a los Estados Unidos.
Con este facsímil de ser humano tendrá que seguir lidiando la diplomacia y las fuerzas de seguridad: el Estado mexicano entero, convertido ahora en guardia pretoriana (cuando no, activo promotor internacional de su reelección, en 2020) del abominable magnate color naranja.