Redacción Animal Político · 25 de agosto de 2025
El tren falla y desde la más alta plataforma del Gobierno se montan un par de diapositivas y se reduce el asunto a “un incidente”, indultando así a la Secretaría de la Defensa Nacional y demás cómplices de la falla del tren ilegal.
Los percances de vía o interrupción de flujo —varios ya desde la inauguración qué elijas— no son accidentes, son consecuencias. Especialistas nacionales e internacionales lo advirtieron, la ley buscaba prevenir que se llevaran a cabo obras de una forma tan irresponsable. Ya sabíamos que esto iba a pasar, sabemos que habrá más fallas —muy posiblemente con peores consecuencias— y, aunque no nos alegra en lo absoluto tener razón, comprendemos tristemente por qué la población estalló en burlas en redes, más aún cuando para deslindarse de los hechos funcionarios recurren a eufemismos, te piden que te acostumbres a que estas cosas sucedan y apelan a la reciclada demagogia de siempre… Y, para extender la tragicomedia, obtienen vítores ignorantes, interesados, resentidos y de esbirros que diluyeron sus conocimientos en devoción partidista, que con delirante petulancia solo tienen consignas y emoticones para denegar la realidad.
Otra consecuencia de no escuchar a los especialistas que alzaron la voz es el exorbitante costo de la obra que supera los 500 mil millones de pesos, una cifra que pudo haberse convertido en verdadero progreso y no en el fraude rampante que solo benefició a una campaña política y a un puñado de empresarios. Para ponerlo en una perspectiva más cercana al entendimiento, a finales del 2024 el costo de la obra ascendía a 515,762,000,000 pesos mexicanos. Divídelo entre 20 = 25,788,100,000. Esta enorme cifra divídela entre 365 = 70,652,328.767123.
Casi 71 millones de pesos DIARIOS por 20 años. ¿Qué podría haber hecho el sureste en salubridad, educación, seguridad, etc., con esa cantidad diaria bien invertida?
Contrataciones directas y adjudicaciones a compañías que han sabido ser buenas acompañantes de ambiciosos funcionarios. Asignación de contratos a personajes ligados a la familia presidencial, como para la venta de balastro, del que poco y nada se supo de su calidad, pero sé se supo del obsceno sobreprecio.
¿Se acuerdan de que a algún ignorante se le ocurrió que podían descargarlo en Puerto Morelos? Una ocurrencia que la ciudadanía pudo detener y se evitaron así más consecuencias.
El sobrecosto solo se incrementará. La ocupación del tren es y será insuficiente. No era prioridad un tren, pero los tramos 1,2, 3 y 4 pudieron ser, si no rentables, al menos útiles. Se desperdició esa oportunidad. Los que siempre estuvieron condenados al fracaso son los tramos 5, 6 y 7, impuestos neciamente en la selva cuando el Gobierno se doblegó a un puñado de hoteleros. Hoteleros que se dispararon en los dos pies, pues el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) calcula una pérdida de más de $ 14 mil millones de pesos para hoteles y operadores locales. El flujo de turistas entre Cancún, Tulum y Palenque disminuyó en más de 22 % respecto a 2023, según la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya.
¡Pero se crearon empleos! Empleos mal pagados, que explotaron a grandes cantidades de trabajadores en una obra que no generó las oportunidades prometidas. Por el contrario, se expropiaron tierras y se despojaron territorios ¡pero se crearon áreas protegidas! ¿Protegidas de quién? Se vendió la selva a complejos turísticos y hoteles dentro de estas áreas protegidas: el ejército de hotelero, Daniel Chávez Morán de Vidanta de asesor presidencial y los hermanos González Alcocer desarrollando Calakmul. Carnaval inmobiliario con comparsa hotelera al cuarto compás.
Los ciudadanos, organizaciones y académicos que conforman SelvaMeMx convertimos nuestras advertencias en documentación de los daños. Ni una sola voz se alzó sin estar respaldada por hechos. Según datos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), la destrucción de selva en los tramos 5 y 6 del tren es de más de 2,500 hectáreas. El impacto ambiental incluye la fragmentación de corredores biológicos, destrucción de Cenotes, la afectación del acuífero y la pérdida de hábitat de especies protegidas como la Dama Blanca, la Anguila ciega y el emblemático jaguar, que el tren utiliza cínicamente para promocionarse.
El Tren militar, el tren ecocida, el tren ilegal que nada tiene de Maya, es antónimo de justicia social, y la devastación que arrastra es antónimo de progreso para la región. ¿O no ves como la mancha virulenta se expande voraz dentro de la selva, con proliferación de caminos que la segmentan, reemplazando árboles por estéticas palmeras, cenotes por balnearios y a la fauna endémica en nociva, no ves cómo se le incendia?
Aún hay mucho que proteger. Los mismos argumentos que se utilizan para crear el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya aplican en la selva de Quintana Roo. Urge que tomemos decisiones basadas en los hechos, no en la propaganda. Urge proteger el acuífero y la selva, no carreras políticas e inversionistas sin escrúpulos.
* Jose Urbina Bravo (@tiburon_pepe) es buzo de cuevas e integrante de Selvame del Tren (@SelvameMX).