Profesores de escuelas privadas y su traslado en bici. Una propuesta bioética

blogeditor · 13 de julio de 2020

Profesores de escuelas privadas y su traslado en bici. Una propuesta bioética

Dentro de las instituciones educativas, los docentes son la carta de presentación por excelencia: “un ejemplo a seguir”. Por ello las diversas instituciones, desde sus inicios, nos han dotado de una carga no sólo académica, sino moral y en varios momentos ética. Pero ¿y la Bioética? La Bioética pretende dar una guía respecto a la vida en su conjunto: no solamente respecto a la vida humana, sino a todo tipo de vida y a la relación que los seres humanos debemos guardar con ella.

Ya en 1988, bajo el mandato del entonces presidente Miguel de la Madrid, se estableció la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, misma que a la fecha (y con sus modificaciones pertinentes) menciona en el Capítulo 1ro Art. XXXVIII:

Educación Ambiental: Proceso de formación dirigido a toda la sociedad, tanto en el ámbito escolar como en el ámbito extraescolar, para facilitar la percepción integrada del ambiente a fin de lograr conductas más racionales a favor del desarrollo social y del ambiente. La educación ambiental comprende la asimilación de conocimientos, la formación de valores, el desarrollo de competencias y conductas con el propósito de garantizar la preservación de la vida.

Sin embargo, el sector educativo se divide en dos grandes esferas: privada y pública, y en ésta última para el ingreso y la permanencia del docente se establecen condiciones generalmente vinculadas con la práctica y desarrollo intelectual del mismo, como grados académicos, publicaciones, investigaciones, concursos de oposición, por ser los más conocidos. Su vestimenta se relega a un plano que no condiciona ni su llegada ni su estancia. En cambio, en el sector privado, la mayoría de las veces, si bien se piden ciertos requisitos académicos, se ponen en primera instancia y como condicionante tanto para su ingreso como para su permanencia una “excelente presentación”; ello implica varios aspectos que a simple vista parecen aislados, pero no lo son.

De entrada está la obligación de emplear ropa en “buen estado”, lo que implica la compra innecesaria de un cierto tipo de vestimenta —a pesar de que existen estudios que han dado cuenta de cómo la industria textil es actualmente unas de las principales contaminantes del planeta—además de enviar el mensaje equivocado de que el conocimiento depende del aspecto físico. Hay que enfatizar que la labor del docente (a diferencia de otros sectores laborales) implica una función estrecha con el manejo de información y su capacidad didáctica para con el alumnado, sin olvidar su compromiso integral para con la sociedad; nada de eso incluye tal condicionante injustificable de vestimenta impuesta por el sector educativo privado.

En febrero de 2010 Marcelo Ebrad, entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, echó a andar el proyecto Ecobici, medida alternativa para fomentar el traslado de los ciudadanos a sus centros de trabajo y/o escuela. Dicho proyecto, si bien tiene sus deficiencias y limitaciones, cuenta entre sus beneficios el impacto favorable en el medio ambiente.

Lo anterior y el citado artículo XXXVIII de la Ley General del Equilibro Ecológico y la Protección al Ambiente se suman al compromiso de facilitar la percepción integrada del ambiente. Para cumplir dicho propósito tendría que ser prioritario anular y reconsiderar los mencionados estereotipos de la “excelente presentación del docente”, dando prioridad al compromiso para con el medio ambiente; pues si bien el uso de la bicicleta favorece al propio organismo, también implica evitar la contaminación del aire y beneficiar a la capa de ozono. Ser un ejemplo para los estudiantes tendría que estar ligado también al hecho del traslado y a la manera en que los ciudadanos podemos contribuir al cuidado de la “casa” que habitamos y de los entes que nos rodean. Cuidado no solamente de la vida sino de todo lo que el mundo necesita para su subsistencia, con una visión integral del planeta, como lo marca la Bioética. En los sectores educativos, tanto privados como públicos, se han tomado medidas a favor de este medio de transporte: en la Ciudad Universitaria de la UNAM ya se cuenta con el sistema BiciPuma, que ofrece gratuitamente el préstamo de bicicletas a toda la comunidad; asimismo, otras instituciones públicas y privadas cuentan ya con espacios destinados a éstas.

Sin embargo, sólo en el sector privado de la educación se exige como condición al docente no usar, por ejemplo, prendas fabricadas con mezclilla o ropa deportiva, y la restricción incluye el sudor y el “despeinado” resultados del traslado en bicicleta, dado que son opuestos a la “excelente presentación” asumida. Una posibilidad sería llegar a cambiarse de ropa; sin embargo, para ello hay que tomar en cuenta el tiempo con el cual se dispone para realizar el cambio y la muda que se tendría que cargar cuando de por sí los traslados son complicados; además, si llueve, llevar impermeable debería ser una prioridad.

La propuesta tendría que ser considerada en todos los ambientes laborales; sin embargo, la educación es el sector que más debería de difundir la educación ambiental, misma que comprende la asimilación de conocimientos, la formación de valores, el desarrollo de competencias y conductas con el propósito de garantizar la preservación de la vida. En su caso la importancia radica en la inmensa incongruencia de insistir y reiterar la importancia de la “excelente presentación”, al estilo del dicho del Gatopardo: “que algo cambie para que todo siga igual”. Se esmeran en poner logos de reciclado, llamarse “escuelas comprometidas con el medio ambiente” y agregar espacios y estacionamientos para el uso de las bicicletas, pero en el fondo impera más la apariencia.

Hay que insistir y reiterar la importancia sustancial e inevitable de cómo la vida humana requiere necesariamente del cuidado de su casa; es decir, el planeta. Es necesario ser contundentes con el cuidado de nuestro entorno. El empleo de la bicicleta, si bien no puede ser la única solución ante la problemática ambiental, sí destapa y cuestiona nuestra posición en el mundo, y ésta última le compete a cualquier docente y tendría en dado caso que ser prioritaria, quizá obligatoria.

* Sandra Aidé Sánchez Palacios es licenciada en Psicología por la Universidad del Claustro de Sor Juana, maestra en Psicología de la Educación con la perspectiva psicoanalítica por el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación y doctora por el Instituto de Estudios de Posgrado en Psicoanálisis y Psicoterapia. Es Profesora de Asignatura de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Cuenta con diplomados dentro del área de Psicoanálisis, Filosofía y Tanatología con validez de la UNAM y de la Sociedad Psicoanalítica de México. Actualmente se encuentra estudiando una segunda maestría en Filosofía de la Cultura en la Facultad de Filosofía y Letras de la máxima casa de estudios.

 

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