blogeditor · 27 de agosto de 2021
“No quiero dejar de tocar. Temo dejarlo y hacerme viejo”.
Charlie Watts
Debe ser difícil pensar en la trascendencia cuando todo indica que se es tan sobrio y tímido. Sobran los documentales en los que, frente a la flamígera figura de Mick Jagger o el desparpajo agudo de Keith Richards, la figura de Charlie Watts contrasta en humildad y contundencia. “El verdadero líder de la banda”, han mencionado en muchas ocasiones sus compañeros para referirse a él. Pues bien, quiso la historia que esta semana The Rolling Stones se quedaran sin su verdadero líder.
En Life, su biografía publicada en 2010, Keith Richards rememora los primeros tiempos al lado de quien se convertiría en su socio por décadas: “Charlie tiene swing, definitivamente, pero no sabe hacer rock. Un tío estupendo, eso sí. Por aquel entonces (principios de 1963) no le había pillado el truco al rock and roll. Yo quería que le pegara un poco más fuerte, todavía sonaba demasiado a jazz para mi gusto. Sabíamos que era un batería estupendo, pero para tocar con los Stones Charlie tuvo que ponerse a estudiar a Jimmy Reed y a Earl Philips (que era el batería de Jimmy Reed) para captar de qué iba, para entender esa manera de tocar espaciando, minimizando (…). Charlie era el batería que queríamos, pero antes que nada: ¿nos lo podíamos permitir? Y segundo: ¿abandonaría parte del jazz que corría por sus venas por nosotros?”.
La historia se encargaría de responder esas preguntas: por supuesto, Charlie Watts se permitió abandonar parte del jazz que corría por sus venas en favor de tocar con The Rolling Stones, por casi sesenta años.
Muchos años, mucha música y un sinfín de recuerdos, pareciera que la música permite el milagro de la inmortalidad. Pero no es así aunque se tenga la edad del blues.
A través del teléfono me dice una amiga queridísima, fanática de los Stones que tiene todos sus discos y que esencialmente se parece a millones de amigas, fanáticas de los Stones que tienen todos sus discos (mismas que a su vez se parecen a otros tantos millones de amigos, fanáticos de los Stones que tienen todos sus discos…): “Ay. Eso es la vida, amanecer-ocaso, amanecer-ocaso… ay”. Suelta el llanto y yo sé que de fondo en ese instante el mundo (por lo menos occidente) está escuchando la que sea de The Rolling Stones, pues hace diez minutos se ha conocido la noticia de la muerte de Charlie Watts. La escena que narro sucedió hace ya algunos días, sin embargo permanece. Esta semana se ha ido una auténtica leyenda fundacional y si como a la muerte de Brian Jones fue Keith Richards, quien dijo que por él bien deberían volar un par de perchas de mariposas blancas, aquí es necesario pedir que vuelen en honor al baterista de la banda más longeva una ronda de aplausos monumentales, que contengan en su esencia el agradecimiento que millones alrededor del mundo prodigamos a aquel tipo elegante que, amando desde siempre tocar en una banda de jazz, terminó haciéndolo para un grupo de rock: el mejor, gracias entre otras cosas, a él.