blogeditor · 11 de octubre de 2018
Si una persona sufre un dolor de muelas, va al odontólogo; si tiene un dolor físico, va al médico… entonces, si sufre de algún dolor emocional, lo más adecuado sería buscar a un profesional de la salud mental, ¿no es verdad?
La realidad es que gran parte de las respuestas a las afectaciones en la salud mental están culturalmente relacionadas con la locura, la incapacidad, la debilidad mental e incluso con eventos paranormales. Las “heridas” psicológicas, entonces, tienen una carga social que puede estigmatizar y marginar socialmente a las personas. Sumado a esto, las instituciones de salud en países como México y Honduras invierten muy poco en el campo de la salud mental, aún cuando sus contextos de violencia desencadenan múltiples problemas en el estado psicológico de las personas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en estos dos países el presupuesto destinado a la salud mental es de solamente el 1.75% y 2% (respectivamente) del presupuesto total asignado a la salud. En México hay 1 psicólogo y 1.6 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, en un país en donde el 24.7% de los adolescentes se encuentran afectados por uno o más problemas de salud mental. En Honduras, el panorama es aún más complejo, hay 0.78 psicólogos y 0.82 psiquiatras por cada 100 mil habitantes.

Los jovenes, una población vulnerable
A nivel mundial, “el 50% de las enfermedades de salud mental comienzan antes de los 14 años, pero la mayoría de los casos ni se detectan ni se tratan, y el suicidio es la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años”, según la OMS.
La situación para los jóvenes es mucho más crítica en países como México y Honduras, donde algunas de sus ciudades ocupan lo primeros lugares en el ranking de violencia a nivel mundial, según la organización civil Seguridad, Justicia y Paz. Allí, los adolescentes se enfrentan a situaciones de violencia típicas de contextos de guerra, como reclutamiento forzado por parte de grupos armados, amenazas, violencia sexual, extorsiones y desplazamientos forzados.
Médicos sin Fronteras (MSF) actualmente tiene proyectos en toda la región latinoamericana con un fuerte enfoque en la salud mental de los jóvenes. La violencia, las brechas en el acceso a la salud (incluyendo la salud mental), los embarazos en adolescentes y la población que ha sido forzada a huir de sus hogares son las razones por las cuales MSF está trabajando en Venezuela, Colombia, El Salvador, Honduras, y México.
“Revivir involuntariamente los eventos sucedidos, no poder dormir o comer, sentirse culpable, perder el sentido de la vida y toda la sintomatología relacionada con la ansiedad, la depresión y la psicosis es lo que frecuentemente observan nuestros equipos que atienden a la población afectada por fenómenos de violencia o migración. Lastimosamente, también hemos podido observar la falta de acceso y servicios de salud mental por parte de las instituciones gubernamentales en estos lugares”, asegura Juan Carlos Arteaga, referente de Salud Mental de MSF para México y Honduras.

Futuros inciertos
El sufrimiento, el dolor y la impotencia en contextos humanitarios, son las expresiones que MSF utiliza para hablar de las afectaciones en salud mental. Las siguientes historias de María, Arturo y Estela reflejan y visibilizan la urgente necesidad de darle mayor prioridad a la atención en salud mental de los jóvenes que padecen la violencia.
* Los nombre fueron cambiados por motivos de seguridad.