El silencio del perrito de Tecámac

Redacción Animal Político · 7 de junio de 2023

El silencio del perrito de Tecámac

Dedico este artículo al perrito de Tecámac y a todos y cada uno de los animales

que son maltratados y asesinados todos los días y que reciben la

indiferencia cotidiana de los “seres humanos”.

 

Vimos hace días cómo un  cachorro de entre 6 y 8 meses llamado Scooby que vivía en Tecámac, Estado de México, tuvo la mala suerte de estar frente a un psicópata cuando éste salía de una carnicería y le aventó a una olla de aceite hirviendo. El perrito murió. Las cámaras de la calle captaron los hechos y la cara del presunto asesino, quien fue detenido y resultó ser un policía que además, golpeaba a su esposa. El dueño de la carnicería sacó al perrito de la olla y, al parecer, lo dejó abandonado y agonizante en un terreno baldío cuando vio que no había nada más que hacer. También hay mucho qué decir respecto a este señor.

El asesinato desató la indignación de miles de personas y fue señalado en los medios de comunicación, hecho sorprendente si consideramos que  nuestro país ocupa uno de los lugares más altos en América Latina de maltrato y abandono de animales de compañía y que rara vez se aborda esta realidad como noticia. De acuerdo con Anima Naturalis, se estima que 25 millones viven en las calles y que  7 de cada 10 animales de compañía terminan en las calles abandonados.

A nivel global, México ocupa el tercer lugar en maltrato animal y el primero en América Latina.  Las cifras son apabullantes. Si sumamos el número de animales en general, no sólo mascotas como perros y gatos que son maltratados a nivel mundial, las cifras son preocupantes: existen hoy en 2023, 5200 especies en peligro de extinción.

Los hechos son indignantes, pero tal vez debería indignarnos más la normalización de la violencia en este país,  la indiferencia con la que las personas la observan y la impunidad que le rodea.

De acuerdo con el Atlas de Maltrato Animal, entre 2019 y 2020 se abrieron 2511 carpetas de investigación, 155 agresores fueron detenidos y sólo se dictaron 18 sentencias en dos años.  El índice de castigo por maltrato animal en México es menor al 0.01%.

No es casualidad que México ocupe estos lastimosos y vergonzantes primeros lugares: de maltrato animal y de violencia contra las mujeres.

Hay quienes aún no comprenden la relación entre ambas realidades cuando están íntimamente relacionadas. Un medio destacó con sorpresa que el asesino de Scooby golpeaba a su mujer y que al detenerlo posiblemente se evitó un feminicidio más en el país. ¿Realmente es sorpresa? Está documentado que los animales son víctimas colaterales de la violencia de género y que un común denominador de todos los asesinos seriales es que desde jóvenes torturaron y asesinaron animales. Fueron sus primeras pruebas antes de empezar a probar con otros seres en situación de vulnerabilidad: niñas, niños, mujeres y ancianos.

Es común ver en  redes sociales y en periódicos locales crónicas de jóvenes que por diversión hacen explotar a animales o que juegan a que sus perros destrocen a otro perro y lo graban como si eso fuera un símbolo de su malentendida hombría. Más lamentable aún es ver la respuesta de las autoridades: no hacen nada o simplemente señalan que era un niño mal portado y “como es niño o joven no hay mucho que hacer” más que dar una reprimenda y les tiembla la mano para aplicar la justicia. Vergonzoso escuchar a artistas famosos reír y presumir sus relaciones zoofílicas como si fueran un juego y algo de lo que hay que vanagloriarse.

La violencia es violencia y debe frenarse. La violencia contra los animales es un indicador de la violencia de una sociedad.  Hoy es más vigente que nunca la frase de Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que se trata a sus animales”.

Los discursos populistas de defensa de los animales y la asignación de presupuestos que no son usados o se emplean sin supervisión no son suficientes. Hay que invertir en educación sobre los derechos de los animales tanto en las escuelas como en los órganos e instancias encargadas de hacer cumplir la ley en la materia, involucrar a los medios de comunicación, invertir en campañas de prevención y dejar de normalizar el abuso y maltrato animal. Hay que dejar de pensar en los animales como objetos. Nada, absolutamente nada, justifica la violencia.

El silencio de Scooby no quiere decir que sea invisible.

El silencio de Scooby es un reto para prestar nuestra voz a quienes no la tienen y hacer valer sus derechos.

@LaClau