blogeditor · 18 de marzo de 2014
El Metro del DF es uno de los principales medios de transporte de los chilangos, ya que en él se transportan aproximadamente cinco millones de éstos al día y la friolera de mil 850 millones de personas al año. Este dato no es menor, ya que este número de viajes equivale a mover 16 veces la población de todo el país que, según el último Censo de Población y Vivienda realizado por el INEGI en el 2010, es de 112 millones de personas (ya incluidos los cuatro millones de mexicas que se le aparecieron a Felipe Calderón). Nada mal para un medio de transporte con serios problemas de financiamiento, seguridad, mantenimiento, gestión y corrupción.
Sin embargo, dada la necesidad de que un creciente número de chilangos (y también no chilangos) se movieran del oriente al poniente de la ciudad (del este al oeste, para los despistados), es que se construyó la nueva línea 12 del metro. Esta flamante línea, llamada también “línea dorada” (que al final resultó ser un costosísimo espejito de poco más de 24 mil 175 millones de pesotes) corre de la hermana república de Tláhuac a la conflictiva zona de Mixcoac, con una afluencia diaria de poco más de 435 mil almas.
Pero como todo, resultó que la línea dorada también tenía su “negrito en el arroz” y apenas a un año y medio de su inauguración y a menos de tres meses del anuncio por parte de nuestras flamantes autoridades capitalinas de que el costo del boleto del metro subiría de tres a cinco pesotes, el mismito jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, anuncia que 11 de las 20 estaciones con las que cuenta la “golden line” serán cerradas al público. ¡Yisus Craist! Habrán dicho muchos.
Según las propias autoridades del metro, la causa de la suspensión en el servicio de más de la mitad de las estaciones de la recién estrenada línea dorada, es para darle mantenimiento a las vías.
[contextly_sidebar id=”f01df755f3b08a02ff6b485d79891796″]Mantenimiento. Del chilango reconstruir. Licencia literaria utilizada con frecuencia por nuestra alta burocracia chilanga, la cual pretende hacernos creer que es lo mismo darle mantenimiento a una línea del metro, que hacerle reparaciones mayores o reconstruirla, porque lo importante era inaugurarla lo antes posible para que los políticos de alcurnia pudieran salir en la foto, independientemente de si se hicieron puras cochinadas. Por lo general, durante el uso de este término, no hay nadie responsable de las consecuencias.
Según Joel Ortega, “responsable” del Sistema de Transporte Colectivo Metro, serán necesario realizar concienzudos estudios y correcciones a una “serie de deficiencias” en las vías, las cuales hicieron que las llantas de los trenes se desgastaran más de la cuenta y tuvieran que ser reemplazadas mucho antes de lo programado.
Me imagino perfectamente el cuarto de guerra del jefe de gobierno capitalino, en donde sus colaboradores más cercanos están sudando frío mientras esperan les llegue la inspiración para encontrar no un responsable del problema (recuerden que Fuente Ovejuna es mexicano), sino un eufemismo que le permitiera “informar” a la ciudadanía la urgente necesidad de suspender el servicio de 11 estaciones de la línea 12 del metro por “problemas de construcción”, a escasos tres meses de habernos enjaretado el aumento del 66% al precio del boleto del metro y refundir en el caos total a estas 435 mil almas chilangas que ya se hacían en la modernidad (ya hasta se reportaba la existencia de hipsters en Tláhuac).
Lo interesante del asunto, no es sólo que cientos de miles de chilangos hayan pasado de la modernidad a la edad media en cosa de horas (aunque ya entraron al quite 300 camiones RTP para dar servicio gratuito a los damnificados de los errores de “nadie” mientras se realizan las tareas de “mantenimiento”), sino que el Metrogate generó otro damnificado, éste último de la alcurnia política chilanga: Marcelo Ebrard.
Para el ex jefe de gobierno capitalino, el escándalo de la línea 12 del metro viene lo que se dice afectando sus aspiraciones de ser el mero mero del PRD, posición que se disputa (o disputaba) con el mismísimo “líder moral” de ese partido y heredero de la franquicia Cárdenas: Cuauhtémoc Cárdenas.
Si bien sabemos que el PRD es el ejemplo más claro del “estado de naturaleza” que alguna vez describió el buen Hobbes, el Metrogate parece más que buscar resolver un mega problema en materia de política de transporte en la capital del país, en donde se determinen responsables y que éstos reparen el cuantioso daño económico y social que se ha generado; también parece ser una escena de la novela de William Golding, “El Señor de las Moscas”, donde al final, lo que se busca es apoderarse de la cabeza de cerdo y controlar… al PRD (o lo que queda de él).