blogeditor · 2 de junio de 2016
Por: Ximena Campos
Bunia era la base de un equipo de MSF preparado para responder a las diferentes emergencias que pudiera haber en la región conocida como Provincia Oriental.
Cuando llegué, estábamos empezando la respuesta a una epidemia supuestamente de meningitis. El equipo había empezado con esta respuesta médica una semana antes de que yo llegara, ya en el terreno fuimos a la ciudad de Aru que se encuentra al norte de Bunia, a unos 320 kilómetros. Juntamos a todo un equipo médico y logístico, porque necesitábamos más recursos humanos. Llegamos, y entre los otros médicos que eran más experimentados y yo, nos dimos cuenta que pues eso no parecía meningitis. No teníamos certeza de qué era, pero no parecía meningitis, estábamos sospechando, que era una forma atípica de meningitis u otra enfermedad, entonces empezamos a tener intercambios de opiniones médicas: primero con la coordinación de MSF en la capital y luego con el departamento médico de MSF en la sede de Ginebra para aclarar el fenómeno que estábamos viendo.
Los síntomas no respondían a la definición del caso, pero sí respondían al tratamiento, muy curioso. Finalmente nos dimos cuenta que se trataba de una intoxicación por medicamentos. Se llevó a cabo el procedimiento necesario, se tomaron las muestras, con autorización del Ministerio de Salud, se mandaron a un laboratorio en París, y pudimos confirmar que era una intoxicación por medicamentos, probablemente por consumo de haloperidol.
Las emergencias
En este contexto, hay que agregar que también hubo un brote de cólera en la región del Lago Alberto, y una alerta de brotes de sarampión en Haut-Uele, en la zona de Viadana. Hicimos dos exploratorias en esta región, tomamos muestras y se comprobó que no era sarampión, que era rubeola, pero no hubo decesos.
Nos alertaron también de un pico importante de casos severos de paludismo grave, fuimos a investigar. Se hizo una donación de medicamentos pero el número de casos severos no rebasaba el número de casos anteriores, y el problema era la falta de tratamientos, no de personal médico a quienes capacitamos para administrar los medicamentos que donamos, que eran más nuevos que la quinina.
Tan lejos, tan cerca
Después fui a un training de introducción a la epidemiología y estadísticas médicas, en Londres. Desde allí coordiné una pequeña intervención humanitaria en la región de Nia-Nia, una zona donde hay minas cerca, y en donde hay una problemática común: la violencia sexual como arma de intimidación, por lo que MSF intenta brindar ayuda médica y en salud mental a sus pobladores.
Como médico, esta experiencia de poder atender varias emergencias en curso, al mismo tiempo, estando en el lugar o a distancia, fue un aprendizaje de coordinación muy importante. Debía manejar protocolos distintos para cada emergencia médica, y debía conocerlos de la A a la Z, fue un gran reto profesional.
País mágico, pero olvidado
República Democrática de Congo es un país que sin la ayuda humanitaria, no sobreviviría. Es una población muy olvidada, además yo estaba en el Noreste de RDC, cerca de Kampala, muy lejos del gobierno central. Pero la RDC es un país mágico, la gente es muy competente, el personal nacional es muy competente, la mayor parte de ellos llevan años trabajando con MSF, tienen mucha experiencia… Pero, por otro lado, no hay infraestructura, no hay caminos, no hay escuelas, no hay nada. La atención médica no es gratuita en un país en el que la gente vive al día con nada, por eso las actividades médicas gratuitas de MSF siempre son bien recibidas y la población se muestra muy agradecida”.
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