El reto de la educación con mujeres privadas de la libertad

Redacción Animal Político · 9 de febrero de 2023

Uno de esos viernes por la mañana manejando rumbo a Santa Martha Acatitla sonaba la canción del recuento de los daños, cuando empecé a pensar en las historias y sentimientos de todas las mujeres con las que trabajamos cada semana en el penal, ese del que todos hablan y en donde existen mujeres excepcionales con historias tan crudas y reales que superan cualquier tipo de ficción.

Las veo para el taller de corte y confección, nos vemos a las 10 de la mañana y desde que camino en los largos pasillos voy encontrando sonrisas que me acompañan hasta el salón preguntándome qué como está todo por allá (allá afuera). ¿Qué desayuné? ¿Hay tráfico? Pláticas que resultan tan triviales, pero que a ellas les regresan un pedacito de normalidad. Llegan ansiosas de aprender, de desprenderse tres horas de una vida complicada dentro del penal, para conocer un oficio que las ayude a solventar su vida adentro o afuera, un momento para ellas, para descubrir nuevas herramientas y para soñar que hay una vida después.

Siempre me ha sorprendido la habilidad, enfoque y dedicación que tienen para trabajar en las máquinas de coser, destreza que sin duda jamás podría tener yo, y al preguntarles que cómo le hacen, algunas me dicen que lo aprendieron con sus madres o con sus abuelas, el don viene de familia y entonces la plática se extiende y me dan espacio de conocer más sobre su infancia, su juventud, sus amores y desamores, la causa de su detención que siempre es un tema fuerte y delicado, pero sobre todo hablamos de sus ganas de tener una segunda oportunidad, de lo aprendido duramente y de las ganas de salir con su familia y poder tener una vida mejor.

Una mujer alguna vez me dijo: “en la cárcel si tú realmente quieres, se aprende, se mejora, se piensa y se crece”.  Ella está estudiando la preparatoria, es parte del taller de La Cana y es una gran mamá que cuida a su hija desde lejos, pero que está presente siempre.

Todas estas historias, mezcla de fuerza, dolor y amor se entrelazan mientras el hilo hace su magia con la tela y cuando menos te das cuenta las tres horas pasaron y por ahí sale una manta terminada, un trajecito de bebé o una funda para cojines. De la nada, crean cosas maravillosas con tanto amor que me parece que quien lo compre y tenga en su casa es una persona muy afortunada.

Sin duda con todo esto que he escuchado y aprendido refuerzo mi idea de la importancia del derecho de todas y todos a la educación, y vaya que tenemos un buen reto en este país, si consideramos que más de 4 millones de niñas, niños y adolescentes no asisten a la escuela, mientras que 600 mil más están en riesgo de dejarla por diversos factores como la falta de recursos, la lejanía de las escuelas y la violencia, 1 y sólo el 18% de las personas que empiezan una licenciatura logran terminarla. 2

Cuando volteamos a ver a las comunidades vulnerables del país los datos son aún más crudos: si bien existe la posibilidad de ir a clases de educación básica y media superior dentro de prisión, esto en definitiva no es suficiente y, más allá de estas clases, la oferta educativa es casi nula. La educación formal y no formal se vuelve elemental si queremos hablar de una reinserción efectiva; es importantísimo abrir diferentes espacios y maneras de aprender dentro de los penales, ya que sin ellos el reto de la reinserción se vuelve casi imposible. Ya decía Malala: “Un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”, y estoy de acuerdo, cuando tienes más oportunidades y puedes aprender diferentes cosas, la percepción de la vida te cambia. Desde La Cana le apostamos todos los días a esto y estamos seguras de que con educación y capacitación se crean caminos de vida distintos que nos lleven a vivir en un país mucho más pacífico y seguro para todas y todos.

Ahora debemos ir más allá. La educación es primordial para poder tener un empleo y adquirir nuevas y diferentes habilidades, sobre todo si nos ponemos a pensar que cuando una persona privada de la libertad por fin cumple su sentencia y logra estar en libertad, trae consigo antecedentes penales que parece que la condenan de por vida y, por ende, conseguir un empleo formal es casi imposible. Si a eso le sumas que eres mujer, madre y jefa de familia, las opciones se vuelven casi inexistente, pero no imposibles.

El reto es grande, pero “el que busca encuentra y el que quiere puede” (otra frase de una chica que admiro mucho dentro de Santa Martha). Gracias a los talleres de La Cana, las mujeres pueden aprender diferentes oficios que les ayuden a autoemplearse, a ser independientes económicamente, a no depender principalmente de una pareja y que les generen una visión diferente y un camino distinto para su completa reinserción social, donde cada mujer tenga la verdadera opción de optar por una vida distinta, con más herramientas y donde hoy La Cana, tú y yo podemos hacer una gran diferencia en la vida de muchas.

* Jimena Bello es Subdirectora Operativa de La Cana (@LaCanaMx).

 

1 SEP. Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional. Disponible aquí.

2 IMCO. El panorama educativo y laboral de los jóvenes en México. Disponible aquí.