¿Ese año la mataron o sólo registraron su homicidio? El reto de contar los asesinatos en México

Redacción Animal Político · 8 de febrero de 2023

Hace algunas semanas cuatro personas desaparecieron mientras viajaban en un auto de Zacatecas a Jalisco. Desgraciadamente, hace algunos días las autoridades confirmaron que encontraron los cuerpos de las cuatro personas en una fosa clandestina en Tepetongo, Zacatecas. Esta terrible historia ilustra por qué es motivo de festejo que la violencia letal parezca haber llegado a un tope. El gobierno federal reportó una disminución anual del 7 % de la violencia letal en 2022, comparado con 2021. Pero el caso ilustra algo más: las dificultades para medir y contar asesinatos. Los asesinatos de José, Irma, Daniela y Viviana probablemente serán registrados en las estadísticas de homicidios de 2023. Sin embargo, su homicidio ocurrió el año anterior –en diciembre de 2022.

La discrepancia entre el año que se cometió el delito y el año en que se registró complica el análisis temporal de la violencia y nos puede llevar a conclusiones erradas sobre su tendencia y magnitud. ¿Qué posibles sesgos hay en los análisis que utilizan el año de registro de los homicidios para medir la violencia? Este breve blog intenta responder esta pregunta.

Dos maneras de contar homicidios: ocurrencia y registro

La información que publica el INEGI sobre homicidios incluye, para cada homicidio registrado, el lugar y la fecha en la que ocurrió y en la que se registró cada homicidio. Es decir, en las estadísticas de mortalidad del año 2016 se incluyen la mayoría de las defunciones ocurridas en 2016 y algunas defunciones ocurridas en años anteriores que no se habían registrado. Esto tiene dos implicaciones importantes para el análisis cuantitativo:

  1. Que el total de homicidios ocurridos y registrados en un año dado no es el mismo.
  2.  Que el acumulado de homicidios ocurridos en años pasados cambian conforme se publican las bases de mortalidad de nuevos años. No así el total de homicidios registrados. Una vez que el INEGI publica las estadísticas finales de mortalidad para un año dado, no se agregan a estas bases nuevos registros.

Como se puede ver en la primera gráfica, la diferencia en el total de homicidios registrados vs ocurridos varía entre años. En el caso del 2021, el último año disponible, la diferencia es de más de 1300 homicidios registrados ese año, pero que en realidad ocurrieron en años anteriores. Lo mismo pasó en 2013, 2014 y 2015, cuando se registraron más asesinatos de los que hasta ahora sabemos ocurrieron ese año. Por el contrario, años como el 2011 y el 2010 tienen una diferencia positiva. Es decir, cientos de homicidios cometidos durante esos años fueron registrados hasta actualizaciones de años posteriores.

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La conclusión que resulta de la primera gráfica es que usar año de registro en lugar de año de ocurrencia de los homicidios en ocasiones subestima la intensidad de la violencia y en otras la sobreestima. ¿Esto qué quiere decir? Que hay dos formas en las que nos podemos equivocar al medir la violencia si usamos el año de registro. Podemos sobreestimar el número de homicidios como ocurrió en el 2021, 2013, 2014, 2015 y 2019. Si se registraron más homicidios de los que ocurrieron y usamos año de registro en el análisis, entonces estamos ignorando que varios de los homicidios registrados cada año se refieren a eventos que ocurrieron en años anteriores. En el límite -el año más reciente para el que haya información- siempre va a haber más homicidios registrados que perpetrados, pues no ha habido oportunidad de que el INEGI reporta homicidios cometidos ese año pero registrados en años siguientes.

La segunda es la posibilidad de subestimar el número de homicidios, como ocurrió entre 2007- 2012 y luego entre 2016-2018.  Esto pasa cuando ocurrieron más homicidios de los que se registraron en el año positiva. Y al usar año de registro estamos ignorando que en bases subsecuentes se agregan homicidios ocurridos en años anteriores que no habían podido registrarse antes.

Diferencias estatales

En general, la gran mayoría de los homicidios se registran en el año en el que ocurren, por lo que ambos sesgos son leves cuando se hacen comparaciones nacionales. Sin embargo, la magnitud de los sesgos cambia con los años y entre entidades del país, complicando el análisis intertemporal y geográfico de la violencia.

La siguiente gráfica muestra el porcentaje del total de homicidios que ocurrieron cada año y que fueron registrados ese mismo año. El porcentaje promedio es de 96.9 %, es decir casi el 97 % de todos los homicidios que ocurren en un año y un estado dado se registraron ese mismo año. Sin embargo, hay importante variación. Esta variación geográfica y temporal resulta en años-estado en los que usar el total de homicidios registrados subestima y otros tantos en los que sobrestima la intensidad de la violencia.  Por ejemplo, en 2013 en Baja California Sur se registraron solo el 80.4 % de los homicidios que ocurrieron durante el mismo año. En años con tan bajo porcentaje, el sesgo por de usar año de registro es sustancial.

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En la siguiente gráfica se reporta la diferencia en total de homicidios ocurridos menos registrados. Notoriamente, podemos ver que usar el año de registro al analizar la violencia resultaría en una subestimación sustancial de la violencia. Por ejemplo, en Baja California Sur en 2013 -donde solo el 80.4 % de los homicidios registrados ocurrieron ese año- se registraron 10 homicidios menos de los que ocurrieron ese año. En 2011 en Nuevo León, se registraron 150 homicidios menos de los que ocurrieron ese año. En Nayarit en 2018 y Colima durante 2019 se registraron 50 homicidios menos.

Por el contrario, en Tabasco en 2019 se registraron 15 homicidios más de los que ocurrieron ese año, mientras que en Durango en 2012 hubo 25 homicidios más registrados que perpetrados. La segunda conclusión es que el sesgo de usar año de registro cambia año con año y es distinto en los diferentes estados del país.

Correlación con violencia

El sesgo de usar año de registro del homicidio en lugar de año de ocurrencia en ocasiones subestima y en otras sobreestima la incidencia. Que el sesgo no sea sistemático (solo aumentar o solo disminuir) hace pensar que en promedio las estadísticas basadas en año de registro van a ser (casi) correctas. Sin embargo, si la dirección y la magnitud del sesgo varían sistemáticamente con la violencia, podemos llegar a conclusiones muy erradas sobre 1) la distribución geográfica de la violencia y 2) su distribución temporal.

Por ejemplo, imagine que entre más violencia homicida haya en un estado en un año, más tardado es registrar todos los homicidios y por tanto, en estados más violentos menos homicidios se registran el año en que ocurrieron. En ese caso tenderíamos a suponer que hay menos homicidios de los que en realidad hay en lugares muy violentos.

La siguiente gráfica muestra la correlación entre la tasa de homicidio estatal (eje vertical) y el porcentaje de los homicidios ocurridos en cada año que fueron registrados ese mismo año. Una relación negativa indicaría que, entre más intensa es la violencia, más grande se vuelve el subregistro y más importante es usar año de ocurrencia al momento de hacer el análisis. Esta relación negativa es exactamente la que observamos en los estados más violentos como Baja California, Colima, Guanajuato, Jalisco, Nayarit, Sonora, Nuevo León y Tamaulipas.

Por el contrario, en entidades como la CDMX, Campeche, Aguascalientes, Querétaro y Puebla, la intensidad de la violencia parece no estar correlacionada con el subregistro de homicidios. Es decir, la capacidad de estas entidades de registrar homicidios no parece disminuir cuando aumenta la violencia.

Para los estados de Hidalgo, Guerrero y Chiapas, por el contrario, podemos observar que la relación entre violencia y subregistro es incluso positiva, indicando que usar año de registro sobreestima la violencia. Sin embargo, en general, la tendencia para la mayoría de los estados parece ser o negativa o cercana a cero.

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La tercera conclusión importante es que usar año de registro en lugar de ocurrencia va a subestimar la intensidad del delito en los lugares más violentos y cuando la intensidad de la violencia aumente.

¿Registro u ocurrencia? 

No existe ninguna base de datos de homicidio que mida la violencia letal perfectamente. Año con año, podemos conocer cuántos y cuáles homicidios registra el estado y cuando se cometió cada uno de estos asesinatos. Dado que no todos los homicidios registrados en un año dado ocurrieron ese mismo año, al usar el año de registro en lugar del año de ocurrencia de los homicidios, corremos el riesgo de subestimar la intensidad de la violencia de años anteriores.

Sin embargo, ya que en cada actualización el INEGI incluye homicidios ocurridos en años pasados, asumir que todos los homicidios registrados en un año ocurrieron también en ese año potencialmente sobreestima la intensidad de la violencia -especialmente para los años más recientes. Por tanto, corremos el riesgo de que nuestro análisis cuente homicidios de más y de menos cuando usamos año de registro. La dirección del sesgo cambia año con año y estado por estado

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Han disminuido los homicidios en el país o no? Sí. La tendencia a la baja que inició en 2021 de hecho se vuelve más marcada cuando se utiliza año de registro, como muestra la última gráfica. Sin embargo, debemos esperar hasta la siguiente actualización de los datos -que incluirá la mayoría de los homicidios perpetrados en 2021 que no se registraron en la última actualización- para saber la magnitud del sesgo.

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Sin embargo, los resultados del análisis también indican que al usar año de registro en lugar de ocurrencia estamos contando muchos asesinatos de menos en ciertos años y ciertos estados. Esta diferencia es más grande especialmente cuando la violencia letal es más intensa.

Entonces ¿cuál de las dos medidas debemos usar? La medida conservadora. Eso quiere decir que cuando nos interesa saber si la información más reciente indica una disminución de homicidios a nivel nacional, lo apropiado es usar año de registro. Por el contrario, si queremos comparar estados entre sí o entender como cambia la intensidad de la violencia en los municipios con el paso de los años, lo apropiado es usar año de ocurrencia. De lo contrario corremos el riesgo de contar menos asesinatos justo en los lugares donde hay más violencia.

@datacivica