blogeditor · 17 de junio de 2011
Living a life of fear
I only want my mind to be clear
Salió de la casa con un humor de la mierda. Llegó al metro, vio de cerca a la muerte y el ánimo se le fue al suelo. No, éste no es un texto de amor, es un texto sobre la muerte, porque cuando alguien tiene un encuentro de ese tipo no puede hacer otra cosa más que vomitarlo si no quiere que lo persiga hasta en los sueños y se transforme en pesadilla. My suicidal dream.
Ella mira las vías, hipnóticas, esas que le hacen concentrar su mente en ese tipo de detalles que uno suele magnificar cuando se encuentra con un humor del diablo. Hay días, como éste, en que la negatividad la trae a flor de piel y las palabrotas a flor de labios. Todo está mal.
Mira alrededor y ve lo de siempre. Gente. Hombres y mujeres que no traen prisa por llegar a ningún lado. No repara en nadie, porque es normal que algunos traigan rostros largos, otros perdidos y los menos, contentos.
Todo sucede muy rápido. Una mujer se lanza a las vías y el metro la golpea sin piedad. Se detiene y las llantas rechinan. Silencio sepulcral. Por unos segundos, nadie grita. Ella lo ve todo. I dream about how it´s gonna end, approaching me quickly…
Hoy no sabe decir si los empleados del metro actuaron con una lentitud excesiva o si su mente le jugó chueco y distorsionó la realidad transformándola en slow motion.
Ella no pudo hacer nada, se paralizó con los ojos bien abiertos y vio una de las escenas más aterradoras: la mujer tendida, prensada entre las vías y el vagón, inconsciente y temblando, temblando con ese temblor con que el cuerpo se despide de la vida como resultado de los nervios destruidos. Parece que esa mujer todavía tiene el peinado impecable, un fleco ochentero y el cabello muy rizado. Es robusta, de unos 40 años. Era. My suicidal dream, voices telling me what to do.
De pronto a ella le viene un ataque de pánico, esos que nomás le han dado unas tres veces en su vida y que los reconoce porque no puede respirar, le dan ganas de vomitar y el cuerpo se le transforma en una piedra caliente. Y luego las lágrimas.
Llora por la escena, por la mujer muerta. Llora por escuchar comentarios como “¿¡por qué se le ocurrió matarse cuando tenía que llegar temprano al trabajo!?”, “¿¡puta madre por qué no buscan otra forma de morirse que no joda a los demás!?” Ella quiere agarrar a estas personas por el cuello, llevarlas a la pared y gritarles que lo que están viendo es una mujer muerta, maldita sea. Pero no puede, porque sigue paralizada.
Dreaming about my death ¿En qué estado tiene que estar una persona para decidir, en un segundo, lanzarse a las vías, jalar el gatillo, saltar al vacío, asfixiarse con la cuerda? Help me, confort me, stop me from feeling what I´m feeling now.
Mientras ella veía las vías y pensaba que hoy se veía miserable (la mayor preocupación de la mañana), una verdadera pendejada, la mujer tomaba la última decisión, la de matarse ahí mismo, porque hay cosas que uno ya no puede soportar y la vida es una de esas.