blogeditor · 28 de noviembre de 2022
Para nadie es un secreto que los casos de influenza se han multiplicado en las últimas semanas y que las personas con esta enfermedad cada vez son más frecuentes en nuestro círculo cercano. Y es que la llegada del frío aumenta los riesgos de contraerla.
El informe semanal de vigilancia epidemiológica sobre influenza muestra que del primero de octubre a la tercera semana de noviembre los casos confirmados han aumentado en 184 %. Aunque en el mismo documento se especifica que desde el inicio de la semana 40 de 2022 se han notificado 83 mil 954 casos de Enfermedad Tipo Influenza (ETI) e Infección Respiratoria Grave (IRAG), solo se han confirmado el 3 % de estos y 31 defunciones por este virus.
Bajo este contexto, el viernes pasado me dispuse a obtener una vacuna que disminuya las probabilidades de contagio y en caso de contraer el virus, la enfermedad no se complique. La Secretaría de Salud (SSA) informó a finales de agosto que del 3 de octubre de 2022 al 31 de marzo de 2023 se implementaría la jornada de vacunación contra la influenza.
Estableciendo como prioridad la inmunización de las personas de 60 años o más, niños de 6 meses a 5 años, personal de salud, mujeres embarazadas y personas con comorbilidades como enfermedades cardiacas o pulmonares, diabetes mellitus, obesidad, insuficiencia renal, enfermedades cardiovasculares, cáncer y personas con VIH/SIDA. La meta, según dijo la SSA, es que el 70 % de la población debe estar vacunada a finales de diciembre y el 100 % para el final de la campaña.
Sin embargo, no existe información sobre el avance de la inmunización y por lo menos en Ciudad de México (donde habito) es complicado encontrar un centro de salud que, en primera instancia, cuente con la vacuna y, en segundo lugar, la aplique a población que no es considerada prioritaria. En los lineamientos no se especifican fechas en las cuales los distintos grupos de edad podrán recibir el biológico, como sí ocurría en la vacunación contra Covid 19.
Afortunadamente, y tras buscar sin éxito en los centros públicos de salud de Ciudad de México, me enteré que la vacuna era aplicada también por privados. Ya sea en pequeñas clínicas, consultorios privados y hasta en los recientemente criticados consultorios adyacentes a farmacias (CAF), el biológico está disponible. En una rápida búsqueda, decidí acudir a vacunarme en un consultorio de Farmacias del Ahorro por cercanía, precio y accesibilidad (ya que se puede agendar una cita vía internet). Por un costo de 500 pesos, fui inmunizado contra la influenza en un proceso ágil, eficiente y rápido.
Pese a mi satisfacción por lograrlo, no pude evitar pensar lo afortunado que era, no solo por estar vacunado sino por haber conseguido la vacuna a un precio accesible. No obstante, ese “precio accesible” es relativo cuando observamos que 500 pesos significan el 15 % del ingreso promedio de un hogar mexicano ubicado en el primer decil, mientras que para un hogar del último decil esa cantidad apenas representa el 0.91% del total de sus ingresos. El porcentaje que podría destinarse a vacunación contra influenza aumenta en todos los deciles según el número de miembros que tenga.
Es por ello que, a pesar de que la vacuna contra influenza está disponible en el mercado, eso no se traduce en que sea accesible para todas las familias mexicanas y es ahí cuando la función del Estado es fundamental para llevar las vacunas a toda la población, creando una estrategia no solo por factores de riesgo sino también priorizando aquellos sitios en donde habita mayor cantidad de población con escasos recursos.
El fin es el mismo: reducir el riesgo de contagio de la mayor cantidad de personas posible antes de que el invierno llegue. Hasta ahora, y a falta de información, las vacunas están lejanas en el sector público y cercanas vía privados, lo que podría provocar que el acceso a ellas sea un privilegio y no un derecho garantizado para toda la población.