El príncipe y el nuevo embajador de México en China

blogeditor · 19 de noviembre de 2012

El príncipe y el nuevo embajador de México en China

“Lo que es lamentable,

 es que la relación de México y China atraviesa

 por el punto más bajo en sus últimos 40 años”

Emilio Lozoya Austin.

 

Los últimos 30 años de la China actual hicieron un mundo potencialmente más barato o accesible para que más personas sin importar su condición económica pudieran consumir o bien, emprender.

La fábrica del mundo china reconfiguró el mapa industrial mundial y potenció desde sus inicios  un sistema comercializador gracias al eje de competitividad de los costos -no de la calidad de la mano de obra- y a la facilitación comercial generada por el absolutismo político.

La mira del mundo y de las grandes empresas ha estado en el potencial del mercado interno. Por ello, los siguientes 30 años China volverá obsoleto todo el actuar mundial que el mismo país creó en estos años, gracias al potencial que generará su interior, transformando su economía catapultada por la exportación de bienes y servicios al desarrollo de una economía del conocimiento, la paraestatalización internacional, el desarrollo urbano de sus grandes metrópolis y el incentivo al consumo interno mayoritariamente con productos  y la industria nacionales.

Mientras, el discurso de la apertura comercial sigue su curso. China sabe jugar positivamente en el sistema de comercio mundial actual, teniendo la suficiente fuerza del mercado interno que permita contar con elementos que potencien la actividad externa.

Su agudeza comercial es sostenida en gran medida por su sensibilidad política. Prueba de ello, es el reciente décimo octavo Congreso en el cual coincide como cada década por el ungimiento de sus nuevos liderazgos.

El Partido Comunista Chino (PCCh), que rige el destino del país más poblado del planeta desde 1949, ha escogido a siete hombres para su nueva dirección colegiada, el Comité Permanente del Politburó.

Dicho evento constituye uno de los mayores esfuerzos de planeación política local que afectará el entorno económico global.

Como respuesta a ello, Obama inicia de inmediato una gira por Asia para medir fuerzas y posicionar su Acuerdo Transpacífico (TPP).

Sí, en efecto. Los 2.270 delegados que desde el jueves de la semana pasada participaban en el 18º Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) en Pekín votaron el miércoles pasado la composición del Comité Central —organismo integrado por 200 miembros, más unos 170 sin derecho a voto—, con lo que ha quedado clausurada la sucesión política más importante de China. Decisión política local, insisto, que reconfigurará el modelo económico mundial.

Esas 7 personas están conformadas por Xi Jinping,  a quien denominan “El príncipe” por ser hijo de un veterano dirigente del PCCh y quien es el nuevo secretario general en sustitución de Hu Jintao, como el candidato del consenso. De 59 años, ingeniero químico y doctor en teoría marxista, se convertirá también en los siguientes meses en el nuevo presidente de China y es quien ha colocado en la mesa el discurso para combatir la corrupción de manera decisiva en el país asiático.

Li Keqiang, será el nuevo primer ministro. Es el máximo representante de los tuanpai (liga de las juventudes comunistas).  Le acompaña Zhang Dejiang, quien dirigirá al PCCh de Chongqing, mientras que Yu Zhengsheng será su homólogo en Shanghái en representación  del ex presidente chino Jiang Zemin.

Liu Yunshan de 65 años es el jefe del aparato de propaganda del partido, camarada cercano a Hu Jintao. Le siguen, Wang Qishan y Zhang Gaoli.

Fuente: El País.

MEXICO FRENTE AL NUEVO PRINCIPE CHINO.

Mientras todo ello ocurre, la llegada del Presidente Electo, Enrique Peña Nieto, constituye un paso fundamental para transformar el estado de cosas que ha imperado entre México y China en los últimos dos sexenios, plagada por desencuentros comerciales que han ampliado aspiraciones nítidamente frustradas quitando la posibilidad de desplegar una verdadera relación estratégica que sólo de manera nominal califican ambos países. Curiosamente, de sus primeras iniciativas, coincide con Xi Jinping en un nuevo aspecto para el combate a la corrupción.

En medio de estas renovaciones nacionales, son las relaciones a nivel ciudad primordialmente lo que han mantenido a flote la relación bilateral regional, caso como la Ciudad de México y Pekín en la administración de Marcelo Ebrard.

En diversos foros, he venido insistiendo a lo largo de estos años que para contar con un contenido estratégico en la relación bilateral que nos ocupa, urge provocar esfuerzos de mayor profundidad y humildad en la comprensión de lo que está sucediendo hoy en China.

Es claro que la relación más importante para México es la que cuenta con Estados Unidos. Pero esa relación requiere de ser desempolvada y necesita un giro estratégico que transforme la relación bilateral a una agenda regional norteamericana que haga sentido un frente amplio para la dinámica que viene con China. El asunto del TPP constituye más que una decisión de comercio internacional una de precisa geopolítica regional.

La intención de darle un nuevo rostro al TLC usando el TPP es una aventura que requiere de análisis minucioso, no por lo que se podría ganar con Norteamérica en el largo plazo, sino lo que podríamos perder en el corto plazo con China.

China es hoy para México y para el hemisferio americano un tema de seguridad nacional.

¿Qué podríamos perder? Nos encaminamos en los siguientes seis y doce años a un mundo que tendrá una nueva democracia financiera, -gravitando en China y Asia-, que empujará nuevos valores políticos. Un corporativismo geopolítico de multinacionales que serán socios y no rivales de los Estados; un nuevo contrato social cuyo mantra central sería “me haces crecer; te otorgo el poder”.

Una demografía cambiante y movimientos migratorios de Occidente a Oriente y viceversa, que hará de los recursos naturales y de las fronteras un asunto de seguridad transregional y no sólo nacional.

China puede ser el motor, en gran parte, para encaminarnos a ser una potencia energética con la industrialización del gas y energías limpias- Una nueva política industrial podría permitir desplegar un nuevo sistema de comercio exterior con zonas de desarrollo económico y social. Con el flujo de inversión industrial mexicana podría desencadenarse emprendimientos y la aceleración de negocios, todo ello para ejercer y desplegar nuevos esfuerzos para una geopolítica del siglo XXI colocando de un lado a Norteamérica, a un lado a China y del otro lado a Centro y Sudamérica.

EL NUEVO EMBAJADOR DE MEXICO EN CHINA.

Ante tal escenario, es estéril calificar y centrarse en el pasado de las instituciones diplomáticas del sexenio del Presidente Calderón. Lo importante no es recordar, lo que a decir de muchos, México está en la peor etapa de su relación bilateral con China por la desastrosa operatividad diplomática, de perfiles improvisados carentes de nociones básicas de cómo manejar una relación con el país asiático, sino el colocar al perfil idóneo que sepa comulgar con una visión para dinamizar la relación bilateral en medio de este nuevo contexto global.

México debe inspirarse en los perfiles de extraordinarios embajadores como Don Eugenio Anguiano, o Sergio Ley, para crear una nueva etapa en la relación bilateral.

Dos perfiles son los que podrían necesitarse para tener un nuevo interlocutor político-diplomático con el país asiático. Uno, con amplia experiencia e interlocución política no sólo a nivel internacional sino capaz de aglutinar los sectores locales, con un necesario entendimiento y comprensión del significado que China tiene y que provoque esfuerzos precisos con resultados tangibles para el restablecimiento de la relación política y haga funcionales las instituciones bilaterales que se han creado para impulsar una nueva etapa comercial y de inversiones. Personas que representan ese perfil, en mi punto de vista, son Carlos Heredia Zubieta y Carlos Jiménez Macías.

Carlos Heredia, extraordinario catedrático y Director de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), ex diputado federal, es un amplio conocedor de la relación de México con Estados Unidos, conoce como pocos el significado del potencial militar de China y sabe en su imaginario cómo dilucidar una relación más inteligente con el país asiático.

Carlos Jiménez Macías es quizá el que mayor experiencia cuenta. Ex presidente de la Sección Asia Pacífico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de la República  ha propiciado una extraordinaria relación legislativa no sólo entre México y China sino con todo el Asia Pacífico y desde luego su amplia y cercana relación con el PCCh.

Otros perfiles también de interés son jóvenes que han tenido una importante participación en la vida mexicana en China, con amplia experiencia comercial, con consenso y buen reconocimiento de la comunidad mexicana en China, pero sobre todo de los liderazgos locales, y que si bien no tienen la experiencia política, cuentan con la gran capacidad para darle una dinámica comercial poca veces vista. Perfiles como ese pueden encontrarse en Rafael Valdez Mingram o el Doctor Efrén Calvo Adame, ex presidente y presidente en turno respectivamente, de la Cámara de Comercio México-China, el primero que radicó en Shanghai durante varios años encabezando el pionerismo heroico de los mexicanos en ese país, el segundo con amplísima experiencia a nivel comercial en el Consejo Mexicano de Comercio Exterior y amplias instituciones diplomáticas y comerciales internacionales.

Quien resulte ser el elegido por el Presidente Peña Nieto y por el nuevo Canciller, tendrá el gran reto y creatividad para alinear la vida institucional de México armonizando los intereses del sector privado y el mundo académico que provoque una nueva dinámica rumbo a un crecimiento cualitativo y no cuantitativo a través de acciones estratégicas que de forma paulatina disminuyan el sensacionalismo que se tiene con China, con el objeto de dejar de ver a China como un reto y comencemos a verlo como una oportunidad que requiere mucho más de buenos discursos, protocolo y deseos para encauzar la moribunda relación bilateral causada por el gobierno que está por terminar.