El prestigio del criminal

blogeditor · 13 de enero de 2016

El prestigio del criminal

Una tienda de Los Ángeles produjo un anuncio para enseñar que la camisa que porta Joaquín Guzmán Loera (el Chapo) en una foto reciente es de su marca. Vaya potencia simbólica del hecho. El mensaje comercial es directo y claro: el valor de la marca se eleva justo porque la usa un célebre criminal. Para mí, la más inquietante consecuencia de la tercera captura de este sujeto es la duda que evidenció con respecto a los valores socialmente aceptados entre la sociedad mexicana. No tengo manera de saber con precisión cómo se distribuye la percepción social respecto a Guzmán Loera, pero mi hipótesis es que la apología hacia él se ha masificado y alcanza a personas de toda condición socioeconómica.

Detrás del anecdotario y la manipulación política y mediática de la nueva aprehensión se asoman posibles y muy inquietantes respuestas a una pregunta no menor: ¿qué clase de valores signan nuestra convivencia? Hace medio año, en el contexto de la más reciente fuga del Chapo, subrayé la necesidad de descifrar las expresiones favorables a la evasión misma, particularmente en las redes sociales. Hoy lo reitero: más allá de la conocida narrativa en torno al renombre de este individuo en su terruño, podríamos estar ante la construcción de un prestigio de alcance incluso global.

[contextly_sidebar id=”gRU5bPavpDoepKb852thh8zL4XQSMclv”]Las implicaciones de esta hipótesis son enormes, pero mi discusión en este espacio se enfoca en la siguiente pregunta: ¿acaso la historia de este sujeto representa en alguna medida el anhelo de muchos? No es nueva la evidencia empírica que enseña el desprestigio de la ley en México en la medida que se le asocia al interés y privilegio de las élites. La ley protege a los poderosos, según interminables y variadas referencias por igual en estudios de opinión como en la expresión popular espontánea. Desde tal perspectiva, ¿acaso Guzmán Loera representa la conquista anhelada por muchos, justo porque construyó su emporio evadiendo esa ley ahogada en el desprestigio? ¿El prestigio del criminal tiene que ver además con su poder de dominio ante las instituciones públicas, también desprestigiadas? ¿Hay algo en el personaje que encarna una suerte de desquite ante el agravio?

En otros espacios he escrito que una posible manera de resignificar la corrupción es caracterizarla como una palanca de movilidad social, colocada por tanto no entre los pasivos sino entre los activos del saber y el quehacer popular. Quien domina la micro o la macro corrupción, según esta hipótesis, lejos de ser un paria, más bien merece la categoría de ejemplo. Este análisis precisamente coloca ahí al criminal económicamente exitoso. Es la representación del que “sí pudo”.

¿Héroe o antihéroe? Si en efecto nuestra sociedad se divide en estas dos percepciones respecto al Chapo, entonces ello impone todas las dudas posibles respecto a la posibilidad real de construir en México un Estado democrático de derecho. Al final, no hay imperio de la ley posible donde la carrera criminal puede merecer mayor prestigio que la ley, las instituciones públicas y quienes las representan. Y si no, preguntemos a quienes ya ordenaron su camisa en la tienda de Los Ángeles.

 

@ErnestoLPV