El presidente y los militares vienen marchando y aceleran el paso

blogeditor · 21 de junio de 2021

El presidente y los militares vienen marchando y aceleran el paso

Hoy día la SEDENA, la SEMAR y la Guardia Nacional aseguran cuatro veces menos armas ilegales al año, comparado con el 2011. En ese año se aseguraron más de 38 mil y desde el 2015 la cantidad ronda las 9 mil por año. Esta caída sucede a la vez que se han multiplicado por cuatro los homicidios con armas de fuego (2007-2019). A principios de siglo se usaban las armas de fuego en la mitad de los homicidios violentos, hoy se emplean en 7 de cada 10.

Sigue y seguirá el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX documentando, sistematizando y publicando la evidencia del fracaso y del daño asociado al paradigma  transexenal de seguridad pública, centrado en el uso de la fuerza y la militarización de la seguridad. Más allá de toda duda, podemos afirmar que la violencia armada es más extensa que en cualquier otro momento de la llamada guerra contra el narcotráfico, iniciada en el 2006.

Si hablamos de seguridad pública, y creo que López Obrador lo sabe bien, su decisión de seguir con la militarización transexenal no se basó en la evidencia de éxito a favor de la seguridad de la gente. Y a medio sexenio, solo una de cada cuatro personas encuestadas piensa que el presidente va bien o muy bien en la seguridad pública.

Calderón falló, Peña Nieto falló y López Obrador sigue la misma ruta. Los tres presidentes tomaron tres grandes decisiones: 1. Reducir el Sistema Nacional de Seguridad Pública a maquinaria de distribución de recursos, inhabilitando su mandato principal de construir una política de Estado soportada en el pacto federal; 2. Despreciar el aprendizaje nacional e internacional en la prevención de las violencias, dejándola en mero decorado retórico, y 3. Negar el desarrollo de una política federal de seguridad integral, a su vez acompañada de  una reforma policial democrática, todo sujeto a la auténtica evaluación y rendición de cuentas.

El fracaso es estructural y transexenal. La falla es de Estado y está pintada de todos los colores políticos. Más de un cuarto de siglo con un Sistema Nacional que ni la certificación policial completa logra. En realidad, no cabe aquello de “tengo otros datos”. Si de mirar los hechos se trata, no existe posibilidad de concluir que se va por el camino correcto.

Pero el discurso político, como la política misma, es elástico. Puede o no reconocer una idea común de los hechos, según convenga. Por ejemplo, Peña Nieto dijo que entregaba un país en armonía. Cualquier cosa es posible. México representa la segunda curva más pronunciada de crecimiento de homicidios violentos en el mundo en este siglo, y desde todos los colores, en medio del desastre y el extravío, se defiende una política de seguridad fallida y destructiva.

Sabemos que, sin evidencia, no es posible comprobar si una política de seguridad funciona, pero ahora sabemos también que eso puede ser irrelevante. López Obrador, sean cuales sean los datos, lejos de meter reversa, más bien pasa a cuarta y pisa el acelerador en su vía militar.

Entonces, la pregunta tiene que ser otra porque no está a discusión comprobar si la militarización construye seguridad. Eso ya quedó atrás, suponiendo que algún día haya sido relevante.

¿A dónde van el presidente y los militares marchando y apretando el paso?

@ErnestoLPV