blogeditor · 25 de octubre de 2011
El desenlace, a todo lo largo del proceso, parecía estar ‘cantado’ o escrito. Sólo bastaba examinar el calibre de sus reacciones: su escalofriante ausencia de empatía. El sistemático desprecio al dolor humano.
Felipe Calderón jamás iba a hacer lo correcto. No por solidaridad, o iniciativa propia.
No destituyó a los principales responsables políticos del incendio en la Guardería ABC. Ésa habría sido una reacción automática en otros países, donde hubiesen pasado sucesos -inconcebibles, pero ciertos- como el que nos ocupa. No en México. A Juan Molinar (@jfmolinar, profundizador del esquema de subrogación masiva y desordenada de estancias infantiles durante su gestión en el Seguro Social), se le tenían destinadas otras encomiendas. Hoy día es estratega electoral del PAN. Daniel Karam (@danielkaramt) era inamovible. Sigue siendo director general del IMSS.
Antes bien, el titular del Ejecutivo extendió todas las facilidades para que estos personajes -y otros- enfrentaran los señalamientos del Dictamen de Arturo Zaldívar: bien apuntalados, y sin tener que hacerlo como ciudadanos comunes y corrientes.
Todo el peso del Estado Mexicano fue utilizado para amenazar, intimidar y hasta chantajear a los Ministros que darían la última palabra: votando a favor o en contra de la investigación que los mismos familiares del Movimiento por la Justicia Cinco de Junio habían solicitado al entonces Presidente de la Corte Guillermo Ortiz Mayagoitia.
La estrategia funcionó, en ese momento. El Dictamen fue desechado por la mayoría. El documento modificado no menciona siquiera los nombres de los niños. Tampoco, la Guardería, ni la ciudad donde ocurrió el incendio. Nada. Como si no hubieran existido.
También había dado el presidente muestras contundentes de insensibilidad ignorando las peticiones de reunirse con todos los familiares de la tragedia en la ciudad de Hermosillo, a pesar de numerosas solicitudes, huelgas de hambre y campañas masivas en redes sociales.
Cuando finalmente cedió, la reunión fue a puerta cerrada y sin medios en Los Pinos. A hurtadillas había invitado a los grupos de padres que no eran necesariamente los más exigentes. Los papás y mamás del Movimiento 5 de Junio se enteraron por accidente la víspera: porque coincidieron con las demás familias en la sede de la SCJN en el DF durante una junta introductoria con Arturo Zaldívar.
Con frialdad digna de mejor causa, Calderón también eligió la fecha idónea para golpear aún más a los padres insumisos. Vería a representantes de las otras agrupaciones hermosillenses el 30 de abril de 2010: Día del Niño.
No escatimaría ningún esfuerzo, para recordarles quién era el que mandaba. La última variación de este tema se dio apenas la semana pasada.
Al Movimiento se le debe la aprobación unánime por parte de las dos Cámaras de la Ley Cinco de Junio: un ordenamiento diseñado para evitar otra tragedia inenarrable que derivó en la muerte de 49 niños, lesiones en más de cien y la indiferencia o desprecio de los tres niveles de gobierno.
Poco a poco: en distintos viajes, con argumentos demoledore y muchos sacrificios personales, los papás José Francisco García (@JOFAGARCIA), Manuel Rodríguez, Abraham Fraijo (@abrahamfraijo), Julio César Márquez (@juliomarquez1) y Estela Báez habían desarmado objeciones legislativas que carecían de fundamento, y deshonraban la memoria de los niños muertos y lesionados por negligencia criminal de los distintos niveles de gobierno y los propietarios del inmueble.
El 29 de abril el Senado votó por unanimidad la Ley promovida por el perredista Francisco Javier Castellón con el apoyo de expertos, académicos, Asociaciones Civiles defensoras de los derechos infantiles e innumerables ciudadanos. Había sido un arduo proceso de convencimiento, pero todas las fracciones parlamentarias se sumaban sin regateos.
Campearon quejas panistas de la constante intromisión de la Secretaría de Gobernación. “Desde el principio del proceso, nos apretaron las tuercas”, confesó a los papás un participante directo de las negociaciones.
Pudo más el sentido común, y la Justicia. La Ley fue turnada entonces a la Cámara de Diputados.
Después del receso y a unos días de que principiara el periodo de sesiones en la Cámara baja, Julio Márquez y Abraham Fraijo ya estaban en la Ciudad de México: compartiendo las bondades de la Ley con la diputada duranguense Yolanda de la Torre. La Comisión de Grupos Vulnerables que ella preside iba a decidir la suerte de la Ley Cinco de Junio. No había motivos para pensar que se dictaminaría en contra. El voto favorable -y su eventual aprobación en el pleno de la Cámara de Diputados- serían un mero trámite.
Sin embargo no contaban los papás (y los grupos que se habían solidarizado con su causa), con la irracional resistencia de Calderón y su entorno. Nunca darían la cara los personeros de esta administración federal: la transparencia no es lo suyo. Su labor sería soterrada, siempre. Con infinita torpeza: negando todo, pero dejando su huella inconfundible.
La mezquindad del gobierno no tenía límite. Un video filmado por Pepe García, durante la reunión que el presidente sostuvo con todos los padres en Hermosillo después de su viaje al Mundial de Sudáfrica -también cerrado a los medios- evidenciaba el nulo respeto mostrado por Calderón y su gabinete y el gobernador de Sonora, así como el escaso interés por implementar soluciones perdurables y cambios profundos.
Ante la insistencia de Patricia Duarte (@MADREABC): esposa de José Francisco, mamá de Andrés Alonso fallecido el 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC de responder a una simple pregunta “¿Para ti, qué es la justicia?” , Calderón sólo buscó interrumpirla sin éxito. Nunca aventuró una respuesta creíble.
El gobierno federal no se desistiría de sus intentos por descarrilar la iniciativa. El miércoles siete de septiembre recibí una llamada de fuente fidedigna, informándome que Margarita Zavala Gómez del Campo: esposa del presidente y prima de Marcia Matilde Gómez del Campo (una de las dueñas de la Guardería), había sostenido pláticas con distintos diputados panistas para externarles el descontento presidencial con la Ley.
La instrucción terminante: congelarla en Comisiones. Para tal efecto, mandaría grupos afines a la sesión prevista para el 8 de septiembre, en un último intento por disuadir a los demás participantes.
La esposa de Calderón no ponderó en sus cálculos, la férrea determinación de los padres. Ese día ya se encontraban en San Lázaro Abraham (padre de Emilia), junto con Julio y su esposa Estela: papás de “Yeyé”.
Desde el incendio, a Estela le había recomendado el Seguro dos estancias en una clínica psiquiátrica en Guadalajara. Ahí la sometieron a diecisiete sesiones de terapia electroconvulsiva. Se encontraba en muy mal estado, pero eligió acudir a la Comisión de Grupos Vulnerables para externar sus preocupaciones y exigir la aprobación del Dictamen.
Tomaron la palabra los acarreados de Margarita, quienes llegaron en tropel acompañados por funcionarios del DIF. Decían representar a una nebulosa Asociación de Dueños de Guarderías. Se perderían muchas fuentes de trabajo. La Ley 5 de Junio era demasiado estricta. Lamentaban la pérdida y respetaban el dolor de los papás, pero la realidad era otra. Lugares comunes: manipuleo manifiesto.
En el salón se encontraban también dos Senadores panistas: Emma Larios y Guillermo Tamborrel. Ambos habían participado en el proceso de negociación de la Ley, y acudieron a defenderla.

Estaban conscientes de las resistencias del gobierno y las presiones a sus colegas diputados. Venían a defender un proyecto de la sociedad civil que incorporaba las mejores prácticas internacionales en la materia.
Entonces hablaron los papás del Movimiento. El testimonio de la mamá de Yeyé puede verse en una entrega anterior (“Estela”).
Fueron sus palabras, sin duda alguna, las que garantizaron que el Dictamen se aprobara por unanimidad. El voto abrumador del pleno se daría el miércoles 14 de septiembre.
Empero, la obsesión de Felipe Calderón y su gabinete no había terminado. Restaba el trámite de su publicación en el Diario Oficial. Tenía cuarenta días naturales para hacerlo.
En su mente y ánimo se animaba lo que en los Estados Unidos (y en este contexto), se conoce como la opción nuclear.
En el colmo de la insensatez, la administración calderonista pensó seriamente en vetar la Ley 5 de Junio. Lo confirman versiones separadas de fuentes dentro del gobierno, quienes expresaron su desacuerdo con esta posible medida y la compartieron en su oportunidad.
“No dejen de presionar desde las redes sociales”, fue el mensaje que varias veces nos transmitieron. “El presidente quiere vetar la Ley 5 de Junio. No quiten el dedo del renglón. La decisión final no está tomada”.
Por eso es que a partir de esa semana, se echó a andar una campaña virtual y presencial que garantizara la publicación del Decreto. De no ser Calderón, su lugar lo ocuparía el Presidente de la Cámara de origen: el Senador panista José González Morfín.
Por enésima ocasión, un padre del Movimiento: en este caso y de nueva cuenta, Julio César Márquez tuvo que apersonarse en el Senado para hacer el trabajo que le correspondía a los legisladores. Exigió que el Senador se comprometiera a publicar la Ley si el presidente no lo hacía. González Morfín accedió, ante testigos como el que esto escribe y Emma Larios.
Este fin de semana fue de aluviones tuiteros. Los hashtags #ley5dejunio #GuarderiaABC, con dedicatorias puntuales a @felipecalderon @mzavalagc y @jglezmorfin y recomendaciones para que la gente se comunicara el lunes a la extensión del Presidente del Senado, su fax o su mail vencieron las postreras e insensatas resistencias de un jefe del Ejecutivo que se niega a hacer lo correcto.
Así lo tratarán la Justicia y la Historia.
El sábado 22 de octubre “la moneda está en el aire”, de acuerdo a versiones que los aliados de los papás en el gobierno (que los hay: habrá que reconocerlo) les hicieron llegar por distintos conductos.
Ese mismo día pero en la tarde, se empezó a convocar a medios a Los Pinos.
El domingo 23 de octubre a las 13 horas, tuvo lugar una apresurada ceremonia protocolario en la casa presidencial. Duró apenas ocho o nueve minutos.
Felipe Calderón, desencajado y en compañía de Daniel Karam, Heriberto Félix y otros funcionarios de su desgobierno pronunció algunas frases de rigor. Se cuidó de no mencionar el aporte crucial del Movimiento 5 de Junio, ni por nombre.
Acto seguido y a regañadientes, firmó la Ley que debió haberse publicado inmediatamente después de que votaron todas y todos los senadores y diputados el 14 de septiembre.
Treinta y nueve días y varias horas después del plazo contemplado por la Constitución, el David ciudadano doblegó en definitiva al obcecado Goliat.
El jueves anterior y en franca mejoría, Estela Báez era dada de alta del Instituto Nacional de Psiquiatría. Ya estababa en su casa de Hermosillo.
La Ley 5 de Junio es una realidad. Falta el Reglamento y la asignación presupuestaria.
Por los mismos caminos y con los mismos recursos, los papás y mamás del Movimiento conseguirán estos dos fundamentales objetivos.
Y también nos encontraremos tod@s nosotr@s con ellos, para atestiguarlo.