El premio entrecomillado

Daniel Gershenson · 26 de junio de 2012

El premio entrecomillado

 

Diez meses después del Casino Royale: cuatro años una semana, después del News Divine cuatro días antes de elecciones

 

Nueva York, lunes 25 de junio. Una tentativa inicial se dio en noviembre de 2011. De repente, a los ex alumnos del ITAM se les ocurrió (¿espontáneamente?) honrar la ‘trayectoria profesional’ de Daniel Karam: director en funciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, quien después del incendio de la Guardería ABC reveló que la estancia ‘cumplía con todas las medidas de seguridad’. La noticia se filtró bajo el radar, y aunque se produjo algún revuelo en redes sociales Karam pudo recibir sin contratiempos ese ‘galardón’ de manos del rector Arturo Fernández –para quien ‘el amor por la justicia’ del funcionario es digno de destacarse.

En Davos Calderón cabildeó intensamente para que se le nombrara Estadista Mundial. Sólo faltaba la cereza en el pastel. Otro reconocimiento internacional específico, un borrón y cuenta nueva. O así lo habrá creído.

Cuando el diez de mayo: Día de las Madres, Felipe Calderón anunció con habitual falta de tacto que iría a Nueva York a recoger otro ‘premio’, pero esta vez de la ONU para festejar el número de estancias infantiles de Sedesol, mi capacidad de asombro rebasó umbrales de suyo inconcebibles. UNDESA era y es la entidad responsable del despropósito. Calderón y sus cómplices podrían entonces ‘dejar atrás el pasado’, y seguir promoviendo la especie de que el incendio de Hermosillo no constituye un síntoma del desorden en que se encuentran las guarderías, sino ‘apenas’ un lamentablemente ‘incidente’ que no se repetirá. A pesar de las muertes acaecidas en otros establecimientos similares, como el de Aramberri a las fueras de Monterrey.

Para el gobierno de México en sus tres niveles, éstas son nimiedades: pausas o cesuras en la ascendente carrera hacia el vacío que son para la administración panista grandes éxitos de relaciones públicas. Que se haya abdicado de funciones elementales para un Estado como el nuestro, no parece preocuparle a casi nadie.

Padres del Movimiento por la Justicia Cinco de Junio acudieron a las sedes de Unicef y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos en la Ciudad de México para externar su profunda preocupación de que la impunidad se estaba alentando en la esfera internacional, y en contravención de la Convención de los Derechos Infantiles. Nadie asumió la iniciativa o responsabilidad dentro de la burocracia de la ONU en México. En todo caso, se les sugirió que fueran a Nueva York para que los principales tomadores de decisión escucharan las razones y motivos que pudiesen justificar reconsideraciones sobre la marcha, y antes de que se presentara la fecha prevista.

Nada de esto sucedió, entre otras razones porque los padres carecían de las fuerzas o recursos materiales para emprender un viaje tan repentino. Hacía cosa de tres semanas que se conmemoraba el tercer aniversario de la tragedia. El Reglamento de la Ley que ellos mismos promovieron para ser aprobada por las dos Cámaras, seguía en el Limbo.

Por eso fui yo en su lugar: para entregar la documentación pertinente y llenar los vacíos informativos relacionados con lo que realmente pasó ese viernes fatídico, y sus secuelas. La corrupción y tráfico de influencias. El ninguneo que todos ellos han tenido que padecer.

Cosa nada rara. La burocracia en Naciones Unidas ha desplegado el mismo desinterés que sus contrapartes en cualquier secretaría federal con la que han tenido que lidiar los familiares de las cuarenta y nueve víctimas mortales del incendio, o las decenas de lesionadas y lesionados que negocian el interminable laberinto gubernamental local, estatal y federal que con el que tendrán que contender sin final a la vista.

Cuando llegué a esta ciudad, pude comunicarme con una de las personas responsables del otorgamiento del premio (en realidad, un segundo lugar), para el programa que Calderón presume y que constituye su tabla de salvación –así debe creerlo- ante la Historia. ‘Nunca pretendimos que se percibiera como si estuviésemos exonerando al gobierno de México por los sucesos de Hermosillo. En todo caso, es un runner-up, para nada tan importante como el primer lugar’. Esto me lo dijo sin chistar, francamente no daba crédito. ‘Me comunicaré con Usted de inmediato, déjeme consultarlo con mis superiores inmediatos’. Sigo esperando su llamada, aunque ya dejé varios mensajes en su correo de voz.

Hoy acudí a sus oficinas, y al edificio principal donde se ubica la Asamblea General en donde, según me informan, se llevará a cabo la premiación formal. Llevaba documentos, cartas y dos libros de Diego Enrique Osorno para entregarlos en el despacho del Secretario General Ban Ki-moon. ‘Imposible que puedan recibírselos en persona, tendrá que enviar su expediente por correo. Sugerimos lo haga en la oficina postal de Lexington y la Calle 44’.

¿Para qué nos aconsejaron ir directamente a Nueva York desde México? Todo esto se hubiera hecho desde Hermosillo y el DF, sin tantos gastos inútiles y elevadas expectativas. Por fortuna, ninguna mamá o papá viajó desde Sonora para recibir de botepronto la noticia.

Se realizó una convocatoria para que integrantes del Movimiento Yosoy132 en Nueva York acompañen a ciudadanos agraviados en la Plaza Dag Hammarskjöld el miércoles 27 de junio a las 11 de la mañana: el mismo día en el que Calderón recibirá su entrecomillado ‘premio’. En la Ciudad de México, un grupo de activistas y participantes de redes sociales hará lo propio frente a la sede de la ONU en las Lomas. Los padres y madres del Movimiento Cinco de Junio se van a reunir frente al lugar de los hechos, en Hermosillo: buscarán recordar a sus hijas e hijos y honrar su memoria, ante tanta ausencia de sentido.

Falta menos de una semana para que definamos si procede la vuelta de tuerca que quizá dé al traste con los incipientes cambios iniciados en 1997. Peña Nieto ya se comprometió con un grupo de padres (los mismos que se han reunido en distintas ocasiones con el presidente saliente en Los Pinos), aprovechando esa oportunidad antes de las elecciones. Querrá colgarse esa medalla sin merecerlo, y sin explicar los motivos por los cuales el PRI postuló a tres candidatos estrechamente relacionados con el incendio de la Guardería ABC: Ernesto Gándara el ex alcalde de Hermosillo, la recomendadota oficial de los dueños ante el juez que llevaba la causa Claudia Pavlovich (ambos por el Senado), o el ex procurador estatal responsable de encubrimiento Abel Murrieta que va hacia una diputación local. ¿Qué sucederá entonces, a partir del dos de julio (doceavo aniversario del triunfo foxista en 2000). Se exhala un posible tufo de Restauración en el aire. Pero no habrá olvido.

Y los premios de Calderón -y tropiezos como los de la ONU- sólo servirán para posponer lo inevitable: Justicia y Memoria, más temprano que tarde.