blogeditor · 3 de diciembre de 2020
Llegó diciembre, el mes en que todo pasa: se hace ponche, se pone el árbol, las posadas (que en teoría no se deberían hacer por la situación actual); incluso en estos días, México “celebra” a su presidente. Pero más allá de todas estas celebraciones, el primero de diciembre es el Día Mundial de la Lucha contra el VIH y SIDA, una pandemia silenciosa que ha estado entre nosotros por más de 30 años.
En un estudio sobre salud sexual que realizamos en LEXIA entre jóvenes de la Ciudad de México, recuerdo muy bien el testimonio de unos chicos: “es que una vez que te enfermas de algo en el sexo, ya no es lo mismo”. Fue evidente el sentimiento de estigma y culpa que se genera al adquirir alguna infección o enfermedad de transmisión sexual, lo cual reafirma que, a pesar de que en estos años existe mayor información y avances en la materia, la gente sigue juzgando desde la ignorancia y utiliza frases denigrantes con la intención de discriminar sin importar el impacto que podrían tener sus palabras.
Para hablar del tema es importante recalcar que el VIH y el SIDA no son lo mismo. El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función y provoca un deterioro progresivo del mismo, dando origen al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Es decir, el VIH puede causar SIDA si no se lleva un tratamiento adecuado.
Más allá de que este texto tenga la intención de “educar” con términos médicos, pretende ser una observación del tema a partir de la falta de información y la poca empatía que se expresa a través de pláticas, tuits, noticias y comunicación del gobierno.
Como lo dice Dumbledore en una de sus últimas frases en la saga de películas de Harry Potter, “Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra fuente más inagotable de magia, capaces tanto de ocasionar dolor, como de remediarlo”, y no puedo encontrar expresión que ejemplifique mejor el estigma que llega a enfrentar una persona que vive con VIH (así es, se dice persona que vive con VIH, no enfermo de VIH o SIDA).
Y es que el uso de ciertas frases contribuye al estigma y fobia hacia el virus, afectando no solo a las personas portadoras, sino a todas las personas, en general. Por ello, es importante recalcar que el virus se transmite (no se contagia) por tres vías: sexual (anal, vaginal, oral -aunque hay mucha información respecto de que es muy poco probable la transmisión por esta vía-), transfusión de sangre o perinatal (al momento de dar a luz o amamantar a un bebé).
Al adquirir el virus no necesariamente pasa como los capítulos de antaño de “Mujer casos de la vida real”, o las “dramatizaciones” que solían poner en la secundaria, en donde mostraban que, al día siguiente de que un joven “tuviera su iniciación” con una trabajadora sexual (“cortesía” o más bien, pagada y seleccionada por su papá), se empezaba a sentir mal, se desmayaba y en el hospital le decían que tenía SIDA. ¡No!, la realidad no es así, pero tampoco nos debe sorprender que esa sea la concepción que muchos jóvenes y adultos tengan sobre el tema; así nos educaron.
Actos como los de Lady Di en los noventas, saludando y abrazando a personas con el virus empezaron a romper ciertos mitos que se tenían en el imaginario colectivo. En aquel entonces era muy común que los gobiernos ignoraran el tema, pues en ese momento la comunidad LGBT+ era la más afectada y poco querían tener que ver con el sector, aspecto que a lo largo de los años ha empezado a cambiar de manera positiva.
Hablando de la comunidad LGBT+, otro estigma es exactamente ese, que las personas que viven con VIH solo son integrantes de ésta y en muchas ocasiones gays, bisexuales y personas trans son agredidas. Más allá de ser solo un insulto, estas palabras generan miedo y provocan que las personas no quieran conocer su estatus bajo la premisa de “si no me entero, no pasa”, lo cual, provoca que muchas veces se viva con el virus sin saberlo. Y esto pasa con cualquier persona, forme parte o no de la comunidad.
Con esto tampoco pretendo espantar con que el sexo es malo y solo lo puedes hacer con tu pareja, al contrario, la vida sexual de una persona debe de ser libre y consciente. Actualmente los métodos más efectivos para prevenir el virus son el uso del condón (a pesar de que este ha disminuido) y el PREP, un tratamiento que consiste en tomar medicamentos enfocados al VIH para prevenirlo.
A lo largo del tiempo, organizaciones de la sociedad civil se han encargado de compartir información referente al tema, concientizando sobre la importancia de conocer tu estatus serológico, promover el PREP y algunos activistas como Alaín Pinzón (@Alainwho), a entregar medicamento a personas que viven con el virus, debido al desabasto en los organismos de salud como el ISSSTE o IMSS en México.
La verdad es que un niño, una niña, alguien que haya tenido una transfusión de sangre, o personas con vida sexual activa corren el riesgo de infectarse sin importar edad, sexo, género, ocupación, condición social, etc. El virus está vivo y 38 millones de personas viven con VIH en el mundo; de ellas, solo 26 millones tienen acceso a la terapia antirretroviral según datos de ONU SIDA. Por ello, se recomienda hacerse una prueba rápida al menos 2 veces al año en los centros de salud u organizaciones enfocadas al tema.
Hoy en día, el vih (sí, lo escribo con minúsculas para no resaltarlo como lo peor), no significa una sentencia de muerte. Existen medicamentos de 3ra y 4ta generación con pocos efectos secundarios, que se adaptan muy bien al cuerpo sin afectar otros órganos o sistemas, y que permiten tener una vida tan plena como cualquier otra persona. La cura del virus cada vez es más sonada, pero tienen que hacerse estudios, ensayos y demás para que sea aprobada y distribuida. No es una maldición, pero tampoco una bendición; si algo hemos aprendido del COVID-19 es que estos no son más que virus.
La próxima vez que intentes hacer un chiste al respecto o utilizar algún calificativo frente a tus amigos, con algún conocido, tus coworkers, la señora de las quesadillas o tu familia, recuerda que el virus está presente y puedes herir a los que quieres sin saberlo.
Ser portador no significa que se deba ser señalado, aislado o discriminado. No es obligación de una persona compartir su estatus, es la decisión de cada uno y debemos respetarla. Espero que este texto te genere cierta curiosidad y concientice sobre el tema, evitando actuar y hablar desde la ignorancia.
* Carlos Esquivel es investigador en @LexiaGlobal, le gusta mucho el reguetón, pop, algo de Kpop, banda y en general música para bailar y sufrir un poco mientras brinda con sus amigos. IG @qarlos32.