El poder de la comunidad

Redacción Animal Político · 23 de mayo de 2025

Un gran amigo me dijo una vez: “Muchas veces queremos cambiar al mundo, pero olvidamos los actos más simples. ¿Cuántas veces te das tiempo de conocer a tus vecinos? ¿De organizarte en tu colonia? El verdadero cambio nace de la voluntad de conectar con los más cercanos”.

Al conmemorar el día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, reflexiono sobre estas palabras. La diversidad cultural no es solo un concepto abstracto, es una realidad cotidiana que se manifiesta en nuestras comunidades, en nuestras interacciones diarias.

Pero ¿cómo comenzamos? Es necesario reconocernos como iguales para fomentar el diálogo intercultural. Hablo de reconocernos como parte de la clase dominada. Identificar de manera colectiva nuestra realidad social nos ayudará a enfocarnos en las similitudes que tenemos y no en las diferencias, para construir puentes de entendimiento. El diálogo surge cuando compartimos nuestras experiencias y emociones, al darnos cuenta de que nuestras realidades son más similares de lo que parecen.

Como segundo paso, tenemos que reflexionar también sobre las estructuras que limitan el dialogo, la interculturalidad y el desarrollo, comenzando por lo que comúnmente entendemos como “desarrollo de la humanidad”. Es importante cuestionar la definición predominante, que generalmente se centra en el crecimiento económico y prioriza el capital sobre el bienestar integral de las personas. Las grandes corporaciones ven a los individuos como recursos para generar riqueza, ignorando dimensiones fundamentales como la satisfacción de nuestras necesidades reales, el fomento de una conciencia crítica y el reconocimiento de nuestra integralidad biopsicosociocultural.

Reconocer estas estructuras como violencias es el primer paso hacia la construcción de una cultura de paz. Este proceso debe incluir la participación de todos, especialmente a nivel local. Identificar en nuestros actos la violencia estructural, cultural y simbólica nos ayudará a transformarlas por la organización comunitaria, el intercambio de intereses y la convivencia pacífica.

Es así como pueden surgir nuevas formas de pensar desde otras racionalidades. Es urgente dejar de ser espectadores pasivos y asumir un papel activo en la creación de realidades más justas. Esto implica reflexionar éticamente y actuar en consecuencia, sin esperar soluciones en las políticas públicas. Si no actuamos, nos convertimos en cómplices de la injusticia.

La verdadera diversidad cultural se construye en el día a día, en la interacción con nuestros vecinos, en el reconocimiento de las problemáticas comunes y en la organización para abordarlas. Es en la comunidad donde podemos practicar el diálogo, la diversidad cultural y el desarrollo.

* Marianna Malinalli Calleja Martha es auxiliar de Acompañamiento Psicosocial en Sin Fronteras.