blogeditor · 21 de enero de 2021
En una novela bien conocida se cuenta la anécdota de que la fe de los niños soviéticos era sometida a un baño de ácido cada año. Al llegar el invierno, los niños eran conducidos al campo, donde rápidamente se hacían sentir los rigores del frío y del hambre. Entonces, quienes tutelaban las conciencias infantiles les sugerían: recen para que Dios les traiga alimento y les quite el frío. Y los chamacos lo hacían, sin resultados. Luego, los mismos tutores les aconsejaban: ahora pídanle al Padrecito Stalin que les quite el frío y el hambre. Y los chamacos lo hacían, sólo que entonces aparecían detrás de los abedules unos camioncillos cargados con bocadillos y bebidas calientes. ¿Ya ven, camaraditas, como el camarada Stalin cuida de ustedes?
El presidente López Obrador ha anunciado su intención de desaparecer instituciones garantes de derechos fundamentales -marcadamente el INAI- para tener dinero para programas sociales y la campaña de vacunación, a menos de seis meses de las elecciones intermedias. Las brigadas de servidores de la nación -simpatizantes de Morena en quienes se asocia un proyecto político específico con la nación… en la que caben muchos proyectos políticos-, y el monopolio del gobierno federal en la aplicación de la vacuna no dejan lugar a dudas sobre el carácter electoral de la estrategia.
Debajo de esta vía para combatir la pobreza y procurar la salud de la población, subyacen nociones peligrosas para el bienestar y la democracia.
La pobreza, de acuerdo con Amartya Sen (economista hindú en cuyas ideas en buena medida se basa nuestra Ley General de Desarrollo Social), no se reduce a la carencia de ingresos suficientes para adquirir bienes y servicios. Se constituye como un complejo entramado en el que los individuos pueden disponer de libertad para alcanzar aquello que consideran valioso, en un entorno específico. Ese mundo aspiracional, compuesto por una dimensión fáctica pero también simbólica, varía enormemente entre distintos individuos y contextos sociales.
Amartya Sen comprendió que el bienestar de una persona (y la concepción moral que una sociedad tiene de dicho bienestar) debe incluir la libertad y la posibilidad de llevar a cabo aquello que uno valora para sí y para su entorno. Por eso, las posibilidades de un individuo de hacer realidad sus deseos y necesidades dependen de un complejo entramado institucional que brinde justicia, seguridad, servicios, oportunidades, conocimiento, confianza, certidumbre, etc. Con ello en mente, nuestra Ley General de Desarrollo Social establece que la pobreza que padece un individuo no consiste sólo en falta de ingresos sino también en otras carencias que afectan la capacidad de las personas para poner en juego su libertad y alcanzar en mayor o menor medida los contenidos de ese mundo aspiracional.
Las decisiones de política social del presidente López Obrador, la cancelación de programas sociales, la ausencia de evaluación sobre sus efectos, la desaparición de instituciones para obtener recursos, su estrategia de vacunación, la operación del ejército de servidores de Morena, van a contrapelo de la visión de Amartya Sen y de nuestra Ley General de Desarrollo Social. En suma, convierten a las personas en pobreza en seres que sólo quieren y necesitan dinero. Se trata de seres (votantes) unidimensionales a quienes se les da dinero pero se les retiran instituciones, se les dan vacunas pero se les reducen las vías para obtenerlas y, sobre todo, se reducen los mecanismos para que las personas en pobreza puedan desarrollar capacidades, puedan mejorar su entorno y puedan hacer efectivos los contenidos de su universo aspiracional.
La política social de esta administración federal busca erigirse como la única fuente de recursos para una persona en pobreza y que esa única interacción individuo-gobierno se traduzca en un voto que perpetúe esta lógica. Los pobres son útiles a un proyecto político, siempre y cuando permanezcan pobres y necesiten las dádivas presidenciales para sobrevivir: el anillo al dedo. Para el presidente López Obrador y su gabinete social, la pobreza se encara con dinero, no con una visión integral sobre la dignidad y la libertad de las personas y su interacción con el entorno, sobre la capacidad de decidir sus destinos y sobre las instituciones necesarias para ello.
Es particularmente peligrosa la desaparición o el debilitamiento de instituciones bajo el argumento de la austeridad. Echados a andar ese camino terminaremos cerrando el IMSS y el ISSSTE y dándoles dinero a las personas para que busquen salud por sus propios medios; desapareciendo policías y fuerzas armadas y dándole dinero a la gente para que hagan justicia por mano propia; cerrando CONAGUA y dándole dinero a la gente para que consiga agua como pueda. Cuando se erosiona el Estado sólo queda el mercado, una máquina tan inhumana como el crudo invierno soviético.
* Sergio López Menéndez es investigador en Controla Tu Gobierno, A.C. (@ControlaTuGob).