El pluralismo violento y el descentramiento del Estado

blogeditor · 6 de octubre de 2021

El pluralismo violento y el descentramiento del Estado

El fenómeno de la violencia en México se visibilizó fundamentalmente durante la administración de Felipe Calderón (2006-2012), a partir de la política de la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Los estudios sobre violencia eran tangenciales hasta entonces, pero ha sido en los últimos años que los medios de comunicación y la academia han centrado su atención en elucidar y dar cuenta de los múltiples rostros, formas y alcances de la actual violencia en México.

Es de mencionar, de manera general, que sobre los estudios de violencia por ahora prevalecen sobre todo dos grandes comprensiones; por un lado, aquellas perspectivas de análisis que la enfocan en  términos coyunturales, dirigida en mayor medida a comprender los impactos de la criminalidad organizada a partir de su combate por parte de los agentes del Estado 1, y aquellos enfoques que tratan de explicarla en términos históricos y estructurales, que se orientan a comprenderla en términos de las transformaciones económicas y políticas de largo plazo 2.

El Estado vs el enemigo interno

Una aproximación dominante a la comprensión de la violencia en América Latina fue aquella que, bajo la impronta de la Guerra fría, enfocó la violencia política producida en el contexto del sostenimiento de gobiernos autoritarios en las dictaduras militares de Centro y Sudamérica hacia los años setenta y ochenta del siglo XX. Dichos estudios posicionaron al Estado y a los movimientos disidentes como los protagonistas principales de tal violencia. Aportes de esos estudios fueron la conceptualización de fenómenos como la desaparición forzada, y la documentación de la tortura y el terror de Estado como medios para acceder a información que permitiera minar a las oposiciones políticas a los regímenes dictatoriales 3. Esto hizo surgir una antinomia en la comprensión de la violencia que separaba Estado y una parte de la sociedad, la disidente. Explicando la violencia desde esta perspectiva, se marcaban dos claros enemigos: el régimen y quienes se le oponían.

Pluralismo violento

En las últimas décadas los estudios sobre la violencia han ido documentado una diversidad de formas en su ejercicio, en fenómenos como secuestros, delito común y organizado, narcotráfico, desapariciones, feminicidios y ejecuciones, entre otros; cometidos por una pluralidad de actores que poco o nada tienen que ver con la etiqueta binaria ya aludida 4. Una diferencia sustancial de esta violencia actual es que no tiene una motivación política- ideológica clara, ni se da en el contexto de la confrontación polarizada como la Guerra Fría – capitalismo vs comunismo-; tampoco se presenta como oposición a un régimen dictatorial. Entonces, el marco analítico previo muestra sus límites al intentar explicar estas configuraciones violentas. Por ello, en los últimos años una serie de estudios han intentado otras perspectivas para la comprensión del fenómeno de la violencia. Primero, se le ha esbozado como un fenómeno difuso y presente en sistemas políticos que formalmente funcionan como democracias procedimentales. Además, se reconoce que puede (y es) producida por una pluralidad de actores estatales y no estatales, por lo que una caracterización del debate internacional que se puede utilizar es la de pluralismo violento 5.

Más allá de la guerra contra el narcotráfico: otros repertorios violentos

En México, el enfoque en la coyuntura de la guerra contra el narcotráfico, por la alta letalidad que produjo, desvió la comprensión de largo plazo sobre el fenómeno de violencia, que se expresaban ya en algunas regiones del país, en casos como los de violencia colectiva y ajusticiamientos populares.

Estos eventos importan en la comprensión de la violencia, en parte, por la sedimentación de acciones que mostraban la tendencia hacia la atrocidad en el tratamiento del cuerpo: golpes, lapidaciones, colgamientos e incineraciones, que aparecían dentro de los repertorios de ejecución pública. Esto convocaba a pensar en una aceptación y uso creciente de  violencia explícita que se conformaba, entre algunos sectores, en una sensibilidad tolerada y en creciente incorporación, sustentada por la fractura social que sugería la pérdida de valor de ciertos cuerpos “inculpados”.

Desde luego, la guerra contra el narcotráfico y el número de homicidios vinculados con su letalidad vino a replantear los ejes de su comprensión, lo que ha permitido abrir un debate sobre la manera de caracterizar esta violencia. A partir de lo hallado en varios estudios, se puede destacar que una buena proporción de la actual violencia es producto de un conflicto entre grupos armados que se confrontan entre sí y contra el Estado, que ésta no necesariamente es inspirada por motivos políticos sino económicos, que intercala ámbitos privados y públicos en su ejercicio, que desdibuja los ámbitos legales e ilegales, así como que es conectada a nivel local y transnacional en su comisión.

En ese sentido, se han propuesto al debate términos como conflicto interno, guerra civil, nueva guerra o conflicto armado no–internacional.6

De esta manera, lo que se tiene en el contexto actual de violencia en México es una violencia organizada donde intervienen actores estatales como las fuerzas policiales y militares; actores no estatales armados como los grupos de autodefensa o milicias privadas; segmentos de la sociedad civil organizada frente a la inseguridad —linchamientos y vigilantismo—, así como actores criminales armados. Todos ellos poseen alguna relación con el Estado. Esta característica, que amalgama actores armados oficiales, extralegales y criminales conducidos por una racionalidad política económica configura un escenario distinto en la historia de la violencia en México que precisa seguirse investigando.

Descentrar el Estado en la compresión de la violencia

Esta multiplicidad de actores hace pertinente replantear los modelos de comprensión de la violencia, y obliga a superar en términos analíticos la antinomia de la violencia política del periodo de Guerra Fría, la del Estado versus los disidentes de la sociedad. Sin negar que el Estado es un actor muy relevante en la comisión de la violencia, se debe cuestionar la idea de que éste es un actor único que centraliza, coordina y dirige toda la violencia que se experimenta socialmente. La mirada que lo ubica como el actor racional en la violencia actual corre el riesgo de simplificar un fenómeno complejo, al plantear dos polos absolutos y delimitados de conflicto. Contrariamente, las investigaciones empíricas realizadas en años recientes arrojan que la violencia actual procede de una multiplicidad de fuentes y con relaciones ambiguas entre legalidad e ilegalidad, que escapan de ser reducidas bajo el modelo de la antinomia. En ese sentido, se deben proponer nuevos esquemas de comprensión que indaguen en la particularidad del fenómeno actual y avancen en la comprensión de la racionalidad que coordina, de manera no explícita, la lógica de la violencia actual.

* Antonio Fuentes Díaz es docente investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP. Es autor del libro Defender al Pueblo. Autodefensas y Policías Comunitarias en México (Libro-BUAP, 2018) e invitado por el Programa para México y América Central de NORIA Research (@Noria_mxac) para compartir su análisis en este espacio.

 

 

1 A manera de  ejemplo consultar: Schedler, Andreas (2018). En la niebla de la guerra. Los ciudadanos ante la violencia criminal organizada, 2a edición. México: CIDE; Osorio, Jaime (2011).Violencia y crisis del Estado. Estudios sobre México. México: UAM-Xochimilco; Atuesta, Laura y Ponce, Aldo F. (2016). Cómo las intervenciones de las fuerzas públicas de segridad alteran la violencia. Evidencia del caso mexicano. México: CIDE

2 Consultar Calveiro, Pilar (2012). Violencias de Estado. La guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global. Argentina: Siglo XXI; Cisneros, José Luis (2015). Visiones contemporáneas de la violencia. México: UAM-Xochimilco

3 Montemayor, Carlos (2010). La violencia de Estado en México: antes y después de 1968, México: Debate; Figueroa Ibarra, Carlos (2011). El recurso del miedo: estado y terror en Guatemala. Guatemala: F y G Editores.

4 Arteaga Botello, Nelson (coord.) (2013). Violencia en México. México: Catarata; Fuentes Díaz, Antonio (2012) Necropolítica. Violencia y Excepción en América Latina, México: BUAP

5 Arias Enrique Desmond y Goldstein M. Daniel (2010). Violent Democracies in Latin America. Durham-London: Duke University Press; Koonings, Kess (2012). New Violence, Insecurity, and the State: Comparative Reflections on Latin America and Mexico. En Pansters, G. Will. Violence, Coercion, and State-making in Twentieth Century Mexico. The Other Half of the Centaur. 187–202. Stanford: Stanford University Press.

6 Zavaleta Betancourt, Alfredo (2018). Desapariciones, violencia organizada y colectivos de víctimas en México. El caso de la región Golfo/Sureste. En Olvera, Alberto (coord.). Veracruz en su laberinto: 273–299. México: Universidad Veracruzana; Lambin, Julie (2017). Mexico: armed gang violence sliding into armed conflict? En Bellal, Annyssa. The War Report. Armed Conflicts in 2017. 83–91. Genève: Université de Genève; Gledhill, John (2016). La nueva guerra contra los pobres. La producción de inseguridad en Latinoamérica. Barcelona: Ediciones Bella–Terra.