blogeditor · 31 de marzo de 2015
El Plan Frontera Sur fue anunciado el pasado 7 de julio del 2014 por el presidente Enrique Peña Nieto, quien se hizo acompañar de gobernadores, miembros de su gabinete y de Otto Pérez Molina, primer mandatario de Guatemala. Fue todo un espectáculo mediático que buscaba el elogio fácil para salir del paso ante la crisis de la niñez migrante no acompañada que no dejaba de acaparar grandes espacios en los medios de comunicación.
Una de las frases más retomadas por los medios fue del presidente guatemalteco, quien en una de sus intervenciones mencionó “quiero resaltar la visión del presidente Enrique Peña Nieto, que en lugar de estar poniendo muros, obstáculos y dificultades, lo que hace es tener una visión de unión”. El impacto en medios fue inmediato, los principales titulares destacaron la “apertura” de la Frontera Sur; sin embargo, el idilio duro poco. Semanas después los medios comenzaron a reportar lo que en realidad significaba este plan: contención de migrantes, operativos violentos, cambios de rutas migratorias por otras más peligrosas, justo lo contrario a lo señalado por el presidente Otto Pérez Molina.
Hoy en día, tanto quienes transitan como quienes deciden residir en nuestro país, continúan enfrentando situaciones graves de discriminación y violaciones a sus derechos humanos, que se han agravado a raíz de este controvertido Plan. Las organizaciones que atienden personas migrantes han documentado en estos últimos meses un incremento de operativos que ha dejado vejaciones en contra de las personas migrantes, incluyendo a menores de edad, que si bien ya no suben al tren, han tenido que buscar otras rutas más peligrosas, algunas de ellas marítimas, donde quedan expuestos con mayor facilidad al crimen organizado.
La tragedia más reciente, reportada por el albergue “La 72” y atribuida a esta política restrictiva, fue la muerte de un migrante ahogado en el río, ante la mirada pasiva de agentes del Instituto Nacional de Migración, quienes lo sentenciaron soltando un crudo “dejen a ese pendejo”, en medio de una persecución.
La franja fronteriza de México-Estados Unidos se ha movido, ha llegado hasta el sur y más aún se ha ampliado a otros estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, lugares donde el Programa Frontera Sur está presente.
[contextly_sidebar id=”Z0IRz0U0XzbmgvS5GIUIGFssUcEK0r6L”]Aun no se han repetido momentos de indignación por el tema migratorio como lo sucedido con los cuerpos de los 72 migrantes encontrados en Tamaulipas, sin embargo las historias de horror se repiten y se repiten: poco se sabe de las dos personas extranjeras que fueron encontradas sin vida al estar detenidas por autoridades mexicanas. En el primer caso se trató de una pequeñita de origen ecuatoriano que fue trasladada a un albergue en Chihuahua; la versión oficial fue que se suicidó en el baño del albergue “La Esperanza” a donde la llevaron policías de la entidad, sin embargo, el Cónsul ecuatoriano puso en duda esa versión. El segundo caso tiene apenas un par de semanas, un joven también de Ecuador fue encontrado sin vida en una estación migratoria de Michoacán, al parecer se suicidó.
Las circunstancias en las que salen las personas de sus países de origen y las que enfrentan al cruzar nuestro país están relacionadas con la violencia, son agredidos en sus países y son agredidos aquí, el encierro que enfrentan en las estaciones migratorias afectan sus estados emocionales; el INM es capaz de quebrar al más fuerte, negándole información sobre su proceso y creando angustia por el tiempo de la detención.
Por si esto fuera poco, ahora hay que sumar el racismo y la xenofobia expuesta por quienes, en teoría, se encargan de crear normas y leyes que protejan los derechos humanos de sectores vulnerables como la población migrante nacional e internacional. Las indignantes declaraciones de la Diputada del Partido Revolucionario Institucional por Veracruz, Patricia Peña Recio, miembro de la Comisión Sur Sureste, quien quedó retratada como una funcionaria intolerante, antimigrante, racista y xenófoba, abren otro frente, otra barrera para las personas migrantes, quienes además de enfrentar las restricciones del Plan Frontera Sur, también deben lidiar con el odio y el rechazo de parte de la sociedad que coincide con lo sembrado por esta funcionaria en algunos sectores de nuestra población.
Tal parece que en México, el discurso de la diputada Peña Recio es el mejor retrato de lo que busca el Plan Frontera Sur: más control, más seguridad y más violencia contra “los migrantes peligrosos” que vienen y transitan por nuestro país. Algo muy parecido a lo que sucede en Europa, concretamente en España, en donde el catedrático Javier de Lucas, experto en inmigración y extranjería, en entrevista con El País, se le cuestiona sobre si la xenofobia ha crecido con la crisis en toda Europa, a lo que responde “Lo que está pasando en Europa ahora es que en vez de tener un proyecto que suscite no digo ilusión, pero sí adhesión, lo que hace es replegarse, apelar al miedo y, por tanto, generar xenofobia. Tienen razón los que dicen que vivimos un momento de xenofobia institucional, de xenofobia incentivada desde las instituciones”.
Es difícil pedir a una sociedad que está lacerada por la corrupción de sus autoridades, por la violencia y el narcotráfico, que además, se indigne por lo que le pasa a los extranjeros que llegan a nuestro país; sin embargo, es necesario hacerlo. Quien se indigna por nuestros 43 normalistas desaparecidos, se debe indignar por lo ocurrido a la niña ecuatoriana que buscaba encontrarse con sus padres en Nueva York o por el joven que no pudo recibir el auxilio de varios agentes migratorios que bien pudieron haberle salvado la vida.
* Diana Martínez Medrano es Coordinadora de Atención y Servicios de sin Fronteras (@SinFronteras_1)