Redacción Animal Político · 18 de mayo de 2011
Madrid, barrio universitario de Malasaña. Cerca de la plaza 2 de mayo donde cientos de estudiantes practican el consabido “botellón” a la medianoche, un edificio de viviendas abandonado en la calle del Pez, bulle de actividad. En la planta baja gente de toda edad y condición fuma y bebe cerveza en lo que puede ser el bar más ecléctico del rumbo. El mobiliario es una variedad muebles usados y otros construidos con materiales de desecho. En un salón contiguo, varias parejas de jóvenes practican pasos de tango con la guía de un elegante maestro sexagenario. En los pisos de arriba, entre sillas y mesas de todo tipo, pizarrones, carteles y anuncios, grupos de activistas discuten y planean sus próximas jugadas.
Se trata del “Patio Maravillas”, un “espacio polivalente autogestionado”, según declaran sus promotores, sito originalmente en un antiguo colegio “okupado” en la calle de Acuerdo 8 del mismo barrio. El local invadido por grupos de activistas, era utilizado para llevar a cabo actos culturales, de capacitación y de expresión artística donde se buscaba la participación de una renuente comunidad local, estudiantes y migrantes. En enero de este año, la policía los desalojó, pero ante la convocatoria de cientos de apoyadores, ese mismo día se “okupó“ otro edificio abandonado de años de la calle del Pez 21. Ahí están desde entonces, aunque las amenazas de lanzamiento no cesan.
La semana pasada tuve oportunidad de conocer el lugar, y recorrer sus plantas. Temeroso al principio de lo que pudiera encontrar, no vi más que expresiones de amistad, tolerancia y una creatividad muy divertida. Esa misma noche se estaba organizando ahí lo que ahora se conoce en España como el Movimiento 15M o #AcampadaSol. Efectivamente, se había convocado a una marcha para el domingo 15 de Mayo, que partiría de la glorieta de la Cibeles hasta la Puerta del Sol.
“Es una marcha de anarquistas”, explicaba yo a mis sobrinos mientras viajábamos en el metro, cuando una muchacha nos abordó y aclaró que ella estaba en la organización, que la protesta sería pacífica y que buscaba mejores oportunidades para los jóvenes. Tuve que reconocer que mi expresión había sido exagerada.
El tema de la marcha se resumió en la frase “Democracia Real, Ya!” movimiento internacional que engloba una buena cantidad de propuestas y exigencias que van desde lo más global como la injusticia de las deudas externas (“Caso Islandia”) hasta lo más local como oportunidades de educación, trabajo, vivienda y cultura, pasando por reclamos a la inoperancia del congreso de los diputados, y la falta de representatividad de un sistema de grandes partidos políticos. “Creemos que la clase política vive lejos de la ciudadanía. -declaran los manifestantes- Tenemos derecho a indignarnos”. Como pueden leer, demandas nada ajenas a nuestra realidad.
La marcha tuvo una convocatoria enorme, que rebasó todas las expectativas. Se llevó a cabo en varias decenas de ciudades, pero en Madrid se calcula que más de 10,000 personas llegaron a la Plaza; un número inusitado para un evento en que sus promotores se declaran -desde luego- apartidistas, pero también antisindicalistas y que pugnan por que la protesta sea pacífica. Como suele suceder, un puñado de rijosos se hizo arrestar por la policía, y al final de la manifestación, varios cientos de personas decidieron quedarse en plantón para permanecer por lo menos hasta el domingo 22, día de las elecciones municipales y autonómicas en el país ibérico. Es evidente que el fantasma de las revueltas árabes, y el activismo en las redes sociales, estaban por allí, lo cual tenía muy nerviosas a las autoridades.
El lunes dejé Madrid, y la plaza seguía ocupada por varios cientos de manifestantes que se disponían a pasar allí una buena temporada. En la madrugada del martes la policía desalojó a los acampantes, en un operativo eficaz; que de poco les sirvió ya que a través de redes sociales, e invocando una represión que hay que reconocer no fue violenta, se convocó a otra concentración hacia la tarde del mismo día.
Se volvieron a reunir muchos más; mejor preparados, y mejor organizados. A la hora de escribir estas líneas ya no eran cientos, sino miles los que pasaban la noche en la más emblemática plaza de Madrid; el kilómetro cero, punto de partida los caminos de España. Los llamados en las redes sociales aumentan, y la gente sigue acudiendo. Las elecciones del domingo, ya están marcadas: los políticos literalmente se “echan la bolita” y los medios que inicialmente desdeñaron la importancia de la marcha ahora se ocupan de las protestas en sus titulares. De última hora se conoció que ante la inminencia de los comicios, la Junta Electoral acordó prohibir las concentraciones, por lo que la situación se caldea por minutos.
¿Qué pasará en la Puerta del Sol? ¿Hasta dónde llegarán las protestas? No lo sé. España no es México, ni Islandia ni Túnez ni Egipto; su nivel de vida es altísimo y los precaristas de allá serían clasemedieros acá. Los participantes en las protestas son jóvenes en su mayoría, y con una amplia educación la totalidad. No tienen –desde luego- el respaldo de toda la sociedad española, pero sus reclamos son válidos y universales: Liberalismo y globalización exacerbados, falta de representación política ante el sistema de partidos políticos imperante, congreso sordo y muy alejado de las necesidades de la gente; corrupción, prevalencia del capital sobre los intereses sociales (“poderes fácticos”); demandas todas éstas que bien pueden surgir allá, pero que hacemos nuestras acá.
Creo en la democracia; creo en los partidos políticos como la fórmula menos peor para ejercerla; pero lo que vi en Madrid, y lo que veo en mi país, es un reclamo por la cada vez mayor lejanía entre gobiernos y partidos; y la gente.
Tengo la impresión de haber atestiguado durante mis vacaciones, el inicio de algo importante; de una llamada de atención a los gobiernos… no sólo los antidemocráticos ni a las “dictaduras perfectas” como el ejemplo del África sahariana, sino también a las democracias legítimas como España o México, de que hay algo que no funciona, y de que la gente se está dando cuenta.
¿Cuántos Patios Maravillas se estarán gestando por el mundo?