El partido reaccionario

blogeditor · 17 de julio de 2014

El partido reaccionario

Hace algunas semanas, durante una cena, pedí a un grupo de colegas estadounidenses que me señalaran el mayor problema que enfrenta la política estadounidense. Para mi sorpresa, la respuesta fue casi unánime (y entre los comensales había demócratas y republicanos, vale la pena aclarar). Todos estuvieron de acuerdo en alguna versión de lo siguiente: el principal obstáculo que enfrenta Estados Unidos es la intransigencia y la ceguera moral del partido republicano. “Se ha vuelto un partido reaccionario”, resumió alguien. La frase me pareció excesiva. A pesar de la evidente sinrazón republicana (al menos) desde los años de Clinton, me parecía difícil creer que un partido político en un país de primer mundo cerrara los ojos por completo, por ejemplo, ante el imperativo moral. Salvo el fanatismo, toda intransigencia encuentra su límite en la evidencia de la desgracia ajena. Pues ahora sé que fui un ingenuo. Después de la reacción republicana a la crisis de los niños migrantes, debo finalmente reconocer que me equivoqué.

El partido republicano está podrido.

[contextly_sidebar id=”u4KtZdhNCNg6Ez9JdDHzetEoDezRNoX6″]A diferencia de la discusión por la reforma migratoria, en la que los republicanos pueden recurrir a demagogia diversa para retrasar una aprobación urgente, la crisis humanitaria de los pequeños centroamericanos que huyen de sus países con la esperanza de reencontrase con sus familiares en Estados Unidos no ofrece ambigüedad moral –ni escapatoria retórica– alguna. Es evidente que los miles de niños que llegan a Estados Unidos lo hacen básicamente con la intención de sobrevivir. Escapan de sitios donde la vida se ha vuelto imposible, arriesgándolo todo –empezando por la vida– con tal de hallar la posibilidad de resguardo, aunque sea temporal. Cumplen, casi palabra por palabra, con la definición que hace Naciones Unidas de los refugiados. Son huérfanos dobles: de padres y de patria. Lo único que piden es la posibilidad de explicar su situación para, de merecerlo, recibir asilo. Esa oportunidad está contemplada en la ley estadounidense actual, y qué bueno que así sea. Así las cosas, el camino natural para comenzar a solucionar la crisis de los niños migrantes (por lo menos la de los niños que ya están en Estados Unidos) es respetar esa ley y darles su día en la corte. Si merecen quedarse, que se queden. Si no, que vayan de vuelta a casa. Esa es la posición mínimamente sensible que debería respetar el gobierno estadounidense.

Esa ha sido, hay que decirlo, la postura del gobierno de Barack Obama. Sí, a trompicones y como sea, pero Obama ha propuesto dos caminos: mejorar las condiciones en las que viven los chicos y ampliar la capacidad de las cortes para tratar de expeditar, en los tiempos que marca la ley del 2008 para la protección de menores migrantes y posibles víctimas de trata.

No es lo ideal, pero es lo mínimo.

¿Y cómo han respondido los republicanos?

Me permitiré ser franco: han respondido con un escupitajo. El senador Jon Cornyn, un texano opuesto casi por principio a la reforma migratoria, y el representante (demócrata) Henry Cuéllar han propuesto una barbaridad llamada “Humane act”. Los dos legisladores sugieren que, en un acto de suma in-humanidad, la ley del 2008 sea modificada para que los niños centroamericanos sean devueltos a sus países con la misma celeridad que los niños mexicanos. Esto implicaría, primero, que los pequeños salvadoreños, hondureños y guatemaltecos tendrían que convencer a un agente de la patrulla fronteriza antes que a un encargado de los servicios de salud de la viabilidad de su posible asilo humanitario: la diferencia entre hablar con un tipo que carga una pistola y no tiene como prioridad el bienestar del menor y hacerlo con alguien que tiene la encomienda opuesta. Y ese es solo el principio de la propuesta, llena de maltrato e indignidad. Es, en suma, una respuesta punitiva, que tiene como intención central la deportación masiva, sin ninguna consideración por la auténtica circunstancia del niño migrante.

Es una política inhumana. Digna, sí, de un partido reaccionario.

Un partido político que ha perdido el alma.

 

 

@Leon_Krauze