blogeditor · 19 de julio de 2012
‘Somos en México casi todos, más prístas aún que mexicanos. Dejamos empeñada nomás, la corona y el cetro: En el partido nos transformamos de dientes para afuera, nomás para aplacar a los que desconfían de nosotros’
Escuchado en casilla donde voté, 1º. de julio 2012
Octavio Paz en Posdata veía en la política de México a una estructura piramidada, con el Presidente o Tlatoani Imperial priísta en la cúspide. Lo de hoy, después de las elecciones de la Restaturación Mexicana, más bien se asemeja a un ‘Demolition Derby’, con Hummers blindados del PRI-PVEM y PANAL (por supuesto), aniquilando a cacharros sacrificables azules y amarillos, con árbitros capturados y una sociedad que no acaba de despertar y aún sigue sacudiéndose las telarañas del pasado que no nos abandonó nunca.

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El PRI se impuso con reglas desiguales y cartas marcadas. Ahota México experimenta lo que parece ser una regresión que debemos frenar las y los ciudadanos.
Sólo duró roto dos sexenios el Humpty Dumpty tricolor del Dinosaurio: si no indestrucible, reconstituido: con versiones Bonsai en las estados que nutrieron las expectativas de su regreso triunfante.

Guardando las proporciones, vivimos otro 1946 – Ávila Camacho militar a Miguel Alemán civil. Transición similar a la de la casta militar que prevaleció después de la Revolución que devoró a muchos de sus hijos. Después arribaría la tecnocracia, y el callejón sin salida del que iba a sacarnos Vicente Fox. Luego las elecciones del gerente haiga sido Calderón, quien sólo ‘calentó la banca’ para la eventual entrada de los mismos pillos de siempre.
Si el PRI desde el poder y con casi todos los hilos en la mano consigue hacerse del control de la presidencia tres sexenios más (como augura Alejandro Páez), entonces va a celebrar el centenario del partido en 2029: misma distancia (casi) del error de diciembre 1994 y sus secuelas de 1995 hasta nuestros días.

El PAN regresará, pero a las catacumbas. Criticando, desde afuera: apoyando sotto voce. Las otras oposiciones serán simbólicas, compradas o doblegadas. La Maestra Gordillo hará valer su condición de kingmaker: Ama y Señora de la Educación Mexicana. La izquierda seguirá en guerra consigo misma.
No van a ceder tan fácil el poder. Consumarán la labor de colonizar las instituciones que escaparon a su control porque se les atravesó la crisis económica, el depilfarro irresponsable, sismos, Zapatistas, asesinatos entre los clanes. El Grupo Atlacomulco tendrá que imponer un remedo de orden interno. De los intentos en la sociedad por volverse a liberar de su yugo, se encanrgarán las televisoras.
Se restituye el gran arco histórico: de la Revolución Mexicana, a la Restauración del Viejo Régimen. Dos bloques, interrumpidos por una rendija de luz: la Gran Oportunidad Perdida, que quizá no se presente con posibilidades de desbancar con claridad al PRI en dos o tres generaciones.
Tendrá chance –si se los permitimos- de completar la tarea de demolición que no pudo acometer Salinas. A los atlacomulcas le ha sido conferida una segunda oportunidad: como los sonorenses que institucionalizaron la Revolución en los años veinte; quizá le toque a Peña Nieto y a sus secuaces perpetuar el retroceso disfrazado de avance irrenuncialble: la Pax Priísta algunas décadas más.
El Gran Experimento será llevado a cabo con el apoyo irrestricto de las televisoras, las cuales pregonarán a los cuatro vientos las virtudes (inexistenes u ocultas a los ojos del común de los mortales) del presidente electo, su esposa y el resto del gabinete que buscarán emular los ‘logros’ de su mentor Carlos Salinas de Gortari.
Para el PRI el reloj se detuvo en 1991: antes de las concertacesiones camachistas de Guanajuato y San Luis que muchos cuadros del Pleistoceno aún no le perdonan al de Agualeguas. Justo cuando las elecciones intermedias del sexenio salinista borraron del mapa a la oposición.
En esta ocasión, el asalto a Palacio fue a base de votos inducidos y tarjetazos Monex y Soriana, con blitzes en medios que envidiarían muchos regímenes opresores, y que llegó a extremos delirantes durante la campaña. Peña Nieto en todas las entidades de la República, copiando el formato de los anuncios del canal de las estrellas. Puro compromiso incumplible, pero que dará múltiples notas en horario triple ‘A’ para el sexenio 2012-2018.

Tal vez viva en el error, y el día de mañana nos topemos con un gobierno que entienda que los cambios deben ser profundos e irreversibles. Yo tengo mis dudas. No creo que la camada de políticos impunes que vuelven por sus fueros a ocupar la Primera Magistratura, vayan a cambiar su Modus Operandi por ósmosis, o merced a una repentina toma de conciencia. La tentación autoritaria corre mucho más hondo que cualquier molécula democrática que pudiese anidar en su conciencia de grupo.
La prueba de fuego del peñismo serán las elecciones intermedias de 2015. Si se desarrollan éstas como las salinistas de 1991, entonces el PRI irá, desde el gobierno, por todo. Votar por el tricolor será obligación patria, y a la oposición tendrá que dársele -sobre todo, en los enclaves priístas- ‘respiración boca-a-boca’, como lo expresó elocuentemente un funcionario en ese sexenio.
De que haya archipiélagos de modernidad democrática en la Ciudad de México, con ciudadanos asumiendo su destino y participando activamente en la toma de decisiones que les afecta diectamente, quizá dependa el desarrollo o interrupción de la metástasis peñista. Miguel Ángel Mancera no ha dado señales contundentes de que modificará las estructuras clientelares, y que explican en gran medida su victoria arrolladora. Si Marcelo Ebrard asume el mando como nuevo caudillo de la izquierda, no habrá lugar para la sociedad civil en el futuro. Se reeditarán los conflictos internos de la tecnocracia que enfrentaron a los científicos como Aspe contra los supuestos ‘blandos’ como Manuel Camacho (Senador electo de la coalición de izquierda, y padrino o Svengali del jefe de gobierno). En 2018 chocarán entonces dos vertientes del salinismo, y el PRD será un ‘bulto’ que no dará pelea a la aplanadora tripulada por los priístas..
Si no nos avispamos, a partir del primero de diciembre se habrá cerrado el paréntesis de la democracia: Dará inicio un interminable y farragoso culebrón o Reality sexenal. El único antídoto que se me ocurre para que no nos avasallen simulaciones y mentiras, es más y mejor ciudadanía.