El papel de los medios en 2012

blogeditor · 25 de octubre de 2011

El papel de los medios en 2012

En mi aporte anterior a Animal Político, describía yo como un panel de especialistas desgranaba los factores que conformaban un negro panorama sobre el papel de los medios de comunicación, señaladamente la radio y la televisión, en el proceso electoral federal de 2012. La legislación vigente que impide a grupos y partidos contratar propaganda electoral generará una avalancha de “spots” inútiles y molestos, y provoca a la vez un “mercado negro” del que los medios se benefician ilegalmente y sin control alguno apoyando a los partidos o candidatos de su elección, y afectando a los demás;  la concentración de la propiedad de las concesiones en algunas pocas familias, una falta de verdadero desarrollo profesional en el trabajo periodístico, y el desaprovechamiento de los nuevos canales que la revolución digital pone a disposición del Estado, para otorgarlos a los mismos concesionarios de siempre, son algunos de los elementos que pintan de negro este horizonte del 2012.

Prometí sin embargo descubrir si lo anterior tenía solución, o ya podíamos descartar a los medios mexicanos como promotores de un proceso democrático. Y me parece que si bien el panorama es adverso, hay algunos elementos que arrojan luz, dan esperanza y que con el concurso de la ciudadanía y un poco de suerte, pueden paliar, y en el mejor de los casos influir en lograr un proceso verdaderamente democrático.

1. Las audiencias se hartan.  La repetición machacona de las mismas ideas mañana tarde y noche, no terminan por ser asimiladas, ya sean éstas mentiras o verdades; antes al contrario, puede lograr en las audiencias un hartazgo que las mueva a buscar otras opciones, otros contenidos.  Sólo recuerde usted lo alucinantes que fueron los spots electorales en 2009. En más de una ocasión la gente ha dejado de ver su programa favorito simplemente porque los comerciales le resultan ya insoportables, y busca otras opciones menos agresivas.  Al paso de los años la oferta de medios, particularmente los electrónicos ha crecido sustancialmente, y ahora son muchos más los mexicanos que tienen acceso no a los mismos canales de “melón” y de “sandía”, sino a decenas o cientos de canales de televisión restringida a precios razonables que si bien muchas veces son de los mismos dueños, ofrecen una diversidad mayor, y dentro ésta algunas opciones más frescas y objetivas para ser informado de la oferta electoral.  Los canales y medios del estado también han estado reconvirtiéndose últimamente, ofreciendo producción o cobertura informativa más atractiva y menos sectaria. De esta forma emisiones que antes eran consideradas prácticamente “invisibles” se convierten en alternativas viables para audiencias necesitadas de otros enfoques de opinión.

2. Un monitoreo efectivo. Y no me refiero a los monitoreos del IFE de cuya eficacia ya me referí en ocasiones anteriores; sino al escrutinio que los partidos y candidatos debieran hacer del uso de los medios por parte de otros partidos y candidatos, y a las observaciones que la sociedad toda, a través de diferentes instancias cívicas o académicas realizarán en el proceso electoral, para tratar de paliar aunque sea en parte este “mercado negro” mediático del que me refería en ocasión anterior; esto es, todo tipo de propaganda electoral explícita o implícita que no sean los spots del IFE. Si los partidos renuncian a denunciar  tales prácticas por mantener una antidemocrática complicidad, serán las organizaciones cívicas, nutridas por la academia, las que podrían hacer la diferencia en estos procesos electorales. De la misma manera en que se registran observadores para la jornada electoral, el IFE debería registrar por igual no uno, sino muchos observatorios de medios de diferente alcance y darles certeza de cauce de sus denuncias y señalamientos.  Hasta la fecha los llamados “Procesos sancionadores” que ha promovido el Instituto han sido decepcionantes aún cuando son flagrantes las violaciones al COFIPE; sin embargo si se logra el concierto de la opinión pública especializada y/o de la academia, tal vez tengan mejor fortuna. Bien podría el Instituto Electoral hacer una buena campaña dentro de los muy abundantes tiempos de que dispone, para dar a conocer a la ciudadanía las reglas electorales en materia de medios, e invitarla a denunciar cualquier violación. La radio y televisión públicas del Estado, que han demostrado que van por buen camino para su reconversión (No son ya al menos voceros del partido en el poder), bien podrían ser más que contrapeso (imposible competir en nivel de audiencias) y ser “fieles de la balanza” para hacer sus propias observaciones y monitoreos, o darle cauce a los de otras instancias cívicas y académicas.

3. La opinión pública no es necesariamente la opinión publicada.  Al igual que últimamente se confunden los resultados del ejercicio de la democracia participativa con los de una encuesta de opinión, también se asume a veces que a mayores impactos o presencia en los medios de comunicación, se da la mayoría democrática. La propaganda influye desde luego, pero no es el veredicto final. Al igual que las encuestas de opinión, son muchos los factores adicionales que inciden para que un voto finalmente caiga al fondo de la urna, y uno de los más importantes es la influencia de los líderes de opinión.  En México no se ven noticieros ni se leen periódicos ni se accede al internet de forma masiva; pero muchos de quienes lo hacen se convierten en “influenciadores” de la opinión de los demás, dentro de sus propios círculos familiares, laborales y sociales. En pocas palabras: ni la más aplastante campaña mediática podrá competir en credibilidad con una buena sobremesa de los domingos. Los partidos y candidatos bien harían en considerar y no despreciar a estos verdaderos líderes de opinión que no necesariamente cambiarán su preferencia electoral a punta de “espotizas”, ni de presencia excesiva en los medios electrónicos.  Lo más inteligente sería averiguar quiénes son esos líderes, qué hacen qué leen, dónde se informan y cuáles son sus fuentes más creíbles. Ni las encuestas hacen la democracia, ni la radio y televisión hacen la campaña.

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Hay otras varias ideas que pueden mejorar la situación de los medios con vistas al proceso electoral, pero con el inicio formal de éste, y el total desinterés legislativo sobre el tema, las hace inviables para 2012.  Baste decir aquí, que una verdadera reforma electoral presupone una adecuada legislación de medios a nivel transversal, que afecte no solamente prensa, radio y televisión, sino las telecomunicaciones y los contenidos del internet. Una legislación que dé certeza a las inversiones, garantice la libertad de expresión, pero que también fomente la participación de más actores en la industria, enriquezca los contenidos y en suma: haga florecer la democracia ahí donde ahorita se está asfixiando.