El papa reformador, de los pobres a la misericordia

blogeditor · 15 de febrero de 2016

El papa reformador, de los pobres a la misericordia

Indudable, son tiempos de cambio profundo y de oportunidad para la Iglesia católica, para reencontrarse con sus fuentes del Evangelio anunciado a los pobres y excluidos por Jesús de Nazaret en la Galilea del siglo I de la Era Común.

Como nunca en los últimos tiempos de esta institución, recuperando el espíritu que el Concilio Vaticano II significó hace medio siglo, se han puesto sobre la mesa diversos temas que nos hablan de un proceso de reforma de la Iglesia de Pedro y Pablo: los intentos de hacer más evangélica la vida y gestión de la oscura Curia Vaticana; el atrevimiento de proponer una vida más austera para toda la jerarquía eclesiástica; el cuidado por la Casa Común que lanzó el papa Francisco en su Carta Encíclica Laudato Si’; la escucha compasiva y solidaria del grito de los pobres; y, de manera más sorprendente aun, la inclusión de diversos grupos de creyentes que habían sido vetados en otros tiempos de la participación activa en la vida de la Iglesia, como son las mujeres, las comunidades de la diversidad sexual y los divorciados. Todos estos signos los lanza el papa Francisco en medio del descrédito de la Iglesia católica por los abusos sexuales perpetuados por algunos sacerdotes, el 3% de ellos, y ¿el otro 97% por qué no son noticia? Otro aspecto de la crisis es la salida del catolicismo de cientos de miles de feligreses que no están de acuerdo con la institución por su manera de proceder.

No hay día en que los medios de comunicación no saquen una nota sobre el papa Francisco. Pero para poder entender muchas de sus acciones, necesitamos conocer lo que hay en su interior como hombre creyente, aquel lugar donde surgen sus decisiones.

[contextly_sidebar id=”6eOmzVkxSo12fMRU0xMMCYvMntiQom6z”]Aunque hablando desde un punto de vista canónico el papa Francisco ya no es jesuita (pues no debe obediencia a ningún superior de la Compañía de Jesús, orden de donde él procede), sus acciones pastorales se ven impregnadas por esta espiritualidad que lo ha marcado en toda su formación como jesuita antes de ser nombrado obispo y papa: al respecto se puede resaltar el humanismo preponderante en la formación que ofrece la Compañía de Jesús, donde la ciencia, la vida interior profunda y el servicio a los pobres son factores fundamentales que se conjugan y hacen de los jesuitas una manera particular de proceder como religiosos en el mundo.

No pretendo ser un simple defensor de todo lo que hace Francisco, sino tener una mirada crítica y aguda, sin dejar a un lado las implicaciones sociales y políticas de sus acciones donde hay resistencias, aciertos, errores, pero siempre en el marco de un profundo discernimiento que rompe con ciertos mitos de la modernidad. En concreto, la cuestión fundamental a discernir en estos tiempos de exclusión globalizada es si vivimos en el mejor mundo posible… ¿para quién?, ¿para los pobres y segregados? Indudablemente no.

De la visita del papa Francisco a México, los cinco lugares donde se programaron celebraciones multitudinarias nos dicen algo: la Basílica de Guadalupe y su cercanía con los pobres e indígenas, los diversos, los que sufren. Ecatepec, aunque bastión del priísmo, existe el crecimiento inminente de las comunidades protestantes en ese lugar. Los otros tres puntos emblemáticos son: San Cristóbal de las Casas, Chiapas; Morelia, Michoacán; y Ciudad Juárez, Chihuahua. Son puntos geográficos donde la discriminación, la violencia, la migración y las muertas de Juárez claman por justicia. Son una muestra de lo que está sucediendo en todo el país, que poco a poco se está destrozando por la corrupción, la falta de equidad y por el abandono a las demandas justas de sus ciudadanos.

Habrá que leer y escuchar con oído atento y corazón dispuesto sus discursos, especialmente aquellos que surjan, como ha sucedido en otras visitas a otros países, fuera de su programa oficial cuando, dependiendo del contexto, el papa Francisco habla de lo que realmente piensa con mayor espontaneidad. Pero también habrá que saber leer sus signos proféticos que caracterizan su fuerza pastoral de cercanía con los excluidos y despreciados.

Esperamos también la probable audiencia de carácter privado que tendrá el papa Francisco con los padres de los 43 normalistas desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, como un signo de clamor por la justicia, de respeto ante el dolor de las víctimas. Estemos atentos a las entrevistas privadas que tendrá con otros grupos, tal vez las víctimas de la pederastia clerical, que darán de qué hablar al darnos la foto completa de lo que mueve a Francisco desde su propia espiritualidad y acción pastoral con incidencia en la vida social, política y espiritual de nuestro país.

Hay que ver con sentido crítico cómo se han querido montar los políticos y los grandes empresarios dentro del espectáculo de la visita del papa Francisco para su uso personal y la promoción de su imagen para las próximas elecciones. Y ponderemos el derroche de recursos para la infraestructura de los eventos y la logística de la seguridad como un medio de control de masas y como lavado de imagen social con fines propagandísticos con dispendios millonarios. Al respecto, no olvidemos que el papa Francisco ha pedido que no se hagan gastos suntuosos y que todo sea sobrio para reducir los gastos de su visita frente a la pobreza que viven millones de mexicanos.

Francisco tal vez no llene las expectativas de todas las personas que vivimos en México con demandas de justicia, pero indudablemente señalará una ruta de vida por la que hemos de transitar en nuestro país, a quien le urge madurar, para alcanzar una sociedad más justa, compasiva, solidaria y pacífica.

 

* P. Conrado B. Zepeda, s.j. es mexicano de nacimiento. Adoptado por los mundos indígenas de Chiapas. Activista y Acompañante en Resolución de Conflictos. Voluntario de Amnistía Internacional. Colaborador en Interculturalidad e Indígenas. Profesor y Alumno con Estudios en Literatura, Latín y Griego. Bachillerato en Filosofía.