blogeditor · 2 de febrero de 2015
Por: Mariana Roca (@SansSobriquet)
Como seres humanos estamos llenos de contradicciones y el Papa no es la excepción. Francisco, personaje máximo de la iglesia católica, es interpretado por un hombre llamado Jorge Mario Bergoglio. Con este comentario no busco herir sensibilidades ni atentar contra las creencias religiosas de nadie, sólo quiero hacer notar que el Papa es persona, como usted y como yo, y que, como tal, tiene derecho a contradecirse en ocasiones.
Es cierto que, como persona, es una de las más poderosas del planeta, que su opinión pesa mucho más que la de muchos otros líderes políticos o religiosos, que para más de mil millones de personas, lo que diga Francisco es ley y que, por lo tanto, debería ser mucho más cuidadoso con lo que dice. No es lo mismo que a mí me pesquen los reporteros afuera del súper y me pregunten qué opino de la anticoncepción a que se lo pregunten a él.
A mediados de enero, el papa Francisco dijo “Algunos creen —disculpen la expresión— que para ser buenos católicos tenemos que ser como conejos. Pero no”. Se refería a la paternidad responsable, pero el comentario fue muy desafortunado. Mucha gente ha criticado que usara una expresión tan coloquial, pero no creo que haya querido decir “no actúen como animalitos”. Ciertamente, ni los católicos ni los demás somos conejos.
Lo escandaloso, a mi parecer, es que los católicos, que no tienen permiso de la Iglesia para usar métodos anticonceptivos que no sean el ritmo y la abstinencia, tampoco puedan ampararse con frases como “tendré los hijos que dios me dé”. Leía la semana pasada la columna de Roberto Blancarte donde cuenta la siguiente anécdota:
“Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores en 1968, habría visitado al entonces papa Paulo VI, quien acababa de condenar los anticonceptivos en su encíclica Humanae Vitae y le repitió la frase bíblica de “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”, a su interlocutor. A lo que el funcionario mexicano le habría contestado: “Sí, su santidad, Dios dijo creced y multiplicaos, pero no dijo a qué tasa”.
Y aquí quiero insistir en mi primer punto: el Papa también es una persona. Tiene derecho a opinar y es un líder muy importante, pero que yo sepa Dios no se ha sentado a hablar ni con él ni con nadie para manifestar su rechazo por la anticoncepción. Tampoco ha charlado con nadie sobre el aborto, la eutanasia, la homosexualidad ni la reproducción asistida. Ni siquiera ha hablado del hambre, la pobreza y la guerra.
La popularidad de la Iglesia Católica no está a la alza y el rigor de algunos ha dejado de convencer a otros. Muchos han optado por creer en el dios de los católicos, pero no juntarse con los creyentes. Otros, de plano, han salido de las filas de los apostólicos romanos. Esto ha llevado al Papa a modificar su discurso haciéndose pasar por “progre” a ratos con tal de que la Iglesia Católica deje de perder adeptos. Ha hablado de la importancia de cuidar la vida trabajando por mejorar las condiciones de vida de los marginados.
Pero, cuando habla de reproducción ¿se vale que hable de control de natalidad en lugar de hablar de la salud o la dignidad de las católicas? ¿No es derecho de cada católica decidir cuántos hijos quiere tener y cuándo tenerlos? ¿Qué pasa si alguien a quien respetas y admiras te dice que no puedes hacer una cosa, pero no te da herramientas para evitarlo? Se me ocurren muchos embarazos no deseados, madres que se sienten culpables y muchos, pero muchos católicos deprimidos…
Si una mujer tiene siete hijos y tener más representa un riesgo a su salud, necesita anticoncepción. El papa Francisco critica a quienes cuestionan los roles tradicionales del hombre y la mujer. Critica a quienes se dedican a dar educación sexual para evitar embarazos no deseados (entre otros muchos problemas). Considera una “colonización ideológica” que se difunda el secreto de que toda persona puede decidir sobre su cuerpo y planear su vida.
El Papa “progre” modifica el discurso para no perder adeptos, pero sigue sometiendo ideológicamente a una parte enorme de la población mundial. Cuando le dices a una mujer que no debe regirse por la frase “los hijos que dios me dé”, que no debe “reproducirse como conejo”, y que no debe utilizar anticonceptivos, lo que queda es la confusión. No se me ocurre nada bueno que pueda resultar de reglas tan estrictas que se contradicen entre sí y si fuera católica (que lo fui), volvería a salir corriendo.
* Mariana Roca es asistente de comunicación