El Papa en México y lo que escondemos debajo de la alfombra

blogeditor · 14 de febrero de 2016

El Papa en México y lo que escondemos debajo de la alfombra

Así como cuando nos preparamos para recibir invitados en casa nos empeñamos en hacer que todo luzca bien y esconder los desperfectos, la visita del papa Francisco a nuestro país nos lleva a preguntarnos qué se esconde bajo la alfombra en México.

Un tema que sin duda está presente en la sensibilidad de Francisco es la problemática socioambiental, la conexión entre el clamor de la tierra y el clamor de los pobres. Su carta encíclica Laudato Si´ sobre el cuidado de la casa común, publicada el verano pasado, constituye un manifiesto claro de su preocupación por la crisis ambiental en la que se encuentra el planeta y sus profundas conexiones con la injusticia social.

En México, casos recientes y tan sonados como la destrucción del manglar de Tajamar, en Cancún, o no tan lejanos como el derrame de residuos tóxicos de la mina de Cananea en aguas del río Sonora, son ejemplos de la devastación que al parecer el país está dispuesto a aceptar como precio inevitable del desarrollo. Los impactos al ambiente se asumen como daños colaterales en la búsqueda del crecimiento económico. En distintos puntos de la geografía mexicana y de manera constante se atenta contra los ecosistemas y sus pobladores, sin que existan contrapesos institucionales suficientes para la defensa del patrimonio natural.

[contextly_sidebar id=”pWF86n9nZIyo41XYg8VEiOxatJCaboQE”]Y es que frente a los cada vez más frecuentes casos de ecocidio, es natural cuestionarse dónde están las instituciones encargadas de velar por el equilibrio ecológico y la protección al ambiente. Pareciera que estas preocupaciones no son prioridad para nuestras autoridades y, peor aún, constituyen un obstáculo que tienen que sortear para lograr sus verdaderos fines. Carecemos de actores con relevancia en el marco institucional para defender criterios ambientales en la toma de decisiones sobre el territorio en México. Cabe subrayar que en los últimos años los titulares de los principales despachos gubernamentales (en los distintos niveles) encargados de cuidar el ambiente han sido cuadros políticos partidistas y no personas con trayectoria en el campo ambiental y comprometidas con la causa.

Si miramos hacia el futuro, el panorama tampoco es muy promisorio. La Reforma Energética, principal apuesta económica de la presente administración, arroja perspectivas sombrías para los paisajes y territorios del país. Figuras legales como la servidumbre de tierras, contempladas dentro de la mencionada Reforma, dan prioridad a la extracción de minerales e hidrocarburos sobre cualquier otra forma de aprovechamiento de las tierras. Si se encontraran, por ejemplo, yacimientos minerales debajo de las tierras ejidales de alguna comunidad, y hubiese un inversor dispuesto a explotarlos, los propietarios de los terrenos estarían obligados a arrendarlos o venderlos. El proyecto insignia del gobierno actual dota de más dientes a los proyectos de inversión para el despliegue del capital sobre los territorios y sus resguardatarios.

La visita del papa Francisco y su llamado urgente a la conversión ecológica para el cuidado de la tierra, debe servir como una llamada de atención a los diversos actores de la sociedad mexicana. La degradación de nuestro territorio y sus bienes naturales es dolorosa y alarmante. Es necesario reforzar nuestra consciencia para que pongamos límites a esta tragedia ambiental. Si queremos cohabitar de manera más justa en el presente y heredar un territorio en condiciones dignas a las futuras generaciones, debemos asumir posiciones más decididas en defensa de la tierra y no permitir ni ser partícipes del ecocidio.

 

* Programa de Medio Ambiente de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (@IberoAmbiente)  [email protected] Facebook: IberoVerde