El Papa en México: una voz para tomar conciencia sobre el tema migratorio

blogeditor · 13 de febrero de 2016

El Papa en México: una voz para tomar conciencia sobre el tema migratorio

Estamos en un momento histórico, en el que miles de personas se convierten diariamente en desplazados forzados y muchas veces sin saberlo, en refugiados. Estos refugiados silenciosos van llenando el territorio con sus pasos tristes, oscurecidos por la violencia, marcados por la incomprensión de muchos que seguimos en nuestro espacio aparentemente inalterado. Los llamamos migrantes, los pensamos extraños, los vemos lejanos.

Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna.[1]

Desde el 2013, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados alertó sobre el desplazamiento masivo de personas a causa de la violencia, guerras y conflictos; desde la Segunda Guerra Mundial no había habido tantas personas en esta situación: 59.5 millones en el año 2014, de los cuales casi 20 millones se consideran refugiados, y de ellos la mitad son niños. [2]

La migración es cada vez más un movimiento multicausal en el cual las categorías de personas en movimiento muchas veces inhiben la protección que necesitan. Una gran cantidad de personas en movimiento requiere protección internacional. En el 2014 se presentaron cerca de 900,000 solicitudes de asilo en los países industrializados. Estados Unidos y Canadá recibieron 134,600 nuevas solicitudes de asilo, 42% más que el año anterior. [3]

[contextly_sidebar id=”liniNDCouMY00KT5QHBtE00sQbGH0l2L”]A su vez, la migración indocumentada continúa, se incrementa, cambia de rutas, se adapta a la respuesta estatal y a la amenaza del crimen organizado, los grupos criminales y el sistema de impunidad que impera en las rutas de la migración del mundo. En México, donde ocurre el mayor flujo de personas en una dirección determinada (corredor migratorio México-Estados Unidos), sabemos que la vida y la dignidad de las personas migrantes (todas, incluyendo las que son refugiadas) está constantemente en riesgo, desprotegida, sin opción a decidir no migrar y sin forma de tener protección del Estado. [4] A pesar de que gran parte del flujo que migra a través de México con el objetivo de llegar a Estados Unidos es víctima de la violencia, la impunidad, el crimen organizado, la desigualdad y la injusticia, la política de control migratorio prevalece sobre la seguridad humana.

Para salvaguardar la frontera de Estados Unidos, México actúa creando una frontera en el sur a través del Programa Frontera Sur que busca impedir el paso sin averiguar si hay niñez migrante, personas en necesidad de protección internacional o víctimas de delitos. La efectividad de la política migratoria es clara: en el 2015 México realizó más deportaciones de migrantes centroamericanos que Estados Unidos; 118,000 centroamericanos (guatemaltecos, hondureños y salvadoreños) fueron deportados. En cambio, en los primeros nueve meses del 2014, de las 1,525 solicitudes de asilo recibidas en México, sólo se reconoció como refugiados al 16 %. La dignidad humana es pisoteada por la lógica del control de los flujos, que responde a la seguridad nacional.

Como sociedad estamos lejos, muy lejos de las necesidades de quienes ya no tienen certeza de donde localizar su hogar. La discriminación, la exclusión, la incomprensión crean un muro que no nos permite oír esas voces que necesitan ser escuchadas y comprendidas. Como lo expresa el papa Francisco:

La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquél sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil.[5]

Ante este escenario, la espiritualidad representa esa conciencia que nos une como seres, que mueve nuestro sentido de empatía, que nos motiva a tomar en cuenta al otro, a acercarnos y a actuar. Las palabras del papa Francisco significan fe porque buscan conectar con esta esencia de empatía que todos tenemos, muchas veces debajo de capas de prejuicios e ignorancia. Sus palabras, específicamente dirigidas a las personas migrantes y refugiadas, buscan transformar la forma en que vemos a los otros, nos conducen a ver a seres humanos iguales a nosotros, en lugar de personas indocumentadas, pobres en busca de trabajo o extraños peligrosos. Ojalá que la presencia del Papa en nuestro país deje una fuerte huella de compasión que borre cualquier distancia entre “nosotros” y todos aquellos que tienen que volverse migrantes y pasar por estas deshumanizadas rutas.

 

* Ximena Gallegos T. es coordinadora del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

 

 

[1] Carta Encíclica “Laudato Sii”, Alabado Seas, del papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común, Ediciones Dabar, 2015, pár. 25

[2] Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Tendencias globales sobre refugiados y otras personas de interés del ACNUR, Disponible aquí, consultado el 2 de febrero 2016.

[3] ACNUR, Tendencias de Asilo 2014, niveles y tendencias en países industrializados, Disponible aquí. Consultado el 4 de febrero 2016.

[4] El Comité de Desaparición Forzada de la Organización de Naciones Unidas ha reconocido que la ruta migrante por México está impregnada del contexto de desapariciones generalizadas del país. Asimismo, el Relator contra la Tortura ha expresado por su preocupación por la situación de tortura sistemática en el país.

[5] Carta Encíclica “Laudato Sii”, Alabado Seas, del papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común, Ediciones Dabar, 2015, pár.25.