El orgullo de vivirnos libres y sin miedo

Redacción Animal Político · 28 de junio de 2024

“Esta marcha es de fiesta, es de lucha y de protesta”

Junio es por excelencia acuñado a los movimientos y activismos sociales desde las disidencias sexogenéricas. Siendo el mes en el que se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBTIQA+, la importancia de la memoria es necesaria para no olvidar de dónde y cómo es que surge esta fecha. Más aún, porqué es fundamental continuar visibilizando, celebrando y luchando por nuestras libertades.

Las personas sexo-género divergentes, a lo largo del tiempo se han enfrentado a una constante discriminación, rechazo y violencia en distintos ámbitos de su vida. Desde persecuciones y acosos por no acatar las normas convencionales (responder al deber ser determinado por su género) como: vestirse inadecuadamente para su sexo, hablar o actuar de forma “femenina” al ser varón o “masculina” si se trataba de una mujer, bailar con personas del mismo género, no realizar actividades de acuerdo a sus roles establecidos; entre muchas más. Estas acciones les orilló a buscar y generar espacios seguros para poder ser y expresarse de manera libre. Aun así, el hostigamiento y los señalamientos no cesaron.

¿Cuándo y por qué comenzó esta conmemoración? Tras cientos de víctimas de detención arbitraria, acoso y violencia extrema, la madrugada del 28 de junio de 1969, al intentar hacer una redada policial en un bar de Stonewall (un barrio considerado tolerante y abierto a las diversidades en Nueva York), se suscitó una protesta, donde las personas LGBTIQA+ lucharon en contra de la autoridad por sus derechos y libertades.

Este episodio marcó un hito en la historia de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans, Intersexuales, Queer, Asexuales y en general todas aquellas que desafiaban las hetero-cisnormas, sobre todo las de género y orientación sexual.

En la actualidad, la remembranza anual de aquellos hechos, es celebrada con la ya conocida “marcha del orgullo”; misma que nos invita a mantener viva la historia para no permitir su repetición y que apuesta por visibilizar, normalizar y continuar luchando por los derechos de todas las personas sin importar su orientación sexual o expresión de género. Esta movilización sin duda es significativa a nivel mundial, ya que reivindica social y políticamente el orgullo de vivirnos de forma libre por quienes somos.

El también llamado “Día del Orgullo” cada vez adquiere más fuerza, razón que ha provocado la creciente lista de aliados entre grupos sociales, empresas y marcas. Al sumarse a esta “celebración”, la difusión y visibilización del movimiento aumenta y logra llegar a muchas más personas y espacios. Sin embargo, juega como arma de doble filo pues, ¿hasta donde es apoyo genuino como aliados y hasta donde, apropiación del movimiento? La línea entre ambos suele ser muy delgada. De allí la pertinencia de reflexionar, pues en los últimos años ha habido una participación exponencial de marcas, no solo en la marcha del orgullo, sino en la mercantilización y consumo de productos y marketing durante el mes.

Es así, que desde el día uno encontramos mercancías y campañas relacionadas, incluso tiendas pintadas de colores. Bajo estas circunstancias habría que cuestionar si las causas por apoyar al movimiento y sus exigencias (que año con año se colocan en manifiestos) son legítimas o si es meramente una estrategia de venta.

¿Tendencia o lucha genuina? Gran parte de las empresas y marcas “aliadas” hacen uso del movimiento con fines e intereses personales. Al respecto, existe lo que se conoce como pinkwashing, palabra que proviene del término ‘whitewashing’ y significa encubrir o blanquear, término que coloca a las empresas, marcas u organizaciones como aliadas de la lucha, cuando internamente y en la praxis, no impulsan políticas con perspectiva de inclusión y diversidad. Por el contrario, se aprovechan de momentos nodales para capitalizar mercancía y aparentar discursos inclusivos, a pesar de haber llegado (en algunos casos) a ejercer violencia y discriminación.

El mes del orgullo va mucho más allá. Nos invita a recordar las luchas y resistencias de dónde surge el movimiento, a tener presentes los avances significativos que hoy existen en la conquista de los derechos humanos que son motivo de celebración y fiesta para mostrarnos libres y tal cual somos sin escondernos de nada ni de nadie. También, es un buen momento para colocar sobre el discurso público las graves problemáticas a las que se enfrentan cotidianamente las personas disidentes; pues más allá de poner un filtro de colores en todos lados, hay que tomar acciones reales sobre nuestras prácticas, cuestionar nuestro accionar y el de nuestro entorno.

Como dijo Angela Davis (activista afroamericana): en una sociedad racista no basta con no ser racista, hay que ser antirracista. Reflexión que tiene cabida en los diversos movimientos sociales contemporáneos,  este caso, el del camino por los derechos, las libertades y las justicias de las personas LGBTIQA+.

Hay que recordar, que las personas de las disidencias sexuales y de género, no solo existen un día o un mes; son sujetxs de derecho, visibles a diario en los espacios que habitan. Es fundamental exigir y promover el acceso de los derechos humanos (mismos que posibiliten tener una vida libre de violencia), ante un contexto que continúa sesgando la garantía de vivir en dignidad.

Al día de hoy, los crímenes de odio contra personas de orientación e identidades diversas, permanecen latentes en el país. En lo que va de enero a mayo del 2024, según datos de la organización Letra Ese, hubo registro de al menos 31 víctimas: 28 mujeres trans, 2 hombres gay y 1 mujer lesbiana. Casi la mitad de los que hubo durante el 2023, esto sin contar todos aquellos que no llegan a ser públicos ni denunciados.

No desdibujemos las décadas de resistencia y lucha que se han sostenido. Celebremos las diversidades y las conquistas que se han logrado. Caminemos de la mano sumando esfuerzos y exigiendo políticas públicas integrales con perspectiva de género y LGBTIQA+. Apostemos a un compromiso verdadero con la causa y denunciemos todos aquellos actos que mercantilizan con el movimiento, los cuerpos y afectos.

*Leslie Joryet es colaboradora del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CentroVitoriaMX).