blogeditor · 17 de junio de 2014
Sólo que usted recién bajara de un platillo volador (término ochenterísimo) o bien acabara de despertar después de un conjuro de Maléfica, no se habría enterado de que el Mundial de futbol ya está a todo lo que da.
Las ansias de ver al TRI jugando el primer partido no sólo ya pasaron, sino que hasta se duplicaron porque ahora toca Brasil.
Yo particularmente de la selección nacional no doy pronóstico en mundiales, y no por no arriesgar, sino por que vengo de la generación de los que de chiquitos, que es cuando creemos en los reyes magos y en los futbolistas mexicanos, terminábamos escuchando el “jugaron como nunca y perdieron como siempre”, de bien aquellas eliminaciones ignominiosas en CONCACAF o por los cachirules; de esperarlo todo de Hugo Sánchez, que perdía sus poderes de súper héroe.
Entré a trabajar en esto y más difícil me resulta volver a la refrescante inocencia de creerle al TRI. Ahora sólo le creo al futbol como deporte, no como negocio, no como industria comercial, sino como ese lúdico mundo donde el esfuerzo, el compromiso, la disciplina, el talento, el juego en equipo y el fair play terminan dándole a cada quien lo que merece.
Durante muchos años y muchos mundiales vimos y supimos de equipos y jugadores a quienes con el talento, el oficio y una alta porción de suerte, basada en el nerviosismo o falta de talento y oficio del rival, les alcanzaba para colarse a una o dos finales y ganar alguna de ellas. Equipos que dependían del talento de un crack resultaban un verdadero acertijo para otros, y para anularlo, llegaban incluso a anularse a sí mismos y a la esencia del juego (meter goles) o la esencia del fair play. Argentina del pie de Maradona y de la mano de dios, Brasil con Pelé, Holanda con Cruyff, Francia con Platini y luego Zidane, Alemania con Codesal, (ups, bueno eso dicen los argentinos). Alemania con su disciplina táctica, su practicidad técnica y su aniquilada improvisación terminaba ganando los mundiales con empuje.
Y en lo que el futbol daba el paso al alto rendimiento generalizado, encontramos agradabilísimas propuestas como aquella Colombia del 90 a quienes les sobraba magia, arrojo, físico, y que sin embargo el oficio y fogueo de otras selecciones lo hicieron claudicar. La aportación africana, para mi, pudo ser en gran medida el detonante a un futbol mas físico a favor de lo técnico. Es decir, la llegada a las grandes ligas europeas de jugadores africanos con potencia, resistencia y técnica provocó que el jugador europeo le dedicara más interés a lo físico. ¿De qué manera competir y anular a los africanos? El aspecto técnico y táctico no bastaba. También impactó en los sudamericanos. ¿Cómo ocupar las plazas de extranjeros en un futbol más alto, más rápido y más fuerte cuando el talento no lo es todo?
[contextly_sidebar id=”c46b5db04766ced97bab0196755c1a0b”]Ahora la tendencia del deporte profesional es hacia el alto rendimiento; los jugadores ya no sólo son talento y técnica, arrojo y corazón de león, ahora el jugador se ha convertido en atleta. Japoneses, coreanos, costarricenses, estadounidences, chilenos, por citar algunos cuyo físico terminaba pasándoles la factura en confrontaciones mundialistas, son verdaderos atletas, además han apostado al dominio técnico (saber pegarle) y a la disciplina táctica (saber a dónde y con quién jugarla). Analizando la primera ronda de este mundial, donde sólo un partido (Irán vs Nigeria) terminó sin goles, el tema me hace mayor sentido. Ya no hay tantos “flanes” en una copa del mundo, ya a los chicos superpoderosos de África no les va a alcanzar sin disciplina táctica, ya los de CONCACAF han podido meter jugadores en las grandes ligas europeas, y si el estilo “marullero” ensuciando el juego no paga dividendos, ya los “gigantes europeos” no les alcanza con el puro uniforme e historia, ya las deidades sudamericanas deben jugar en conjunto.
Es como si los dioses futboleros hubieran decidido bajar en Brasil a recibir los tributos y premiar a quienes dignifican al juego (obvio el arbitraje nunca ha sido parte de esta mitología). Los dioses ya no premian al juego ratonero o especulativo. Italia, Holanda, Francia parecen haberlo entendido a tiempo, no habrá cabida para equipos improvisados en segundas rondas. Los egos y las vanidades de los “rock stars” se entregan al juego de conjunto, al “uno para todos y todos para el triunfo”.
Después de todo esto, ¿dónde veo a México? En el punto de quiebre, donde puede entregarse de lleno a la tendencia del futbol mundial, pero con el riesgo real de pisarse las agujetas justo antes de cruzar la menta; es decir, a la irreversible tendencia de interrumpir y corromper sus procesos. México es un equipo con talento no explotado al máximo, con físico no desarrollando al máximo y con táctica implementada al último. Esto lo coloca del lado de los improvisados, sin embargo sus posibilidades de segunda ronda crecen, porque comparte grupo con Camerún que lo supera en improvisación y físico y está lejos del oficio del TRI, y con Croacia, un equipo que llega en similares condiciones que México, con quien se jugará, según mis cálculos, el pase en la última fecha, donde si los croatas le sacan más jugo a Camerún el empate pudiera dejarlo fuera.
Así veo yo que comienza la primera ronda del Mundo Mundial.
Tiempo de compensación
Y ya para rematar le diré que se ha exagerado tanto el uso de “cielito lindo” que está empezando a causar en mí el mismo efecto que buscaba Kubrick en Naranja Mecánica.