El Machismo, el clásico de las cavernas

blogeditor · 8 de marzo de 2012

El Machismo, el clásico de las cavernas

Tratando de aplicar cierto lenguaje deportivo, el machismo es un anacrónico esquema de juego que enfrenta de manera radical a hombres y mujeres, asignándoles determinadas e inamovibles posiciones en base al sexo y no en sus capacidades, cuyo fin es bajar de juego a la mujer. El machismo es una mala práctica tan nociva y primitiva que aferrarse a él es como aferrarse a jugar “El clásico de las cavernas”

En estas estereotipadas posiciones que se le han asignado tanto a hombres como a mujeres, el deporte ha jugado un papel importante. El hombre llega primero a la práctica del deporte, razón por la que asume que este terreno le pertenece. Relegando y condicionando a la mujer su participación en él.

Los Griegos no admitían mujeres en la práctica del deporte y en el inicio de la era moderna del olimpismo, el Barón Pierre de Coubertain, (el padre del Olimpismo moderno), le dio en “la torre” a las aspiraciones femeniles, al no permitir tampoco su participación, así el deporte volvió a quedar asignado como un territorio masculino.

A través de los años la mujer ha sido “invitada” de manera lenta y restricta.

  “Pa que se haga machito”

Se habla de que la mujer no necesita reafirmar su feminidad, sus funciones biológicas lo hacen por si solas, pero el hombre debe reafirmar que es hombre. En este enfoque constructivista el hombre no nace, se hace, y el machismo es solo un tipo de masculinidad y no una característica natural del hombre (Marina Castañeda, Machismo Invisible). Uno de los ritos y mitos es que la virilidad se reafirma a través de lo físico, afortunadamente la época de las cavernas quedó atrás, sin embargo esa necesidad sigue viva en las conductas machistas y el deporte vino en cierta manera a sustituirla. De tal manera que una actividad cultural, social y físicamente aceptada se convirtió en el medio ideal para que el hombre reafirme su identidad. “Pa que se haga machito” es la lapidaria frase que acompaña la inclusión del niño en los deportes de contacto. Pretendiendo que su aguante físico confirme su “hombría”. El machismo tradicional empobrece la práctica deportiva, impidiendo el desarrollo de todas las potencialidades humanas.

El deporte no lo inventó Sansón

Hablamos de ritos, ahora uno de los mitos que han rodeado la incursión de la mujer en el deporte, Benilde Vázquez (Nuevos Retos para el Deporte y las Mujeres en el Siglo XXI) señala la masculinización a través del deporte, “el deporte es perjudicial para la salud de la mujer”, “las mujeres no tienen aptitudes para el deporte”, “las mujeres no tienen interés en el deporte”.

Desde semejantes mitos es que ha dado inicio la relación de hombres y mujeres con el deporte, convirtiéndose de origen en territorio propicio y exclusivo de unos y prohibido para otras.

A partir de lo anterior, observamos el origen sesgado del asunto, ya que si bien en el tema de la diferencia de fuerza entre sexos es un hecho irrefutable, aseverar que el deporte solo requiere, privilegia y desarrolla la fuerza es totalmente erróneo y pensar que la fuerza debe ser exclusiva del hombre lo es más todavía. “El deporte no lo inventó Sansón”, es la frase que mejor me parece define que no todo es cuestión de fuerza, ni solo el que la ejerce a máxima es el que vale. A través del deporte se aprende a convivir de manera armónica con el cuerpo y la mente. Siguieron etiquetándose los deportes de contacto como territorios exclusivos de los hombres. Y asignándoles a las mujeres aquellos donde la gracia, la estética y el “bajo riesgo” predominan.

Como anécdota que ejemplifica esto último, cuenta la historia que en los en los inicios de la era moderna del olimpismo las mujeres lograron conquistar un lugar en las pruebas atléticas de velocidad y en el final de la carrera de 400 metros, en su afán por alcanzar la meta en un último esfuerzo algunas cayeron al suelo, el criterio no apuntó a la entrega con la que las mujeres desempeñaban su papel olímpico, sino al estereotipo de cuidar y perpetrar la “fragilidad” de la mujer, lo que provocó que la prueba fuera suspendida por más de 20 años por considerarla de alto riesgo para mujeres.

FRASES QUE MATAN, MIRADAS QUE NUTREN

¡Juegas como niña! ¡Vieja el último, ¡parecen nenas! ¡Esto no es de señoritas!

Todas estas frases no han hecho más que obstaculizar el avance de la mujer en el deporte. Lo femenino ha sido asociado a lo frágil, lo inútil, lo débil el ornato.

La mujer dista mucho de querer ser ubicada en ese rango. Ella aguanta, lucha, festeja, se supera, compite, pierde y se equivoca como parte de la naturaleza humana, más allá de un género más allá de un estereotipo machista.

En los últimos dos juegos panamericanos, las mujeres siendo minoría en el contingente mexicano fueron mayoría en las medallas de oro y todas, cumplían a cabalidad con el biotipo, el físico  ideal para cada uno de sus deportes.

Atléticas, coordinadas, fuertes, hábiles, flexibles, luchonas, estéticas, combativas, agresivas. Lo femenino tiene ya otra definición.

Pero el machismo arremete  con frases como “son buenísimas, porque juegan como hombres”

¿Si la mujer lo hace bien es porque juega como hombre? No, si lo hace bien es por que desarrolla la técnica, táctica y habilidad que distinguen al juego. El que el hombre llegara primero al futbol lo convierte solo en un referente temporal, no en el propietario vitalicio del juego. La referencia en la excelencia en un deporte es el deporte mismo. No el género.

El periodismo y los medios

De entre varios ámbitos del periodismo, el deportivo es uno de los espacios donde más se acentúa la condición machista.

Staurowsky & DImanno en su artículo de Imágenes y discursos (Staurowsky & DImanno), 2002) hablan de que la división de labores pueden ser diluidas o remarcadas por los estereotipos dominantes. Si los deportes fueron asociados desde etapas primarias a los hombres, entonces las mujeres no serán consideradas con el conocimiento adecuado para ser conductoras. Así mismo (Knoppers & Anthonissen, 2001; Knoppers & Elling, 2004) hablan de que las posiciones de quienes toman las decisiones en los medios deportivos, tienden a seguir siendo dominadas por hombres que se inclinan al uso de metáforas, imágenes y símbolos, estrechamente aliados a su género.  La imagen de la cabeza de deportes o de un diario deportivo tiende a permearse en la estructura del mismo, de tal manera que si el líder es machista y misógino, las mujeres difícilmente encontraran trabajos para los que están calificadas.

La periodista Sara Lovera señala lo siguiente en su participación en Mujeres y medios de Comunicación mesa 1. Relación medios-estado-género:

La Plataforma de Pekín que se firmó hace 10 años en China durante la Cuarta Conferencia Mundial de la mujer, no existe para el gobierno mexicano.

En la sección J capítulo IV se define como “objetivo estratégico fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de difusión”, “alentar a los medios de difusión a que se abstengan de presentar a la mujer como un ser inferior y de explotarla como objeto sexual y bien de consumo, en lugar de presentarla como un ser creativo, agente principal, contribuyente y beneficiaria del proceso de desarrollo; fomentar la idea de que los estereotipos sexistas que se presentan en los medios de difusión son discriminatorios para la mujer, degradantes y ofensivos”. También habla de fomentar la participación de mujeres, en la toma de decisiones sobre contenidos y la orientación de los mensajes de los medios.

El uso y abuso de imágenes de mujeres en espacios deportivos, tanto en televisión, prensa, como su presencia en los estadios. Es sexista y machista en exceso.

El Juego del Hombre

La tendencia machista por reafirmar su posición también está presente en el periodismo deportivo, a eso le llamaremos “El juego del hombre” es decir, su juego es diferenciarse de la mujer y lo hace asignándole tareas estereotipadas. Nadie al hablar de política le dice a la analista, que es interesante conocer el punto de vista femenino  de la política o de la ciencia o de la cultura, pero en deportes si se etiqueta a la mujer al “punto de vista femenino”.

El deporte no tiene por si mismo enfoques femeninos ni masculinos, sino técnicos, tácticos, analíticos, críticos, humorísticos, estéticos, tecnológicos, emotivos, crudos, sociales y ellos pueden ser vertidos indistintamente por hombres y mujeres.

· Como periodistas deportivos debemos tomar como referencia el deporte mismo para evaluar el grado de dominio y no encasillarlo al género o categoría.

· Ni una mujer debe quedar descalificada de aportar en el tema deportivo por ser mujer, ni un hombre debe darse por acertado en el mismo solo por ser hombre.

Así mismo una mujer no debe ser  ni considerarse exenta de prepararse en el tema, solo porque su apariencia física es bella.

· Mientras quienes tomen las decisiones en el contenido editorial de los diferentes productos del periodismo deportivo sigan siendo hombres con visión misógina y machista, el enfoque seguirá sesgado al machismo.

· No se preparan productos, contenidos incluyentes, diversos, solo se piensa en que es el hombre el único consumidor, a la mujer como consumidora se le presenta de forma estereotipada.

· En la medida que existan menos hombres inseguros de ser despojados de un territorio que erróneamente se ha asignado como exclusivamente suyo, el periodismo deportivo dará cabida no solo a más mujeres, sino a los y las mejores. El comentario se verá enriquecido, el auditorio también y aumentará su número, así mismo habremos cumplido con uno de los más valiosos objetivos del periodismo deportivo. Contribuir a hacer cultura. Lo único que salva o mueve a las sociedades del letargo cultural, es la educación y la conciencia. Dos compromisos del periodismo.

Hoy 8 de Marzo recordemos que las mujeres son la mitad del mundo, además son las madres de la otra mitad, así que Felicitémonos tod@s cuando no exista un solo día del machín. Mientras, hagamos conciencia de género los 365 días.